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domingo, 7 de marzo de 2010

CRONICAS DEL TIEMPO DEL NO TIEMPO: El sueño


Cinco tunes antes del amanecer del sexto sol, Beleb Bat´z, el heredero del tiempo, nieto de los abuelos y abuelas de la antigua Cailagua, recorrió Monimbó, bajo el sol incandescente del verano.

Era la cuaresma para los ladinos y el heredero había sido escogido por Chombo para ser iniciado como el Oeste de los últimos tlamatinimes del Calmecalt de Nicaraocalli, la última frontera alcanzada por los maestros y maestras de Teotihuacan.

El joven heredero conocía los sones de la marimba, sus pies descalzos besaban la tierra al son de madera del granadillo, esculpiendo con su sombra la luz del universo.

Después de haber sido llevado a la montaña, al altar de la cascada de las mil luces, el heredero se sentía ligero, con un propósito claro en su mente pero aún lleno de la vanidad de saberse elegido, tanto así que despreciaba a los ladinos que se movían como escarabajos en las procesiones y sus ojos, antes amables ante el mundo, se habían vuelto duros con aquellos que el consideraba que erraban en su caminar.

Marchaba ahora hacia el antiguo centro ceremonial de Cailagua, convertido en basural por los mestizos que habían olvidado que entre aquel monte y aquellas rocas, sus abuelos y abuelas invocaban al agua, a la vida y las estrellas, conectando con el ritmo del universo en un solo corazón.

El heredero caminó entre las casas de taquezal, contemplando los televisores encendidos con la novela del medio día y las radios sintonizadas en la repetición de un juego del Boer contra el San Fernando, una que otra mujer lavando en lavanderos de cemento la ropa de toda la familia, perros famélicos buscando que comer en la basura, niños y niñas desnudos jugando en los charcos de los patios y muchos hombres con sus camisas remangadas sobre sus barrigas sudando la semana santa en sus ombligos, algunos en hamacas otros en sillas de mimbre y de plástico.

Beleb Bat´z los miró como si fueran seres que ya habían muerto, sobreponía sobre ellos la imagen de un gran fuego venido del cielo cayendo sobre sus casas, destruyendo televisores, radios, perros, niños y mujeres, todos y todas reducidos a cenizas por lo que el había imaginado seria el sexto sol para aquellos y aquellas que no recorrieran el camino de la conciencia.

Finalmente llegó al sitio sagrado y contempló en silencio las marcas de los antiguos en los farallones de piedra, estrellas, líneas y monos en espiral, símbolos de su linaje, un idioma que se había perdido pero que seguía ahí, esperando ser reconocido por los nietos y nietas de Cailagua.

El heredero se inclinó ante las paredes de piedra e inició su danza en medio del sonido de los zanates y las chicharras, sus pies rozando las lozas de laja y sus manos gesticulando el lenguaje de las danzas de la luz. El viento cambiaba sutilmente de dirección con cada uno de sus pasos y la energía fluía desde su cuerpo hacia las plantas y los insectos del lugar.

Perdido en el vaivén de su propio movimiento, apenas conciente del tiempo, la oscuridad sorprendió al heredero en sus danzas y este finalmente paró, los pies enrojecidos y la espalda agotada por los ritmos, Chombo no habría aprobado su exceso, pero ni las piedras ni las moscas podían detenerlo.

Totalmente exhausto el heredero cayó al suelo y se fue quedando dormido entre imágenes de luces y sombras que llenaban su interior, estas poco a poco fueron tomando forma y se convirtieron en paredes de piedra y antorchas, estaba en el santuario, y caminaba hacia un grupo de gente, que en la medida que fueron apareciendo ante el, con su piel morena ceniza y sus rostros severos, revelaron ser los abuelos y abuelas que habían construido aquel altar, también habían niños y mujeres entre ellos, era la antigua comunidad de Cailagua, esperándolo a él.

Entre ellos avanzó un hombre alto, vestido de telas blancas, su faz mostraba muchos años de caminar y en su mano izquierda portaba un cuchillo ancho de obsidiana.

-Hemos sentido tu danza- le dijo

-Ahora queremos que nos sintás a nosotros, que sintás nuestro dolor- y diciendo esto le enterró en el estomago el cuchillo y una vez dentro hurgó con el en los intestinos del heredero removiendo sus vísceras con firmeza y exactitud.

