jueves, 30 de enero de 2014

FRIO


Como todas las noches siempre soy el último en entrar al cuarto. Me quedo en la sala dando vueltas como animal encerrado, enllavando la puerta, guardando juguetes, cepillándome los dientes, agotando los últimos minutos del día antes de irme a acostar.

Apagué las luces y me fuí caminando en la oscuridad, haciendo un esfuerzo por no imaginar que un ser largo de ojos como monedas de plata, con piel pálida, enferma de venas azules, me mira desde la mecedora que ha ocupado, ahora que lo hemos dejado de estorbar.

Atravesé el umbral de la puerta que da a la cocina y los cuartos, fingiendo para mí mismo que no quería correr a refugiarme en la cama, como hacía cuando era niño, pero un sonido me detuvo: un crujir de madera.

Deshice mis pasos, obligando a mis piernas a caminar hacia la silueta que estaba sentada en la oscuridad. Mientras mi mente se llenaba de gritos de terror, me di cuenta que no era ningún monstruo de mi niñez, era sólo mi madre que me miraba con ojos cansados.

Me dijo que dónde estaba tenía mucho frío, que prefería dormir aquí, si a mí no me molestaba. Yo no le dije nada y me quedé inmóvil, apenas conteniendo las lágrimas. Me despedí en silencio y cerré la puerta tras de mí, no tuve el valor de pedirle que regresara a su tumba, donde ya nadie la puede abrazar.

Alberto Sánchez Argüello
Managua Nicaragua Enero 2014
Twitter: @7tojil


Imagen: Detalle de ilustración de Laurie Lipton

viernes, 17 de enero de 2014

ERNESTO EN EL FIN DEL MUNDO


A mi hermoso hijo
Ernesto Sánchez Espinosa

I

Al fin del mundo se llega en bicicleta. Ernesto toma la suya y recorre selvas amazónicas y desiertos salados para llegar hasta allá.

II

Ernesto sólo lleva un sándwich de queso y un banano cuando viaja hasta el fin del mundo, prefiere viajar ligero y cazar su comida.

III

En el fin del mundo se camina siempre cuesta abajo, un descuido y uno se sale del mundo. Por eso Ernesto lleva puestas sus botas mas pesadas.

IV

Ernesto nunca ha encontrado otras personas en el fin del mundo, sólo ciudades de hormigas de cristal y grandes calamares azules.

V

Ernesto descubrió la máquina que fabrica el viento en el fin del mundo. No se acercó mucho: el pingüino que la maneja estaba de mal humor.

VI

En el fin del mundo Ernesto encontró tortugas gigantes que juegan a hacer torres. Cuando una se cae la gente del mundo lo llama terremoto.

VII

En el fin del mundo las nubes se sientan a descansar. A Ernesto le gusta escucharlas cuando charlan de sus largos viajes, mientras se toman un té.

VIII

En el fin del mundo se reúnen todas las horas que la gente pierde. Ernesto juega con ellas a congelados entre los árboles de ceniza.

IX

A Ernesto le gusta ver la caída de los océanos en el fin del mundo. A veces una ballena azul cae y flota más allá, a poblar otros universos.


X

Cuando Ernesto está en el fin del mundo, lanza piedritas a otros planetas, pero con cuidado, no vaya a ser y los quiebre.

XI

En el fin del mundo Ernesto puede saltar hasta la luna. Le gusta pasear por sus desiertos grises y tomar algunas rocas para su amiga Paula.

XII

En una playa de arena rosada del fin del mundo, Ernesto lee mensajes de las botellas de miles de náufragos. Algunos poemas lo hacen llorar.

XIII

Ernesto se regresa del fin del mundo en su bicicleta, antes de las seis. En casa lo espera una cena caliente y su madre, ansiosa por escucharlo narrar sus viajes.


Publicado originalmente en @7tojil
Alberto Sánchez Argüello
Managua Enero 2014

Imagen: Internet

Stefano Valente tuvo la generosidad de traducir esta serie al italiano en su maravilloso blog "Il sogno del minotauro": http://sognodelminotauro.blogspot.com/2014/01/ernesto-alla-fine-del-mondo-alberto.html