
Al atardecer Miguel se encontró con
Miguel se volteó y miró a un hombre de baja estatura, moreno, vestido con cuero de animal y el pelo largo. En una de sus manos tenía un bastón de bambú y en la otra varias hierbas que parecían recién arrancadas. “Me llamo…” empezó a decir Miguel pero el hombre lo interrumpió “Sé quien sos y a qué venistes, si no lo supiera el camino nunca habría vuelto a abrirse y los seres de la montaña no habrían dejado que pasaras hasta el corazón del Quilambé, soy Chombo, el hermano Nagual” Miguel se quedó asustado pero luego no se tragó la curiosidad y le preguntó “¿Qué es el Nagual?” el hombre se sonrío y le respondió “El Nagual es nuestro hermanito animal; cada ser tiene una lucecita y nosotros los humanos también. Cada luz tiene una luz hermanita; algunos tienen como hermanitos de luz los monos, los jaguares, los colibríes, para otros son las piedras, los hongos de la tierra. Nuestros hermanitos de luz nos ayudan a entender el lenguaje del Universo… pero esa es otra historia Miguel es hora de que yo te ayude a salvar la luz de tu papá, vení”
Los dos se sentaron bajo la sombra de
Y así inició el ritual de Chombo y Miguel, ambos saludaron al Norte, al Sur, al Este y al Oeste, encendieron velas para las cuatro esquinas del Universo y Miguel se hizo en el centro de la tela de colores. Chombo tomó un tambor de cuero de venado y empezó a sonarlo al ritmo de palabras que se metían y salían por el cuerpo de Miguel, cada vez más rápido y más rápido; en medio de los cantos y el ritmo del tambor, Chombo explicó a Miguel como entrar en la carreta sagrada sin que la carretonera se diera cuenta y donde debía bajarse para poder llegar hasta la tierra de Chico Largo.
Miguel estaba entre dormido y despierto y empezó a ver todo tipo de colores y formas encima de él, escuchaba cada vez más lejos la voz de Chombo y el tambor. Sentía como si se iba, como que iba cayendo despacio hacia abajo, bajo la tela, bajo la tierra, bajo las raíces de

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