Ya ve usted que a veces uno
no busca el mal, sino que es el mal el que lo busca a uno. Yo estaba ahí en el
mercado, lista para irme con una bolsa llena de verduras y otra con frijoles cuando
aparecieron.
Eran diez sujetos barbados y
andrajosos, aunque me pareció ver dos más que se movían entre los pasadizos de
las carnes. Llegaron con megáfonos y no nos dieron tiempo para reaccionar.
Uno de ellos explicaba
algo sobre la evolución de las especies y la selección natural, mientras otros
lanzaban alaridos sobre el giro de la tierra alrededor del sol.
Yo me sentía mareada y la
gente trataba de taparse los oídos mientras pedían auxilio. Algunos se lanzaron
al piso y empezaron a rezar. Pero nada detuvo a esos terroristas: ellos seguían
hablando del origen del universo, la fotosíntesis y la importancia de las vacunas.
Cuando finalmente se los
llevaron encadenados era muy tarde para mí. Ya no puedo dejar de pensar en sus
palabras, en todas esas ideas que han contaminado mi corazón.
Por eso pedí misericordia y
me fue concedida. Mañana en la plaza el verdugo comenzará conmigo.
Dios es grande.
Alberto Sánchez Argüello
Managua Nicaragua Enero 2015
Imagen: Alex Gross


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