Normalmente no me encuentro con ese problema de la página en blanco; las ideas vienen de algún lugar que desconozco, algo así como hojas que caen encima de mi cabeza y me hablan de un personaje, una situación extraña o un lugar nuevo que me invita a visitarlo. De ahí al texto sólo es cosa que hallar la chispa de inicio y la explosión del final, lo demás es ladrillar el camino con las palabras adecuadas, ni muchas, ni pocas, lo justo.
Pero
ayer me pasó esta cosa rara de tener ganas de escribir pero no saber de que y
me di por horas de cabeza con una página en blanco que me recordaba esa peli
del dos mil tres, “La nada” dirigida por Vincenzo Natali, una hilarante y
surrealista comedia de dos amigos que descubren que tienen el poder de desaparecer
cosas y acaban por hacer desaparecer al mundo entero, hasta dejar sólo una nada
blanca infinita.
Me
vi a mi mismo en esa nada de la hoja, traté de convertirla en una tormenta de
nieve, de esas que podrían congelar a Jack Torrance en su intento de atrapar a Danny
en el laberinto del Overlook, pero me falló totalmente la asociación porque
viviendo en el trópico, la nieve es ficción para mí.
Finalmente
vi un camino, un senderito tenue, hecho de arena negra que surcaba serpenteante
entre las interminables lindes blancas de la hoja. Después de caminar por horas
llegué a una casita minúscula con forma de cabaña rústica y sólo una ventana,
Me agaché para ver a través de ella, pensando si Alicia estaría creciendo
adentro, pero lo único que vi fue una personita idéntica a mí, sentada frente a
un escritorio de roble, escribiendo frenéticamente en una laptop vieja. El
pequeño gemelo alzó la mirada y me dijo que en aquel preciso instante
estaba escribiendo sobre mí. Yo no le respondí y deshice mis pasos lo más
rápido que pude, hasta que me salí de la hoja.
Sentado
frente a mi laptop, me tomé un tiempo para divisar el
caminito, pero ya no estaba ahí, pero sí experimenté una intensa sensación de
que alguien me miraba desde la ventana trasera que da a la calle: podía sentir
un ojo gigante que esperaba que yo me volteara. Yo apagué la máquina y me fui
despacio sin voltear a ver, hasta que llegué a mi cuarto.
A
salvo entre las sabanas me tomé tres pastillas y me prometí no volver
a dejarme llevar por las ganas de escribir cuando no tengo una premisa, eso de
estar ante la página en blanco es algo realmente peligroso.
Alberto
Sánchez Argüello
Managua
Febrero 2014
Imagen: fotograma película "Nothing" 2003 49th Parallel Productions


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