jueves, 29 de enero de 2015

PERFUMES



Cuando éramos niños siempre pasábamos por el parque central para escuchar al viejo vendedor de perfume. Era un septuagenario que se sentaba en un banquito de madera con una pana llena de botellitas de colores. A todo el que se acercaba le contaba que destilaba sus perfumes con los olores de la vida: el fuerte aroma al éxito en los negocios, el penetrante olor a la sexualidad incandescente,  la sutil fragancia del amor incondicional…

Nosotros nos burlábamos de él gritándole que era un viejo ladrón, pero él sólo nos espantaba con las manos como si fuéramos moscas, mientras le ofrecía su maravillosa mercancía a alguna viuda de ojos tristes o un desempleado hambriento de dinero.

Un día el espacio que ocupaba cerca de la glorieta estaba lleno de palomas y un olor a lavanda que acariciaba la nariz. El viejo se había ido. Nosotros fuimos creciendo y  con el tiempo todos mis amigos también se fueron.

Ahora que estoy jubilado, visito el parque por las tardes, acompañado de mi bastón y mis botellitas de colores.


Alberto Sánchez Argüello
Managua Nicaragua Enero 2015
Imagen: pintura de Picasso