Caperucita se despidió de la abuela, apretó fuerte la
canasta de comida y el fajo de dólares bajo su falda y se fue.
Pasó un río amarrada a un neumático. Casi se mata al caerse
del techo de un tren en movimiento. Recorrió un desierto a través de
infinitos túneles de tuberías oxidadas y malolientes. Se escondió ocho horas
dentro de un camión lleno de caperucitas y finalmente terminó apresada y
encarcelada en una frontera.
Ya de vuelta en el bosque -después de un dilatado proceso de
deportación- la abuelita llamó a los padres de caperucita para pedirles que enviaran otro
fajo de dólares.
El lobo por su parte prometió contactar un mejor coyote.
El lobo por su parte prometió contactar un mejor coyote.
Alberto Sánchez Argüello
Managua Julio 2014


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