domingo, 7 de marzo de 2010

CRONICAS DEL TIEMPO DEL NO TIEMPO: El sueño


Cinco tunes antes del amanecer del sexto sol, Beleb Bat´z, el heredero del tiempo, nieto de los abuelos y abuelas de la antigua Cailagua, recorrió Monimbó, bajo el sol incandescente del verano.

Era la cuaresma para los ladinos y el heredero había sido escogido por Chombo para ser iniciado como el Oeste de los últimos tlamatinimes del Calmecalt de Nicaraocalli, la última frontera alcanzada por los maestros y maestras de Teotihuacan.

El joven heredero conocía los sones de la marimba, sus pies descalzos besaban la tierra al son de madera del granadillo, esculpiendo con su sombra la luz del universo.

Después de haber sido llevado a la montaña, al altar de la cascada de las mil luces, el heredero se sentía ligero, con un propósito claro en su mente pero aún lleno de la vanidad de saberse elegido, tanto así que despreciaba a los ladinos que se movían como escarabajos en las procesiones y sus ojos, antes amables ante el mundo, se habían vuelto duros con aquellos que el consideraba que erraban en su caminar.

Marchaba ahora hacia el antiguo centro ceremonial de Cailagua, convertido en basural por los mestizos que habían olvidado que entre aquel monte y aquellas rocas, sus abuelos y abuelas invocaban al agua, a la vida y las estrellas, conectando con el ritmo del universo en un solo corazón.

El heredero caminó entre las casas de taquezal, contemplando los televisores encendidos con la novela del medio día y las radios sintonizadas en la repetición de un juego del Boer contra el San Fernando, una que otra mujer lavando en lavanderos de cemento la ropa de toda la familia, perros famélicos buscando que comer en la basura, niños y niñas desnudos jugando en los charcos de los patios y muchos hombres con sus camisas remangadas sobre sus barrigas sudando la semana santa en sus ombligos, algunos en hamacas otros en sillas de mimbre y de plástico.

Beleb Bat´z los miró como si fueran seres que ya habían muerto, sobreponía sobre ellos la imagen de un gran fuego venido del cielo cayendo sobre sus casas, destruyendo televisores, radios, perros, niños y mujeres, todos y todas reducidos a cenizas por lo que el había imaginado seria el sexto sol para aquellos y aquellas que no recorrieran el camino de la conciencia.

Finalmente llegó al sitio sagrado y contempló en silencio las marcas de los antiguos en los farallones de piedra, estrellas, líneas y monos en espiral, símbolos de su linaje, un idioma que se había perdido pero que seguía ahí, esperando ser reconocido por los nietos y nietas de Cailagua.

El heredero se inclinó ante las paredes de piedra e inició su danza en medio del sonido de los zanates y las chicharras, sus pies rozando las lozas de laja y sus manos gesticulando el lenguaje de las danzas de la luz. El viento cambiaba sutilmente de dirección con cada uno de sus pasos y la energía fluía desde su cuerpo hacia las plantas y los insectos del lugar.

Perdido en el vaivén de su propio movimiento, apenas conciente del tiempo, la oscuridad sorprendió al heredero en sus danzas y este finalmente paró, los pies enrojecidos y la espalda agotada por los ritmos, Chombo no habría aprobado su exceso, pero ni las piedras ni las moscas podían detenerlo.

Totalmente exhausto el heredero cayó al suelo y se fue quedando dormido entre imágenes de luces y sombras que llenaban su interior, estas poco a poco fueron tomando forma y se convirtieron en paredes de piedra y antorchas, estaba en el santuario, y caminaba hacia un grupo de gente, que en la medida que fueron apareciendo ante el, con su piel morena ceniza y sus rostros severos, revelaron ser los abuelos y abuelas que habían construido aquel altar, también habían niños y mujeres entre ellos, era la antigua comunidad de Cailagua, esperándolo a él.

Entre ellos avanzó un hombre alto, vestido de telas blancas, su faz mostraba muchos años de caminar y en su mano izquierda portaba un cuchillo ancho de obsidiana.

-Hemos sentido tu danza- le dijo

-Ahora queremos que nos sintás a nosotros, que sintás nuestro dolor- y diciendo esto le enterró en el estomago el cuchillo y una vez dentro hurgó con el en los intestinos del heredero removiendo sus vísceras con firmeza y exactitud.

El heredero llevó sus manos a la herida y vio la sangre, entonces el dolor llenó todo su cuerpo y su mente, como un grito que hacía explotar todo su ser.

-Ayúdanos, siéntenos, esa es tu misión- habló a una sola voz la comunidad y la oscuridad lo cubrió todo.

Beleb Bat´z se levantó adolorido, sintiendo un dolor sordo en su estómago y piernas, le tomó tiempo volver en sí y contactar con esta realidad, fue hasta que contempló a luna llena suspendida en lo alto de la bóveda celeste que todas las imágenes de lo soñado se agolparon en su mente y un horror indescriptible le invadió. El no quería sentir, no quería entender… si para ayudar a los abuelos y abuelas tenía que pasar por el abrazo duro del Tijax, el cuchillo, el heredero no quería ayudar …

Y se fue entre la noche, su danza enmudecida, su cuerpo adolorido, caminando sin rumbo, el tiempo dejo de contar para su corazón, ya no se supo más de él.


7TOJ
8 NOJ
4 Marzo 2010