El heredero llevó sus manos a la herida y vio la sangre, entonces el dolor llenó todo su cuerpo y su mente, como un grito que hacía explotar todo su ser.

-Ayúdanos, siéntenos, esa es tu misión- habló a una sola voz la comunidad y la oscuridad lo cubrió todo.

Beleb Bat´z se levantó adolorido, sintiendo un dolor sordo en su estómago y piernas, le tomó tiempo volver en sí y contactar con esta realidad, fue hasta que contempló a luna llena suspendida en lo alto de la bóveda celeste que todas las imágenes de lo soñado se agolparon en su mente y un horror indescriptible le invadió. El no quería sentir, no quería entender… si para ayudar a los abuelos y abuelas tenía que pasar por el abrazo duro del Tijax, el cuchillo, el heredero no quería ayudar …

Y se fue entre la noche, su danza enmudecida, su cuerpo adolorido, caminando sin rumbo, el tiempo dejo de contar para su corazón, ya no se supo más de él.


7TOJ
8 NOJ
4 Marzo 2010

jueves, 10 de septiembre de 2009

Cronicas del tiempo del no tiempo: El Sexto Sol


Antes que los abuelos de nuestros abuelos y las abuelas de nuestras abuelas nacieran, existió al Norte el reino de las pirámides del Sol y la Luna. Su fundador fue Quetzalcóatl, la serpiente emplumada que creo la palabra, la ciencia, el arte y el gran calendario que sigue el movimiento de nuestro planeta en el universo, permitiendo conocer las energías de los días y entender las posibilidades del futuro.

Los sacerdotes de Quetzalcóatl, los llamados observadores del Universo, descubrieron a través del calendario que el planeta entraría en un período de oscuridad al estar en el punto más lejano al centro de la galaxia, y que esa época iniciaría con la llegada de hombres mitad humanos mitad animal de cascos, que vendrían desde el Este en grandes barcos, trayendo el fuego y la muerte del olvido con ellos. Entendieron que sus armas de madera y cuero no podrían contener la destrucción del hierro y el polvo negro de los futuros invasores y que su reinado de horror duraría más de quinientos años.

Así fue como los sacerdotes y sacerdotisas viajaron hacia el sur y se dispersaron entre los diferentes pueblos para enseñar sus conocimientos y con ellos viajó el gran espíritu de la serpiente emplumada, en busca de corazones donde anidar y sembrar pequeñas luces que iluminaran a la humanidad durante el reinado oscuro de los hombres del Este.

Después de una era los hombres del Este finalmente llegaron y guerreros de muchos pueblos se les enfrentaron, pero tal como lo había predicho el gran calendario, la sangre cubrió la tierra y las ciudades fueron destruidas y con ellas la historia y el conocimiento, excepto en algunos pueblos y en aquellos y aquellas en que anidaban en su corazón la pequeña luz de Quetzalcóatl.

Aquella pequeña luz fue trasmitida de hombre a hombre y de mujer a mujer durante los siguientes quinientos años y cada vez fueron menos los que la recibieron porque muchos y muchas habían sido perseguidos y extinguidos por los hijos e hijas de los hombres del Este, y otros habían perdido su luz por la tristeza de tanta oscuridad.

Ahora hemos entrado en el último calpulli, el racimo de cinco años que nos separan del año del nuevo Sol, el momento en que hombres y mujeres habitados por el espíritu de Quetzalcóatl pueden aún ayudar a extender el entendimiento y la luz en los corazones de todos los pueblos.

El nuevo Sol, el sexto registrado por el calendario, es el momento señalado en el que estaremos más cerca del corazón del cielo, corazón de la tierra, el centro de nuestra galaxia. Es el momento más propicio para salir de la oscuridad que nos cubre desde adentro y construir el Kawoq, la gran tortuga, la comunidad de seres y cosas que nos permita fluir con la evolución del Universo.

Estas son las crónicas de aquellos y aquellas que intentaron tejer la red de la vida, cultivando su luz, alumbrando en la oscuridad del tiempo del no tiempo.


7Toj

miércoles, 5 de agosto de 2009

CRONICAS DEL TIEMPO DEL NO TIEMPO: LA LOCURA


Cuando la bruja blanca era joven sus viajes de sueño le mostraron los caminos de su largo proceso espiritual, ahí encontró a sus acompañantes, energías femeninas verdes y moradas que pueblan los mares y los ríos, guardianas de la luz que siguen a la muerte que renace, la que partea el alma de la gente.


