miércoles, 3 de febrero de 2016

NOCHES DE BASEBALL



Esta noche no fuimos a jugar en el claro del bosque. Iván nos convenció de ir a espiar al nuevo guardia del cementerio. Nos dijo que estaba totalmente convencido de que esta vez sí era un vampiro. Me pareció un desperdicio de luna llena, pero los demás estaban muy emocionados y no les quise quitar la ilusión. Llegamos cerca de la caseta de madera y nos escondimos tras unos matorrales. El viejo no se percató de nuestra presencia, parecía un poco perdido con su uniforme gris lleno de manchas de café. Encendió un cigarro, pero no se lo terminó, una tos seca se lo impidió. Pasó un rato sintonizando estaciones en una radio inter y finalmente se quedó escuchando un partido de baseball. El viejo cerraba los ojos y parecía imaginar las carreras y atrapadas, de vez en cuando esbozaba una sonrisa entre sus labios arrugados y suspiraba. Los muchachos ya se querían ir, pero yo los detuve. Iván estaba desilusionado, pero a mí no me importaba que este hombre no tuviese colmillos, me daba gusto verlo así, gozando el juego en su imaginación, en paz. Cuando se quedó dormido me puse a pensar en mi padre y las veces que intentó enseñarme a batear, él con su paciencia, yo con mi torpeza. Luego los muchachos se levantaron y nos despedimos sin mirarnos, cada uno de vuelta a su lápida.

Alberto Sánchez Argüello

Managua Febrero 2016