sábado, 12 de julio de 2014

EL MIRADOR


Mi esposa hace el mejor faláfel. Cocina una buena cantidad para ocasiones especiales como esta y nuestros hijos no dejan una sólo croqueta en el plato. Pero esta vez se esmeró y hasta preparó para los vecinos. Ellos agradecidos nos reparten un poco de hummus y pan de pita.

Como siempre trajimos las sillas plásticas que compramos en rebaja recién nos mudamos acá, mi hijo mayor se trajo su tableta, pero yo sé que apenas comiencen las explosiones lo dejará a un lado y me tocará guardarlo antes de que lo dejemos olvidado en el mirador.

La noche está particularmente hermosa: la luna está en creciente y el cielo despejado nos dejará mirar la trayectoria de los misiles sin ningún obstáculo. Apenas nos acabamos de sentar y repartir la comida cuando escuchamos el zumbido en el aire. Los niños gritan y agitan los abrazos celebrando, yo saco mi Smartphone y lo dejo listo para no perder una sólo imagen.

Las columnas de fuego no se hacen esperar, desde la distancia nos llega un griterío ahogado. Yo sólo me dedico a tomar fotos, pero los vecinos se ponen de pie y aplauden gozosos, mis hijos terminan imitándolos.

Un par de horas después el horizonte es un baile de fuego y los gritos de la gente se han terminado por apagar. Nos despedimos afectuosos, mientras le damos una última mirada al territorio palestino, o lo que queda de él.

Alberto Sánchez Argüello

Managua Nicaragua Junio 2014

Imagen: http://www.veooz.com/media/JHK6jUJ/gallery