miércoles, 22 de febrero de 2017

LOS INCOVENIENTES DE PROCRASTINAR




Estaba en tiempo muerto de oficina, esos que te incitan a caer dormido encima de la mesa destrozando la laptop y tu expediente laboral. Así que procuré evitar el desastre, buscando muebles baratos en internet. 

Encontré buenas ofertas de sillas de madera reciclada y algún sofá usado. Ya casi apagaba todo para irme a almorzar, cuando decidí clickear un portal de artículos históricos. El sitio ofrecía una variedad de cosas exóticas entre las que se encontraban la dentadura de Zelaya, cabellos de la infancia de Darío y la bacinilla de uno de los filibusteros de Walker. 

La bacinilla me llamó la atención y me dediqué a investigarla a fondo. Terminé descubriendo que a finales del siglo veinte había sido usada como talismán espiritista por una secta zoofílica que realizaba ritos en las laderas del volcán Masaya en los solsticios de invierno. La secta, que se creía extinta, tenía una página en línea que mostraba hombres con máscaras de caballo y un texto que predecía claramente el advenimiento de Trump y una invasión extraterrestre en el año dos mil veinte y tres. Para cuando quise averiguar más detalles sobre la invasión, una cuadrilla de hombres en uniforme militar entraron a la oficina y me sacaron en andas. 

Siete años después sigo en la misma oficina, custodiado las veinte y cuatro horas, con suero en mis brazos, sentado en la bacinilla del filibustero. Esperan que siga descubriendo cosas, sobre todo las debilidades de los alfa centauri y cómo evitar el nacimiento del nuevo imperio chino. Yo les digo que estoy en ello, sin decirles que encontré una constante matemática oculta en los memes publicados en Facebook, que predice la hora y el día exacto en que terminará el mundo. 

Alberto Sánchez Argüello
Managua Febrero 2017