Allan siempre miraba hacia el cielo. Mientras
los otros niños jugaban a la rayuela o andaban en bicicleta, él permanecía
solo, sentado en las aceras contemplando el movimiento de las nubes. Un día, no
se sabe bien cómo, aprendió a domarlas. Una mañana aparecieron flotando
cumulonimbus con formas de conejo, gato y jirafa. Él les enseñó a tomar forma y
con el tiempo se hizo más ducho en aquel arte: fue famosa su representación de
la última cena, una serie de retratos de celebridades locales y el pensador de
Rodin. Ya entrando en su adolescencia experimentó con las precipitaciones;
comenzó con bromas prácticas a sus amigos haciendo llover sobre sus cabezas en
los parques, pero luego se convirtió en el héroe de la ciudad al terminar con
la racha de sequías que había diezmado los cultivos. Por un tiempo todo estuvo bien: las nubes
entretenían a la gente con sus formas y los alimentos abundaban gracias a las
lluvias regulares; pero Allan demandaba siempre más a las nubes: quería
representar lo que el viento se llevó cuadro por cuadro y los cúmulos no lo
lograban. Finalmente ocurrió el desastre. Una mañana amaneció totalmente
cubierto de nubes negras y por más que Allan les ordenaba hacerse blancas ellas
no obedecían; comenzó una feroz tormenta, que pronto se convirtió en huracán y
casas, gentes y animales volaron por los aires. No quedó nada... De Allan no se
supo el paradero, aunque hay reportes desde el Sahara afirmando que han
empezado a aparecer nubes con el rostro de Clark Gable.
Primer lugar categoría lengua castellana
IIª Convocatoria Internacional de Nanocuento Fantástico y de
Ciencia-ficción "Androides y Mutantes" 2012
http://convocatoriaandroidesymutantes.blogspot.mx/
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Hola Alberto. Yo tengo también un personaje que hace cosas con las nubes, lo llamo el nefelista, palabra que no existe, pero sí nefelismo... Que el nuevo año no nos coja desprevenidos y que traiga algo que valga la pena. Que sigas con tu torrente de inspiración. Un abrazo
ResponderEliminarJUAN
Me gustó mucho este microrrelato, ¡ENHORABUENA!
ResponderEliminarGracias Juan y Guillermo y un feliz año nuevo para ambos
ResponderEliminarLlego desde la Maquina de Juan y me sorprende no haber llegado antes desde Micro-Leituras, Alberto.
ResponderEliminarAntes que nada, he de dejarte mi enhorabuena por el reconocimiento recibido por este micro.
Me quedo asomado a tu ventana para volver cada vez que vea la luz encendida.
Un saludo,