miércoles, 27 de enero de 2016

LA CORREDORA




Ella se amarra las zapatillas y empieza su caminata. Mientras su corazón anticipa la explosión de sangre que se avecina, su mente silencia los silbidos que la persiguen por las esquinas. Entonces estalla, como una bala, a través de aceras y calles irregulares. La ciudad se vuelve difusa, como una foto borrosa de incontables tonalidades de gris. Por un instante siente un fuerte empujón a su izquierda, pero no pierde el ritmo. No piensa en ello, solo importa correr, ahora mas libre y ligera, como si nunca más tuviese que parar, menos aún voltear a ver su cuerpo, que yace destrozado en el asfalto.

Alberto Sánchez Argüello
Managua Enero 2016