Los sueños son puertas al mundo interior pero también pueden ser portales a los mundos que nos vemos en el día, la bruja accesaba ambos en su peregrinaje anterior al sexto sol.


Una noche, la bruja blanca se soñó en un laberinto, caminando en un espacio infinito de un cuarto sin paredes, rodeada de gente perdida en su mente, en batas blancas y miradas ausentes, ella se llenó de horror aún sabiendo que el único peligro real era ser tocada. Se movió entre ellos manteniendo distancia, con la certeza de una búsqueda y una intención.


La contemplación de aquellos dementes le trajo en retorno la mirada de ellos, una mirada que le decía que ella era la extraña en aquel mundo, su control y razón no tenían lugar entre los que habitaban las profundidades de la locura, y en ese ir y venir de miradas, descubrió el equilibrio eterno de los procesos espirituales: el descenso necesario a los infiernos interiores que permite el renacimiento del alma, una nueva integración del ser.


La bruja blanca caminó entonces en el laberinto de la locura, camino necesario de caos para encontrarse en su nuevo estado, flujo y reflujo de la estabilidad e inestabilidad propia de los momentos de cambio en la vida.


En aquella noche, en medio del tiempo del no tiempo, la bruja blanca construyó en su sueño la imagen de su proceso: el camino de la razón que busca su evolución en medio del caos y la locura, dejando el control atrás para fluir desde la intuición y el espíritu.


En la vigilia del nuevo sol otros y otras también caminaron en los sueños y encontraron respuestas a sus procesos espirituales, y al hacerlo abrieron las puertas a la especie.


La bruja blanca se encontró a si misma innumerables veces, compartiendo existencia con sentimientos y sensaciones en continuo cambio y transformación. Su energía, conectada con el kame, fue guía en diferentes tierras y tiempos, y cada sueño fue una semilla que le ayudó a germinar.


7 TOJ

6 KEJ

jueves, 30 de julio de 2009

CRONICAS DEL TIEMPO DE NO TIEMPO: La Oscuridad


Había llegado el día del venado, once muchachos se movían despacio hacia la cueva sagrada, el gran pasaje de las iniciaciones, lugar santo de los Ajquis, los guías de la comunidad.

Antes de recibir la vara de autoridad debían pasar la prueba del silencio, en medio de la oscuridad de los huesos de la tierra, en el camino hacia la luz desde las entrañas. Ellos estaban temblando, algunos ya lo habían intentado y sabían que no había vuelta atrás después de pasar entre las rocas grises de la entrada imponente.

Ellos en común tenían que eran jóvenes, apenas de barba y con la mirada plena, pero uno ya pasaba la edad de los aprendices, Manuel ya era hombre, serpiente que había caminado entre las comunidades sirviendo hierbas y calmando pesadillas, pero el consejo de ancianos había dejado que terminara su proceso, iniciado muchas lunas antes del tiempo del no tiempo, antes que los militares mataran a sus niñas, cuando su gente aun vivía.

Manuel dejó atrás su último recuerdo de muerte, para entrar limpio al pasaje, se dio el permiso de aligerar su corazón para volver a llenarlo con la oscuridad de la cueva, con el silencio del próximo renacer.

Entraron pues, y fueron dejando tras de si la música de la montaña, el trinar de los pájaros, sonidos distantes de ganado, viento y selva. En ellos se escuchaba la respiración y poco a poco, cada vez mas fuerte, el latir del corazón.

A llegar al umbral de absoluta oscuridad el Ajquij puso en el suelo húmedo de la cueva la vela blanca e indicó que el pasaje había iniciado y fue pasando de uno en uno a los once, hacia el silencio, hacia el insondable camino sin luz, solo y sin mas protección y guía que las manos, las piernas y la intuición.

Y así se fueron yendo, Manuel cerró los ojos y aprendió a distinguir los sonidos más tenues que le mostraban como algunos guardaban la calma y caminaban serenos hacia el final de la cueva, pero otros se llenaban de apuro y sus corazones hacían ecos entre las piedras confundiendo su camino y los golpes en las paredes no paraban de sonar.

Finalmente el Ajquij señaló a Manuel, el dejó sus últimas ropas en el piso y se adentró desnudo en la oscuridad, respiró la humedad y debajo de la humedad el olor del musgo, del murciélago y de las esporas del mundo subterráneo.

