martes, 3 de noviembre de 2009

CUARTO CAPITULO CHICO LARGO Y CHARCO VERDE: Granos de Mostaza



En los tiempos antiguos las Ceguas salían por las noches en los caminos polvosos, se transformaban en animales, a veces en monos otras en chanchos, eran mujeres que embrujaban a los hombres vagos y sabían los secretos de la noche, pero a Miguel no le dio miedo, pensaba en su papá y estaba dispuesto a atrapar a una Cegua para saber como salvarlo.

La abuelita Castellón le dio varias recomendaciones y lo mandó a buscar granos de mostaza a la cocina y llevar varias alforjas con agua y comida para su viaje, “Ahora sólo te falta el bastón de tu abuelo y tus tres regalos” le dijo ya en la salida de la casa y Miguel recordó por primera vez en años el sueño con el zanate, corrió al cuarto y recogió todo aquello “¿Dónde están las ceguas?” preguntó con firmeza, “Caminá hacia el sol y cuando anochezca, no importa donde estés, subite a un árbol y espera sin dormirte, cuando aparezca ya sabés que hacer” Miguel le quiso dar un abrazo pero la abuelita lo detuvo, “A tu regreso ya no me verás, este es el adiós nieto mío” al muchacho le salieron las lágrimas y le beso la mano, pero ya no estaba ahí, no había nada, sólo unas palabras que parecían murmurar el viento “Ahora te vas niño, mañana volverás hombre”

Comenzó a caminar en dirección al mismo bosque en el que se encontró a los chavalos y el zanate años atrás, siempre de cara al sol, con el bordón en la mano y las alforjas al hombro, iba a pie porque su abuelita le había dicho que no podía usar un caballo en aquella aventura, tenía que ir sólo, sintiendo la tierra a cada paso.


Atravesó el pueblo de lado a lado y se metió a los montes donde aún cazaban venados los militares liberales; al anochecer estaba en medio del monte, en un bosque de guanacastes y ceibas gigantes, tan espeso que a veces tenía que caminar en cuatro patas para poder pasar.

Cuando al fin salió la luna supo que era el momento de parar y se subió a un guanacaste alto y ahí se dispuso a esperar. En la noche todo tipo de ruidos lo sobresaltaron, parecía que había un mundo de animales cruzando debajo de sus pies. El, acostado en una rama, espiaba hacia abajo pero sólo se veían sombras rápidas a pesar de ser noche de luna llena.

Horas más tarde sus ojos se cerraban del sueño y cuando estaba a punto de dormirse un chasquido lo despertó, alguien caminaba abajo y el lo podía sentir. Desde arriba distinguió la figura de una muchacha con una cabellera espesa negra azabache, vestida con una cotona gris que le llegaba hasta el ojo del pie, en sus manos traía un guacal y lo puso en el piso, la muchacha miró para todos lados como si esperase que alguien la hubiese seguido y cuando se sintió segura miró hacia la luna, Miguel también lo hizo, estaba exactamente en el centro del firmamento, debía ser la medianoche.

La muchacha se puso de rodillas delante del guacal y se inclinó con la cabeza hacia abajo, Miguel escuchó como que escupía y luego vio que se iluminaba desde abajo, cuando la muchacho se levantó pudo ver lo que era: ahora había una lucecita dentro del guacal, parecía como un algodón quemándose pero su color era blanco intenso. “Es su alma” pensó Miguel, porque su abuelita le había explicado que las muchachas se transformaban en Ceguas vomitando su alma en un guacal y que luego podían transformarse en animales. Y así pasó, abajo la muchacha se encogió y su vestido se convirtió en una piel peluda hasta que quedó transformada en una mona gris, una mica bruja y salió dando brincos y chillidos monte abajo hacia el camino.

Miguel tenía las manos heladas al bajar del árbol, escondió el guacal con la lucecita y se puso a esperar con los granos de mostaza en la mano. La noche se le hizo eterna, mientras estuvo ahí vio pasar formas de animales que nunca había visto, algunos peludos y largos, otros con los ojos brillantes como el fuego, parecía que se acercaban con curiosidad pero luego escapaban cuando se daban cuenta que era un ser humano.

Al fin se empezó a escuchar el barullo que armaba la mica bruja a su regreso, el muchacho estaba tan tieso que le dolía el cuello y la mica se puso igual de tensa al verlo, sus ojos se volvieron como dos carbones prendidos y empezó a correr hacia él. Cuando estaba a dos metros Miguel le lanzó los granos de mostaza y la mica bruja se paró, aquello era la debilidad de las Ceguas, por una antigua maldición tenían que recoger los granos de mostaza que encontrasen en su camino, no importaba cuan pequeños fueran.

Mientras recogía los granos, la Cegua convertida en Mica Bruja le habló “Qué querés?” le preguntó con dulzura y Miguel le respondió mientras tiraba más granos de mostaza “Quiero saber como se puede rescatar un alma comprada por Chico Largo” la Cegua se detuvo y le hizo una mueca de burla, “No me interesa decírtelo, además cuando acabe de recoger estos granos me voy a divertir con vos muchachito” pero a Miguel no lo asustó “Si no me ayudás no te daré tu guacal y al amanecer te quedarás convertida en una mona para toda tu vida” la Cegua dejó caer los granos que había recogido y se puso de rodillas hacia él “No me hagás eso, te ayudo, te ayudo”

Y así dicen que en medio de aquel monte espeso, bajo la luna llena, la Cegua le contó a Miguel de la ciudad bajo la laguna verde de Ometepe, la finca del Encanto, un lugar donde los animales salvajes son mansitos y las almas compradas por Chico Largo se convierten en ganado para vendérselas a dioses antiguos venidos de otras tierras, “ Y cómo lo saco de ahí” le preguntaba Miguel, pero la Cegua sólo le contaba de las reses con ojos humanos que se vendían en el pueblo de Moyogalpa o los vendedores ambulantes que decían haber vendido telas en el Encanto y así le narraba las leyendas mientras recogía los granos de mostaza hasta que los primeros rayos del sol empezaron a salir desde atrás de la montaña y la Cegua había recogido todos los granos, entonces Miguel sacó el guacal del escondite y preguntó por última vez “Y cómo lo saco de ahí?” y la Cegua le respondió con furia en sus ojos “Tenés que viajar sin cuerpo hasta la finca del Encanto y ahí buscar el alma que querés encontrar” los primeros rayos empezaban a tocar las copas de los árboles pero a Miguel le quedaba una pregunta “Y cómo puedo viajar sin cuerpo?” dijo mientras miraba hacia el cielo y la Cegua se abalanzó hacia él y mientras forcejeaban le respondió “buscá a Chombo” y salió corriendo con el guacal.


NOTA: IMAGEN EN ESTE CAPITULO ES "CEGUA" BY NOMAD 81, LINK ORIGINAL EN http://nomad81.deviantart.com/art/Cegua-94980804