Versión ilustrada en PDF del cuento infantil
"Chico Largo y Charco verde" obra inédita selección de jurado para
publicación en el cuarto concurso nacional para literatura infantil
"Libros para niños y niñas 2008" de la Fundación Libros para niños
Nicaragua.
Para leer online o descargar:
DROPBOX
https://dl.dropboxusercontent.com/u/84590614/CHICO%20LARGO.pdf
SCRIBD
http://es.scribd.com/doc/103327402/CHICO-LARGO-Y-CHARCO-VERDE-VERSION-ILUSTRADA-AGOSTO-2012
Comparto una reseña de Guillermo Goussen Padilla sobre el cuento publicada originalmente en su página personal de Facebook en forma de nota
Para leer online o descargar:
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https://dl.dropboxusercontent.com/u/84590614/CHICO%20LARGO.pdf
SCRIBD
http://es.scribd.com/doc/103327402/CHICO-LARGO-Y-CHARCO-VERDE-VERSION-ILUSTRADA-AGOSTO-2012
Comparto una reseña de Guillermo Goussen Padilla sobre el cuento publicada originalmente en su página personal de Facebook en forma de nota
CHICO
LARGO Y CHARCO VERDE
Una
novela infantil-juvenil de Alberto Sánchez Argüello
En
realidad, no pensaba hacer de este texto unas Conocencias, pero como no me pude
meter al blog de Alberto para opinar y, cuando lo hice, no me dieron chance de
meter todo mi escrito, pues, decidí abusar de esta tribuna que ya he vuelto
mía.
He
leído la novela corta de Alberto y me ha gustado. Esto suena a lo que en
Nicaragua llamamos "este maje está dando la con dulce", pero no hay
tal: sí me gustó, y por muchos motivos que ahora mismo empezaré a verter:
Confieso
que nunca se me dará el cuento infantil-juvenil porque no acepto esta taxonomía
(muchos relatos considerados ahora infantiles fueron en su origen muy cercanos
a lo que ahora se denomina horror gore, pero que los sistemas castrantes y su
summum (Disney) volvieron aceptablemente anodinos y, por lo tanto,
"digeribles" para las mentes "nobles y vírgenes" de los
infantes.
Por
otro lado, soy de las personas que odian a los "escritores" que
piensan que hacer cuentos infantiles es hablarle a los niños como idiotas, o
subnormales, y con ello creen sobre entender que aguantan todo lo que las
palabras más fútiles sugieran.
Por
supuesto, me da pena ajena ese afán que tienen muchos “escritores de cuentos
infantiles-juveniles” de creer que escribir ficción es hacerle al fray
Bartolomé de las Casas y con ello “adoctrinar”, “educar” o, como dicen en
México, “darle una neta al lector”, en este caso, infantil-juvenil, para que su
vida sea ejemplo de fe, y un montón de pendejadas… No, los niños-adolescentes
son como yo he sido: gente que se piensa inteligente.
Así
las cosas, creo que Chico Largo y Charco Verde es una excelente novela corta porque
entreveo en su génesis una concepción muy trabajada de lo que llamo la idea, su
ambientación y concordancia: el mundo imaginado; es decir, el imago
mundi que le da
verosimilitud y certeza a lo narrado.
Alberto
Sánchez Argüello ha hecho toda una investigación etno-histórica para darle
sustento y cabida a esta historia ficticia que, desde ya, me gustaría promover
con mi amigo editor Óscar Sipán, en España.
¿En
qué se diferencia esta novelita, por ejemplo, de los cuentos de camino o, por
supuesto, del emblemático Pancho Madrigal en Nicaragua? En la base
epistemológica antes aludida que busca su raigambre en la historia menos
contada: la del Occidente que, cruzando las “Columnas de Hércules”, o sea, el
Mediterráneo, ahonda en el mito olvidado, pero incoativo de las “Indias
Occidentales”; en esa “visión de los vencidos” que aún pregona el “si me
permiten hablar”, de Camila.
Me
explico: si uno lee esta novela corta, bien podría pensar en una de las tantas
versiones, por ejemplo, del Fausto, de Goethe. En donde el concepto de
pecado-pacto está signado por el complejo de culpa-castigo judeo-cristiano. Lo
cual no sucede aquí, porque los dioses mesoamericanos no son tan soberbios y
caprichosos como el hebreo y su hijo putativo. Y aunque el papá de Miguel ha
actuado con la ambición y avaricia propia de Occidente, el
niño-héroe-protagonista (una especie de Kirikú nica) encuentra en su raíz (o
sea, lo incoativo) la posibilidad de la liberación (que no perdón)
Pero
bueno, no me gusta hacer tesis o monografías, así que paso a otra cosa.
Alberto
narra y narra bien, es consecuente con el paisaje y el timing, con el perfil de sus personajes y sus
“deidades” (está muy bien documentado), demonios, númens y hasta nahuales,
pareciera tener muy bien estudiado a Vladimir Propp y su teoría sobre el cuento
infantil: está el conflicto, el protagonista, su antagonista, el donador, la
búsqueda y ese etcétera que hace que uno siga el relato buscando las claves
narrativas que confirmen que hay un verdadero escritor… Y sí lo encuentra uno,
y por eso lo acompaña a través de varios capítulos que bien podrían ser
historias autónomas si no hubiera ese hilo conductor que, a manera de vasos
comunicantes, nos dijera que aún falta, que el camino tiene una estación, como
en los fenecidos ferrocarriles de Nicaragua y México.
Hasta
ahora todo apunta a que este escrito debe ser un panegírico sobre el relato de
Sánchez Argüello, pero quienes me conocen saben que buscaré siempre el frijol
en el arroz o a Peter Seller en “La fiesta Inolvidable”.
Chico Largo y Charco Verde tiene, como todo texto nica, la falla
en los diálogos: los escritores paisanos no saben qué coño hacer cuando los
personajes hablan, no entienden qué es una acotación teatral, escribir lo que
piensa un personaje, cuándo habla quien habla y cómo su interlocutor opina o
actúa. No saben cuál es el tiempo mítico, por lo que muy frecuentemente entran
en anacronías que no le hacen bien al texto… En fin, errores de amateurismo muy
fáciles de resolver si hay buena voluntad, y ahí me promuevo yo, siempre y
cuando tenga tiempo. Lo otro es la corrección de estilo, que ya he hablado con
el autor.
Debo
decir que no me gusta el dibujo, la ilustración: si yo fuera niño, dejaría de
leer este buen libro por la mala intervención del dibujante.
Es
muy noche y sé que me falta algo, que creo importante pero que mañana saldrá.
P.D.:
Pues sí faltaba una sola cosa: creo innecesario, a estas alturas de la
globalización y las tecnologías de la comunicación, el uso de un glosario.
Nosotros los nicaragüenses, como país periférico, nos creemos obligado a
explicarle a los demás hermanos hispanoamericanos los giros dialectales de
nuestra nicaraguanidad. Craso error, cualquier clase de público deberá buscar
semánticamente qué quiso decir tal o cual palabra, sobre todo si se refiere a
aspectos escatólógicos que conforman nuestro bien vivir o morir de acuerdo con
la espiritualidad que nos conforma como mesoamericanos. Lo peor es que nuestro
cuentista se apoya mucho en la Wikipedia, una fuente muy a la mano, pero
carente de la rigurosidad mínima para dar por veraz su información.


Esperamos :) Saludos ♥
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