Dicen que habrá un anuncio
especial, relacionado con nosotras, posiblemente hoy mismo en cadena nacional
de los medios oficiales, que es igual a decir todos los canales de televisión y
radio que tienen licencia para operar.
No me quiero hacer
expectativas, pero quiero creer que algún cambio es posible, que tanta lucha no
fue en vano. Me escondo –como siempre- en los últimos escombros que aún le
recuerdan a esta ciudad que la parió un terremoto. Desde acá puedo ver una de
las pantallas gigantes de metal amarillo, mostrando el conocido ritual de flores
y música que antecede las palabras del Presidente.
Él comienza hablando de los
sueños de los próceres, de un continente unido, de los héroes que murieron para
heredarnos la leche y la miel, de su esposa que llena de sabiduría cada jornada
presidencial, y finalmente habla de nosotras.
En compañía de veinte
asesores que representan la verdad oficial en ciencias sociales y políticas, el
presidente informa que las Naciones
Unidas han declarado a las mujeres de nuestro país en peligro de extinción.
La gente en la sala hace
silencio, la primera dama le pasa un folio a su esposo y él retoma su discurso.
Anuncia entonces que su gobierno decreta la regulación del feminicidio: no se
tolerará que funcionarios públicos dediquen un asesinato al primer mandatario, las
multas por degollamiento -en presencia de los hijos- se duplicarán y los gastos
funerarios correrán a cargo del feminicida.
El primer mandatario gesticula
enérgico mientras asegura que somos el país más seguro, que nuestra capital
acaba de ser declarada la menos violenta del mundo y que los derechos de la
familia son los más importantes para su gobierno. Pero yo ya dejé de escuchar, me
concentro en contener los gritos para evitar que alguien me denuncié por
conducta impropia y termine como el resto de compañeras que han desaparecido en
los últimos veinte años.
Mientras el presidente sigue
hablando del gran canal, que avanza a razón de cinco kilómetros por año,
llenando de esperanza a los grandes poderes económicos de la nación, yo saco
mis pocas pertenencias del escondite, ensucio mi cara con tierra y basura y me
voy cojeando, pidiendo a mis pies que no me traicionen llevándome hacia la
frontera.
Alberto Sánchez Argüello
Managua Nicaragua Junio 2014
Imagen: http://www.revistaenie.clarin.com/ideas/Feminicidio-mujeres-ojo-violencia_0_904709534.html


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