miércoles, 28 de septiembre de 2016

HOGAR



Después de siete horas en la fábrica, el hombre regresó a casa. Colocó cinco monedas en la ranura de la entrada y la puerta se deslizó suavemente hacia la derecha.

Adentro una niña jugaba en la sala y una mujer terminaba de servir la mesa. El hombre entró despacio, queriendo apreciar la escena sin que lo notaran, pero la niña alzó la mirada y le sonrió.

Se sentaron los tres. El hombre les contó su día entre máquinas y vapor. Les habló de la soledad que lo invadía en sus turnos, la presión de sus superiores, la ansiedad por escuchar la sirena que anunciaba el cierre de la jornada. Les describió su regreso, entre masas de hombres grises que caminaban sin hablar. Ellas lo escucharon atentas, la niña acariciando su brazo por momentos.

El hombre se levantó. Recogió los trastes y cubiertos para lavarlos. Desde la cocina miró a la niña acurrucarse con la mujer en el sillón frente al televisor. Al terminar, el hombre se acercó para abrazarlas, pero ellas se disiparon en el aire, como si estuviesen hechas de niebla. El hombre bajó la cabeza y arrastró los pies hacia la entrada, deslizó la puerta y sacó del bolsillo de su pantalón otras cinco monedas.


Alberto Sánchez Argüello
Managua Septiembre 2016  

sábado, 27 de agosto de 2016

ETERNO RETORNO


Para Borges y para vos Germán

Estas dunas están preñadas de olvido. Camino entre sus arenas sin rumbo, para volver siempre al mismo lugar. Me engaño pensando que regreso por los alacranes que lo habitan, pero en algún eco de mi memoria reconozco que aquí la brisa es más seca y que un montículo asoma bajo mis pies. Repito entonces el ciclo que luego olvidaré, alimentando mi cuerpo con pinzas suculentas para perderme después en la tarea imposible de desenterrar lo que permanece oculto. Soles y lunas se posan sobre mi cabeza, mientras mis dedos se reducen a muñones y mis brazos en huesos cubiertos de piel. Hasta que un día concluyo mi labor y la gigantesca efigie se revela ante mí. Centurias pasadas iluminan mi mente y vuelvo a recordar mi intento vano de convocar al innombrable en ausencia de mar, mi llamado a la muerte, sin humanidad que ofrendar. Me alejo entonces, esperando que la arena vuelva a cubrir la estatua maldita, deseando olvidar que soy inmortal.

Alberto Sánchez Argüello

Managua Agosto 2016

sábado, 20 de agosto de 2016

LOS OTROS



Madre siempre nos prohibió entrar al bosque. Nos enseñó a buscar entre los edificios abandonados lo que necesitábamos y a guardar silencio por las noches. Los otros duermen más allá de los árboles nos decía, no los debemos despertar.

Los mayores fueron los primeros en abandonar los restos de la ciudad. Dijeron que buscarían otros sobrevivientes y se internaron entre las ceibas para nunca regresar. Luego se fueron mis hermanas. Pensaban encontrar escorpiones o serpientes, cualquier cosa comestible que nos pudiese salvar. Las esperé durante meses, pero ellas tampoco volvieron.

Soporté el tiempo que pude comiendo termitas, muriendo un poco cada día bajo la lluvia negra. Una noche, con mis últimas fuerzas, me arrastré hacia el campo de cruces y saqué lo que quedaba de madre. Esa noche, mientras desgarraba carne y huesos, más allá de las tierras yermas, en la oscuridad de la foresta, despertaron los otros.


Alberto Sánchez Argüello

Agosto 2016

sábado, 6 de agosto de 2016

SABOR A OLVIDO


Hoy hace demasiado calor para jugar. Todos se fueron a sus casas, a excepción de Sara y Josué. La primera vez que los vi en el parque le pregunté sus nombres, ella respondió sin mirarme y eso fue todo, no quiso que jugáramos. Se la pasan apartados, Josué lanzando patadas mientras intenta subirse a los juegos más peligrosos y Sara que lo pellizca y empuja cuando cree que nadie los mira. 

