miércoles, 9 de julio de 2014

REGULACIÓN



Dicen que habrá un anuncio especial, relacionado con nosotras, posiblemente hoy mismo en cadena nacional de los medios oficiales, que es igual a decir todos los canales de televisión y radio que tienen licencia para operar.

No me quiero hacer expectativas, pero quiero creer que algún cambio es posible, que tanta lucha no fue en vano. Me escondo –como siempre- en los últimos escombros que aún le recuerdan a esta ciudad que la parió un terremoto. Desde acá puedo ver una de las pantallas gigantes de metal amarillo, mostrando el conocido ritual de flores y música que antecede las palabras del Presidente.

Él comienza hablando de los sueños de los próceres, de un continente unido, de los héroes que murieron para heredarnos la leche y la miel, de su esposa que llena de sabiduría cada jornada presidencial, y finalmente habla de nosotras.

En compañía de veinte asesores que representan la verdad oficial en ciencias sociales y políticas, el presidente informa que las  Naciones Unidas han declarado a las mujeres de nuestro país en peligro de extinción.

La gente en la sala hace silencio, la primera dama le pasa un folio a su esposo y él retoma su discurso. Anuncia entonces que su gobierno decreta la regulación del feminicidio: no se tolerará que funcionarios públicos dediquen un asesinato al primer mandatario, las multas por degollamiento -en presencia de los hijos- se duplicarán y los gastos funerarios correrán a cargo del feminicida.

El primer mandatario gesticula enérgico mientras asegura que somos el país más seguro, que nuestra capital acaba de ser declarada la menos violenta del mundo y que los derechos de la familia son los más importantes para su gobierno. Pero yo ya dejé de escuchar, me concentro en contener los gritos para evitar que alguien me denuncié por conducta impropia y termine como el resto de compañeras que han desaparecido en los últimos veinte años.

Mientras el presidente sigue hablando del gran canal, que avanza a razón de cinco kilómetros por año, llenando de esperanza a los grandes poderes económicos de la nación, yo saco mis pocas pertenencias del escondite, ensucio mi cara con tierra y basura y me voy cojeando, pidiendo a mis pies que no me traicionen llevándome hacia la frontera.  

Alberto Sánchez Argüello
Managua Nicaragua Junio 2014


Imagen: http://www.revistaenie.clarin.com/ideas/Feminicidio-mujeres-ojo-violencia_0_904709534.html