Dejó que el halito del Universo lo guiara y pidió al Iq' que se llevara los dolores de su vida anterior, pidió a los ancestros su compañía, y su corazón se fue iluminando sintiendo las presencias a sus costados, de los que fueron antes, de los que le miran desde antes del tiempo, Manuel caminó con ellos y ya no hubo más tiempo y espacio, y su camino fue una pequeña eternidad, la eternidad que separaba lo que había sido de lo que llegaría a ser, gran Kan de los Q'eqchi', los que no le temen a la oscuridad.

7 TOJ

12 Ajpu´

martes, 14 de julio de 2009

CRONICAS DEL TIEMPO DEL NO TIEMPO: La Danza


El hombre no se movía, muchas veces había salido el sol por encima de su cabeza y su cuerpo seguía ahí, inmóvil bajo la sombra de la gran Ceiba real. La gente ya comentaba que había perdido el alma, que su espíritu estaba perdido y que ya era hora de que alguien le ayudara a rescatarla, pero nadie lo hacia, en el fondo sabían que el podía y debía hacerlo por su cuenta, así que lo dejaban ser.


El también lo sabía, miraba con rabia a la gente, pero no pedía ayuda porque sabía que él debía moverse por si mismo, nadie mas debía hacerlo por el. Así paso el tiempo, los árboles y el viento fueron testigos de su no caminar, de su no ser, de su no estar, pero igual lo amaron sin juzgarlo, y tampoco fueron a recogerlo, porque sabían que la luz seguía habitando en el, dormitando debajo de sus dudas y sus miedos, esperando a ser fuerte otra vez.


Y el hombre se contaminó de sí mismo, sus pensamientos se hicieron oscuros y se volvieron pesados sobre su cuerpo, hundiéndolo en la tierra y pudo ver las raíces de la Ceiba, y se fue sofocando cada vez más, con la agonía y la desesperación de alguien a quien entierran vivo, y miró los gusanos y las hormigas bajo el árbol, y sintió que caía al fondo de la tierra, al silencio, al olvido, sintió soledad como si nunca nadie jamás lo hubiera tocado, y finalmente brotaron las lagrimas de sus ojos, amargas, frías, y poco a poco, calientes, tibias, vivas.


Y se dejó sentir su herida, se dejó sentir dolor, reconoció el odio y lo entregó a la tierra, lo entregó al viento, y pidió al gran sanador, al que corta y cierra, el Tijax, la piedra de obsidiana tallada por sus ancestros, energía del norte, que le ayudara a sanar, y sintió brazas en su corazón y poco a poco, volvió a respirar, poco a poco volvió a vivir.


Entonces ofrendó su danza, y su cuerpo lentamente se contrajo como al inicio de su existencia y luego, con un ritmo de fuego fue emergiendo cada uno de sus brazos y piernas, y se sacudió el polvo y las hojas y se volvió la sombra de la Ceiba, danzando alrededor, recuperando la alegría en su piel, recuperando la vida en su carne.


En el circulo de la danza saltó y tocó tierra con sus pies y se dejó llevar por los ritmos de la luz, sintió la presencia de sus ancestros y eran tantos que tuvo un poco de temor pero podía mas la energía renovada y sabia que estaban ahí para acompañarlo en su despertar, así que siguió danzando, la danza de la vida.

7 TOJ

3 TIJAX

CRONICAS DEL TIEMPO DEL NO TIEMPO: Los Tlamatinimes


El niño lloraba quedito en las afueras de la Iglesia, sus cabellos, aun mojados por el bautizo, bañaban la tierra con perlas trasparentes de agua. La gente pasaba a su lado pero a nadie parecía llamar la atención, excepto por una anciana casi ciega que portaba un bastón de granadillo.


"¿Por que lloras? Le preguntó cuando estuvo a su lado y el niño no alzó el rostro porque conocía esa voz desde siempre "me engañaron mamita, me dijeron que me darían pastel y naida de eso fue verdad" la anciana le dio un pequeño golpe con el bastón y le habló con fuerza "Te dije nieto que no hicieras caso al pinche de tu papa, ese mi hijo quiere ser como el resto de los burgueses que tienen la cabeza en el culo y por eso ¡solo mierdas piensan!"


La ultima frase hizo sonreír al niño que, a pesar de haberla oído muchas veces, siempre le hacia gracia porque sentía como si escucharla era hacer una maldad a escondidas, algo que era un secreto compartido entre su abuela y el, un mundo solo de los dos.