Ahora podría acercarme y ayudarla a mecer a Josué, que está dormitando por el sopor, pero ella está como ida, moviendo su mano sin darse cuenta. Decido levantarme y buscar refugio en la glorieta, pero me detengo al darme cuenta que Sara me mira. En el tiempo que me toma decidir si debo saludar, ella toma el columpio de su hermano y lo lanza con la fuerza suficiente para que el cuerpo de Josué vuele hacia el asfalto. Cierro los ojos, no quiero ver la caída. 

Cuando los abro, Sara no está y el cuerpo de su hermanito está boca abajo en la calle. Su cabeza parece una tetera de porcelana quebrada. Tiene un agujero del que empiezan a salir mariposas negras. Se posan en los toboganes y columpios, en los árboles y las alcantarillas. Hay una que se coloca en mi boca, mueve sus alas despacio e intenta entrar, estoy demasiado mareado para evitarlo, así que la dejo.

Alberto Sánchez Argüello
Managua Agosto 2016

sábado, 11 de junio de 2016

PARATEXTUALES




CRUZAR EL ESPEJO 

Alicia me llama, pero yo sólo consigo llenar el cuarto de sangre y fragmentos de vidrio.


LA CULPA ES DE ULISES 

De tanto hacer y deshacer, Penélope se terminó el hilo de todos los reinos y Teseo nunca salió del laberinto.


UN NUEVO GÉNESIS 

Desde que Eva expulsó a Dios, el paraíso está lleno de conocimiento.


EL LECTOR INFINITO 

En algún lugar del universo, Borges usa sus dedos para leer todos los libros que existen y los que existirán


DESCENDENCIA 

Las ballenas blancas hunden nuestras ciudades. De nada sirve explicarles que el linaje de Ahab se extinguió siglos atrás.


RÉQUIEM POR ALONSO 

Los grandes molinos de La Mancha se están muriendo de tristeza, porque ya nadie los confunde con gigantes.

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Estas minificciones escritas originalmente desde mi cuenta de Twitter @7tojil fueron parte del programa N° 48 "suspiros y devaneos" de Gente de pocas palabras de radio online en Hidalgo México, al que fui gentilmente por Alfonso Pedraza, acá lo pueden escuchar: http://mx.ivoox.com/es/programa-48-alfonso-alcalde-alberto-sanchez-audios-mp3_rf_11779516_1.html

Imagen: Alex Gross



sábado, 12 de marzo de 2016

LA BELLEZA DEL SILENCIO


Mi hijo me arrancó la cabeza sin querer. Exasperado por alguna palabra me tomó del cuello y mi cráneo salió cuesta abajo, por las calles de la ciudad. En vez de desesperarme, disfruté el viaje, entre gatos hambrientos y caminantes que me esquivaban con asco. Un par de semanas después terminé en objetos perdidos. Me colocaron en una vitrina junto a zapatos gastados y llaves de diversos tamaños. Por las tardes veo pasar a mi hijo, de la mano de mi cuerpo. Se ven felices.

Alberto Sánchez Argüello
Managua Marzo 2016






viernes, 26 de febrero de 2016

HIJO ÚNICO



Desde pequeño siempre quise impresionar a papá. Mientras mi madre me felicitaba sólo por existir, él mantenía una mirada fría ante mis dibujos y textos. Un “está bueno” era el epítome de su crítica. Yo esperaba la emoción en su rostro, el orgullo en sus palabras, pero era como estar ante un muro de granito o un árbol, daba igual. 

En secundaria traté de llamar su atención con mis notas y volví a intentarlo con mis promedios universitarios, con idénticos resultados. Ya graduado trabajé con muchas organizaciones, amado por mis jefes y compañeros de labores, fui empleado del mes, colaborador del año, profesional notable. Él se limitaba a darme palmadas en el hombro. 

Cuando murió mi madre, mi duelo me llevó a mudarme de país y obsesionarme con las redes sociales. Creé blogs, grupos y múltiples proyectos digitales. Todos los días me llovían miles de likes y seguidores. Mi padre no se enteraba, nunca entendió el mundo de las pantallas. Decidí imprimir un millón de pulgares y mandarlos a la dirección postal de mi padre, tratando de hacerle entender lo mucho que me apreciaban en el mundo digital. Meses después supe que los usó para irse al "raid" por el mundo. 

Ahora me manda postales desde cada país que visita. En la última escribió que estaba orgulloso de su unigénito, pero que no se lo dijera a nadie, porque no quiere un hijo vanidoso. 

Alberto Sánchez Argüello
Managua Febrero 2016