viernes, 2 de agosto de 2013

SU CUERPO



Rebeca despierta sobresaltada. Están golpeando a la puerta. Se levanta adolorida después de horas dormida en el piso del baño. Asustada, se deshace de la prueba de embarazo que compró en el mercado negro, una que aseguraron era irrastreable.

Mientras camina hacia la sala, raya su plan para la tarde: salir a donde su amiga de la farmacia que tiene un amigo que tiene una amiga que sabe donde se pueden conseguir las pastillas. Puede aprovechar para tomarse unas vacaciones y completar el tratamiento sin testigos en una cabaña de playa, lejos de su familia, lejos de los ojos y oídos de la ciudad.

Cuando mira por la ventana de la entrada siente que se desmaya: un funcionario acompañado por dos enfermeras le sonríe mientras le saluda. Rebeca se queda un tiempo pensando que puede ser una casualidad, tal vez equivocaron la dirección y es la vecina a la que buscan.  Confiada los deja entrar y les ofrece agua. Ellos se acomodan y le piden sus datos, para entonces ya es muy tarde, no queda más remedio que cooperar.

El funcionario cierra el expediente y felicita a Rebeca mientras le coloca el brazalete localizador en el tobillo derecho. El hombre le recuerda que el aparato enviará señales del bebé a la estación central de salud familiar, agrega con una sonrisa que su libertad depende del cuidado que tenga en su embarazo.

Ellos salen dejando varios trípticos con información de la gestación y el parto, todos con el lema gubernamental “¡Ciudadana gestar hijos es hacer patria!” Rebeca tira los textos a la basura y se queda viendo la calle desde la ventana: las primeras hojas de otoño ya tapizan el asfalto y las aceras. Por un momento piensa en advertir a sus amigas sobre las supuestas pruebas irrastreables del mercado negro, pero pierde la voluntad “que se jodan -piensa- ya verán estos la patria que haré” minutos después toma el cuchillo más largo de la cocina y regresa al baño.

Alberto Sánchez Argüello
Managua Nicaragua Julio 2013


Imagen: pintura de Frida Kahlo