"¿Por que te dejaste bautizar?" preguntó la anciana con dureza y el niño se encogió de hombros "porque me prometieron una fiesta, me dijeron que si entraba a la Iglesia y me dejaba mojar entonces harían una fiesta para mí y habría pastel, pero nada fue así"


Los dos se quedaron mirando, para el niño era su primer engaño para la anciana era el más reciente, ella quería tomarlo de los hombros y tener el poder de transmitirle con la piel todos sus conocimientos, la historia vista a través de sus ojos, siglos de herencia náhuatl, pero ella sabia que su nieto tenia un camino propio, una vida para aprender de ella y otros maestros de oriente y occidente.

"Nada vale esa agua que te echaron si no sabes lo que significa" le dijo abrazándolo con cariño, y el se quedó pensando en las velas y los cantos de la Iglesia y en el hombre extraño vestido con cruces y mucha tela.


La anciana tomó el rostro del niño y le miro profundamente a los ojos "Vos serás tlamatinime, heredero de la escuela del Norte, vivirás en una época difícil, preparando el camino del sexto sol y verás el tiempo del no tiempo"


El niño no entendía todas aquellas palabras, pero se daba cuenta que aquello era muy importante y sentía en su cuerpo un hormigueo igual al que experimentaba cuando su panga pasaba por una corriente rápida en el río.


"¿Que es un tlamatinime abuela?" preguntó con la expresión mas seria que conocía a sus 7 años, ella le sonrió despacio y se sentó al lado con el bastón entre sus piernas. "Hace muchas, muchas lunas atrás vinieron gentes del Norte, desde lejos, de la tierra del águila y el nopal, los hijos e hijas de Tula y Teotihuacán, tus abuelos y abuelas, antes que esto se llamara Nicaragua, antes que los españoles desembarcaran. Esa gente del Norte eran comerciantes y religiosos, iban y venían del Sur al Norte y del Norte al Sur, pero hubo algunos de ellos que se fueron quedando, esos no buscaban vender ni comprar nada, tampoco querían hacer templos, ellos lo que buscaban era ayudar a la gente a humanizar el corazón y tener un rostro propio, ellos eran los tlamatinimes"


El niño escuchaba aquello como un cuento pero poco a poco la imagen de gentes ataviadas como su abuela en los rituales de la ceiba, fue despertando en su mente "Ellos eran pensadores que ayudaban a pensar sobre la vida, estudiosos que ayudaban a entender el universo, artistas que ayudaban a amar a la naturaleza y a la humanidad misma" el nieto escuchaba y se le venían tantas preguntas que con dificultad logró articular una "¿Y quien les decía que hicieran eso?" y la abuela le remolineaba el cabello mojado mientras le respondía "Nadie nieto, el susurro del Universo, su propio corazón y las enseñanzas de Quetzalcóatl el primer maestro"


"¿Y porque yo abuela, si yo no conocí a Quetzalcóatl, ni se nada de esas cosas?" y al decir eso la anciana abrazo con fuerza al niño y se quedó un tiempo ahí, sintiendo que no le quedaban muchos años a su cuerpo para acompañarlo en esta existencia.


"Esta vida es para vivirla con propósito Chombo, mis abuelas y abuelos danzaban los ritmos de la luz y vos también aprenderás a hacerlo, vinimos a esta vida por corto tiempo, así que debemos hacer de ella la mejor de las vidas, debemos hacer crecer nuestra luz y saber controlar nuestra sombra, esto es ser tlamatinime, cultivarte a vos para ayudar a cultivar a los demás, ahora inicia tu camino donde termina el mío, y ya tendrás tiempo para entender, ahora recordá este momento, para que en tu tiempo venidero actúes siguiendo tu intuición y la voz de tu corazón... y ya vámonos a casa a que te prepare chocolate"


Y se fueron los dos tomados de la mano aquella mañana, caminando despacio en las calles pedregosas.


Cuando buscaron a Chombo una semana después, para llevarlo a la siguiente misa, ya no lo pudieron agarrar, el niño se movía rápido descalzo entre los bosques donde se juntaba con su abuela para aprender todos sus saberes en el idioma antiguo, pero eso solo lo sabían ellos, nadie más.


