viernes, 4 de diciembre de 2009

SEPTIMO CAPITULO CHICO LARGO Y CHARCO VERDE: El hermano Nagual


Al atardecer Miguel se encontró con la Ceiba más grande que había visto en su vida, era tan gruesa que cincuenta hombres tomados de las manos no podrían abrazarla. Arriba de ella, cerca de la cumbre vio una hamaca colgada, no podía entender como alguien podía acostarse allá sin caer y mientras miraba para arriba una voz le habló desde la espalda: “Deberías ser más atento muchacho, cualquiera puede estar a tu espalda y no te das cuenta”

Miguel se volteó y miró a un hombre de baja estatura, moreno, vestido con cuero de animal y el pelo largo. En una de sus manos tenía un bastón de bambú y en la otra varias hierbas que parecían recién arrancadas. “Me llamo…” empezó a decir Miguel pero el hombre lo interrumpió “Sé quien sos y a qué venistes, si no lo supiera el camino nunca habría vuelto a abrirse y los seres de la montaña no habrían dejado que pasaras hasta el corazón del Quilambé, soy Chombo, el hermano Nagual” Miguel se quedó asustado pero luego no se tragó la curiosidad y le preguntó “¿Qué es el Nagual?” el hombre se sonrío y le respondió “El Nagual es nuestro hermanito animal; cada ser tiene una lucecita y nosotros los humanos también. Cada luz tiene una luz hermanita; algunos tienen como hermanitos de luz los monos, los jaguares, los colibríes, para otros son las piedras, los hongos de la tierra. Nuestros hermanitos de luz nos ayudan a entender el lenguaje del Universo… pero esa es otra historia Miguel es hora de que yo te ayude a salvar la luz de tu papá, vení”

Los dos se sentaron bajo la sombra de la Ceiba gigante y Miguel vio como Chombo sacaba de una alforja en su espalda un montón de ramitas y polvitos metidos en atados de hojas de platanal, todo lo colocó encima de una tela de colores rojos, amarillos, negros y blancos que había puesto encima de la tierra. “Vamos a compartir un ritual vos y yo, la única manera de que vos llegues hasta las tierras de Chico Largo es que viajes sin cuerpo, en eso yo te puedo ayudar, pero sin cuerpo vos no vas a poder viajar solo hasta ese lugar, te perderías, solo nosotros, los tlamatinimes, los herederos de Quetzalcóalt, podemos viajar sin cuerpo sin perdernos, así que vas a tener que viajar en la carreta sagrada, la que algunos llaman la carreta nagua, la que transporta almas, yo te diré como”

Y así inició el ritual de Chombo y Miguel, ambos saludaron al Norte, al Sur, al Este y al Oeste, encendieron velas para las cuatro esquinas del Universo y Miguel se hizo en el centro de la tela de colores. Chombo tomó un tambor de cuero de venado y empezó a sonarlo al ritmo de palabras que se metían y salían por el cuerpo de Miguel, cada vez más rápido y más rápido; en medio de los cantos y el ritmo del tambor, Chombo explicó a Miguel como entrar en la carreta sagrada sin que la carretonera se diera cuenta y donde debía bajarse para poder llegar hasta la tierra de Chico Largo.

Miguel estaba entre dormido y despierto y empezó a ver todo tipo de colores y formas encima de él, escuchaba cada vez más lejos la voz de Chombo y el tambor. Sentía como si se iba, como que iba cayendo despacio hacia abajo, bajo la tela, bajo la tierra, bajo las raíces de la Ceiba y hacia arriba miraba su cuerpo encima de la tela y a chombo sentado al lado, cada vez más lejos, lejos, hasta que se hizo oscuridad.