martes, 15 de diciembre de 2015

RÉQUIEM



Los ojos de mi hijo ya no me miran. Su cuerpo viejo y agotado permanece casi todo el día postrado en cama. Las pocas veces que sale de su cuarto, lo hace en una vieja silla de ruedas. Yo no tengo fuerzas para poder llevarlo, así que me voy detrás del enfermero de turno, vigilando que vaya despacio, como a él le gusta.  Dicen que ya no guarda recuerdos en su mente, pero aún me llama a gritos por las noches. Mi único consuelo es saber que pronto me hará compañía en la cripta familiar.

Alberto Sánchez Argüello

Managua Diciembre 2015