jueves, 12 de diciembre de 2013

METAMORFOSIS


Manuel siempre volvía a casa a las seis menos cuarto. Dirigía un gruñido a sus hijos y un manotazo a las nalgas de su esposa, mas por costumbre que por deseo. Al final de la noche permanecía absorto ante el televisor hasta que sólo se mostraba estática, apenas consciente de la cena aceitosa que aún se licuaba en sus intestinos y las quejas constantes de su familia.

Posiblemente por eso no llegó a notar los silencios cada vez más continuos y las ausencias progresivas: su esposa atrapada por las telenovelas, su hija chateando infinitas conversaciones y su hijo devorando los víveres de la casa.

Un día, después de varias cenas en solitario, exploró la casa y se encontró con dos celulares en el cuarto de su hija, un refrigerador desconocido en el de su hijo y un televisor nuevo en la cama, del lado de su esposa.

Sin mayor interés en entender lo que había pasado, se apresuró a vender los aparatos, dejó el trabajo y gastó toda su liquidación en cerveza. Se dedicó entonces al sueño de su vida: beber y mirar televisión hasta morir.

Alberto Sánchez Argüello
Managua Diciembre 2013


Imagen: Laurie Lipton