Mi
esposa hace el mejor faláfel. Cocina una buena cantidad para ocasiones especiales
como esta y nuestros hijos no dejan una sólo croqueta en el plato. Pero esta
vez se esmeró y hasta preparó para los vecinos. Ellos agradecidos nos reparten
un poco de hummus y pan de pita.
Como
siempre trajimos las sillas plásticas que compramos en rebaja recién nos
mudamos acá, mi hijo mayor se trajo su tableta, pero yo sé que apenas comiencen
las explosiones lo dejará a un lado y me tocará guardarlo antes de que lo
dejemos olvidado en el mirador.
La
noche está particularmente hermosa: la luna está en creciente y el cielo
despejado nos dejará mirar la trayectoria de los misiles sin ningún obstáculo.
Apenas nos acabamos de sentar y repartir la comida cuando escuchamos el zumbido
en el aire. Los niños gritan y agitan los abrazos celebrando, yo saco mi Smartphone
y lo dejo listo para no perder una sólo imagen.
Las
columnas de fuego no se hacen esperar, desde la distancia nos llega un griterío
ahogado. Yo sólo me dedico a tomar fotos, pero los vecinos se ponen de pie y
aplauden gozosos, mis hijos terminan imitándolos.
Un par de horas después
el horizonte es un baile de fuego y los gritos de la gente se han terminado por
apagar. Nos despedimos afectuosos, mientras le damos una última mirada al
territorio palestino, o lo que queda de él.
Alberto Sánchez Argüello
Managua Nicaragua Junio
2014
Imagen: http://www.veooz.com/media/JHK6jUJ/gallery


No hay comentarios:
Publicar un comentario