viernes, 18 de diciembre de 2009

OCTAVO CAPITULO CHICO LARGO Y CHARCO VERDE: La carreta sagrada


Miguel solo miraba oscuridad, cerrada, absoluta, pero no tuvo miedo, su abuela siempre le había dicho que no era necesario temer a la oscuridad, lo importante era sentir la luz interna y estar en paz con los seres y las cosas, así que se incorporó y trato de moverse en medio de aquella nada oscura y silenciosa, caminó sin sentir nada bajo sus pies y movía las manos pero nada tocaba, era como caminar en el aire.

De repente a lo lejos vio como una lucecita, al comienzo era apenas visible como una estrella lejana, pero se fue haciendo más y más fuerte hasta que se vio que eran varias, eran los cuatro candiles que colgaban de la carreta sagrada.

La carreta era muy larga, la jalaban tres bueyes enormes, casi tan grandes como el cadejo, había uno rojo, otro amarillo y uno verde y la carretonera los guiaba con fuerza, ella estaba vestida con un chal negro que cubría su rostro. Adentro de la carreta iban varias personas en medio de las sombras, en silencio.

Miguel se fue acercando por detrás, siguiendo las instrucciones de Chombo, y cuando estuvo muy cerca dejó de respirar y se impulsó con ambos pies flexionándolos y salió volando por encima de la carreta y logró entrar con las completas en la parte más trasera de la carreta entre los hombres y las mujeres silenciosos. Nadie lo vio ni le habló, todos tenían la mirada perdida en la oscuridad, y sus rostros no tenían ninguna expresión, eso le dio un poco de miedo a Miguel pero igual se sintió contento con haber logrado entrar y se mantuvo ahí agachado, a la espera de su bajada.