martes, 6 de octubre de 2015

DETENER EL TIEMPO



Nuestras órdenes son sencillas: servir a nuestro general en su retiro con todos los honores. Tantos años de servicio intachable hacia nuestra patria demandan que así sea.

Por eso al quedar su memoria congelada en aquel glorioso 14 de noviembre de 1916, cuando se alzó sobre la pira de cadáveres de ambos bandos, cubierta de sangre sus botas, clamando victoria ante los gritos estentóreos de hombres mutilados; nosotros no dudamos en reconstruir todos los días aquella escena: con los sesenta y seis mil trescientos cincuenta y cuatro cañonazos, las réplicas perfectas de las dos torres enemigas –que luego reconstruimos por las noches- el humo sofocante de doscientas barricadas ardiendo y por supuesto los mismos ochocientos heridos y mil novecientos muertos.

Alberto Sánchez Argüello
Managua Diciembre 2014