7 TOJ 16 JUNIO 09

7 AJMAQ

CRONICAS DEL TIEMPO DEL NO TIEMPO: El Nagual


Era ya mediodía cuando el caminante se detuvo debajo de una Ceiba gigante, paro agotado de horas de un tiempo que se había extendido como bambú, largo y elástico.


El caminante intentaba calmar la ansiedad de la búsqueda del hermanito nagual. Era su primera vez solo entre montaña, su corazón le latía en la boca y la opresión de no tener nadie a quien recurrir parecía agrandar el tamaño de todas las cosas. Las grandes rocas de la montaña se convertían en colosos de las civilizaciones antiguas, monstruos duros que le vigilaban en silencio; los árboles parecían cortarle el paso a cada momento y los sonidos de aves e insectos se habían vuelto ensordecedores con el tiempo, era hora de descansar.


Posó su cuerpo en la tierra, aún vigilante de las serpientes que podían ocultarse bajo la hojarasca de aquel verano seco y al mirar el suelo descubrió un sendero de hormigas rojas cargando provisiones para nidos ocultos en el inframundo.


Se fijó en una de las hormigas más pequeñas, que con gran esfuerzo cargaba una hoja que medía el doble que ella, y mientras la miraba, la hormiga creció en su espacio visual y el mundo estaba hecho de tallos, tierra y hormigas gigantes moviéndose en una danza sin final.


El caminante volvió su mirada hacia el bosque y su corazón volvió a cerrarse, la garganta dolía de sed, pero era más el dolor de la soledad, el sentimiento de ser el único ahí. El peso de su propio silencio era insoportable y entonces cuando la carga parecía hundirlo en el piso… soltó todo… se dejo ir.


Este era el momento previsto en la tradición de la casa de Quetzalcóatl, la prueba del caminante, en la búsqueda del nagual, reencuentro con la montaña y el bosque, romper la ilusión del individuo, romper la ilusión de la soledad.


Y así el caminante se volvió bosque, y se hizo hormiga, y se sintió tierra, piedra y montaña, su cuerpo en una sensación nueva se fue extendiendo hacia todos los costados, sus piernas se sentían largas y conectadas como raíces a la profundidad de la tierra al punto de no sentir sus pies, sus brazos se alejaron de él, hasta entrar en las madera y las rocas y su pecho se sentía aéreo, flotando hacia los lados sin peso, y de repente ya no había cuerpo ni mirada, ni respiración, solo una conciencia extendida, algo que mira sin mirarse a si mismo, un sentir que se funde con el espacio de los seres y las cosas, el fluir con el universo.


Y mientras peligraba en perderse entre las partículas universales un zumbido fuerte le ayudó a reintegrase en si mismo. Con dificultad movió sus brazos y miró sus propias manos asombrado y sintió de nuevo las piernas y los pies y el zumbido nuevamente se dejó escuchar.

Por un momento tuvo temor y a su mente venían imágenes de dantos y jaguares rodeándole dispuestos a rasgar su carne y destrozar sus huesos, pero recordó las palabras del Tlamatinime y se hizo claro que la búsqueda de su hermanito nagual había llegado a término y era momento de abrazar su camino.


El zumbido siguió acercándose y el caminante se sentó a la espera, sintiendo aún la conexión con la tierra, invitando, sintiendo…


Y entonces apareció ante él, un colibrí negro, grande como paloma, como nunca había visto y su zumbido era fuerte y alegre, el caminante le vio a los ojos y el colibrí se acercó y se posicionó estático en el aire, mirándolo también.


Y la conexión fluyó entre los dos, el caminante podía ver el mundo desde los ojos del colibrí y el colibrí podía ver el mundo desde los ojos del hombre, eran hermanos de energía, el caminante había encontrado a su nagual, la energía que le permitía conectarse con el universo, su traductor espiritual.

Así pasó un tiempo de sentir y fluir en el que el caminante percibió mas allá de su ombligo, mas allá de su carne, hueso y pensamiento, volviendo a la conexión original con las manifestaciones de la vida y del ser, hasta que el canto del tlamatinime, posado en un árbol en el centro del monte, cortó la conexión.


El caminante se despidió de su hermanito nagual y el colibrí voló zumbando cerca de él mientras volvía al camino, al centro del monte al reencuentro con los de su especie.


El colibrí también volvería con los suyos, pero ambos estarían siempre conectados, permitiendo a la madre tierra hilvanar nuevamente los hilos de la red de la vida y la conciencia, un poco más, cada día.

7 TOJ 11 Junio

3 E