martes, 14 de julio de 2009

CRONICAS DEL TIEMPO DEL NO TIEMPO: La Danza


El hombre no se movía, muchas veces había salido el sol por encima de su cabeza y su cuerpo seguía ahí, inmóvil bajo la sombra de la gran Ceiba real. La gente ya comentaba que había perdido el alma, que su espíritu estaba perdido y que ya era hora de que alguien le ayudara a rescatarla, pero nadie lo hacia, en el fondo sabían que el podía y debía hacerlo por su cuenta, así que lo dejaban ser.


El también lo sabía, miraba con rabia a la gente, pero no pedía ayuda porque sabía que él debía moverse por si mismo, nadie mas debía hacerlo por el. Así paso el tiempo, los árboles y el viento fueron testigos de su no caminar, de su no ser, de su no estar, pero igual lo amaron sin juzgarlo, y tampoco fueron a recogerlo, porque sabían que la luz seguía habitando en el, dormitando debajo de sus dudas y sus miedos, esperando a ser fuerte otra vez.


Y el hombre se contaminó de sí mismo, sus pensamientos se hicieron oscuros y se volvieron pesados sobre su cuerpo, hundiéndolo en la tierra y pudo ver las raíces de la Ceiba, y se fue sofocando cada vez más, con la agonía y la desesperación de alguien a quien entierran vivo, y miró los gusanos y las hormigas bajo el árbol, y sintió que caía al fondo de la tierra, al silencio, al olvido, sintió soledad como si nunca nadie jamás lo hubiera tocado, y finalmente brotaron las lagrimas de sus ojos, amargas, frías, y poco a poco, calientes, tibias, vivas.


Y se dejó sentir su herida, se dejó sentir dolor, reconoció el odio y lo entregó a la tierra, lo entregó al viento, y pidió al gran sanador, al que corta y cierra, el Tijax, la piedra de obsidiana tallada por sus ancestros, energía del norte, que le ayudara a sanar, y sintió brazas en su corazón y poco a poco, volvió a respirar, poco a poco volvió a vivir.


Entonces ofrendó su danza, y su cuerpo lentamente se contrajo como al inicio de su existencia y luego, con un ritmo de fuego fue emergiendo cada uno de sus brazos y piernas, y se sacudió el polvo y las hojas y se volvió la sombra de la Ceiba, danzando alrededor, recuperando la alegría en su piel, recuperando la vida en su carne.


En el circulo de la danza saltó y tocó tierra con sus pies y se dejó llevar por los ritmos de la luz, sintió la presencia de sus ancestros y eran tantos que tuvo un poco de temor pero podía mas la energía renovada y sabia que estaban ahí para acompañarlo en su despertar, así que siguió danzando, la danza de la vida.

7 TOJ

3 TIJAX

En la noche, en el camino, en tu sueño...


Entre las sombras de las noches

Y los rayos del sol que te mira

Que el viento eleve tus ideas

Y las multiplique como lluvia

 

Sobre la hierba del camino

Cuando tus pies acaricien la tierra

Que los arboles susurren tu nombre

Y lo lleven por entre los cielos


Hacia el horizonte de tu sueño

Donde tu mejilla descansa en mi pecho

Que descanse tu corazón

Bella muerte de mi vida


7 TOJ

11 AJ



CRONICAS DEL TIEMPO DEL NO TIEMPO: Los Tlamatinimes


El niño lloraba quedito en las afueras de la Iglesia, sus cabellos, aun mojados por el bautizo, bañaban la tierra con perlas trasparentes de agua. La gente pasaba a su lado pero a nadie parecía llamar la atención, excepto por una anciana casi ciega que portaba un bastón de granadillo.


"¿Por que lloras? Le preguntó cuando estuvo a su lado y el niño no alzó el rostro porque conocía esa voz desde siempre "me engañaron mamita, me dijeron que me darían pastel y naida de eso fue verdad" la anciana le dio un pequeño golpe con el bastón y le habló con fuerza "Te dije nieto que no hicieras caso al pinche de tu papa, ese mi hijo quiere ser como el resto de los burgueses que tienen la cabeza en el culo y por eso ¡solo mierdas piensan!"


La ultima frase hizo sonreír al niño que, a pesar de haberla oído muchas veces, siempre le hacia gracia porque sentía como si escucharla era hacer una maldad a escondidas, algo que era un secreto compartido entre su abuela y el, un mundo solo de los dos.


"¿Por que te dejaste bautizar?" preguntó la anciana con dureza y el niño se encogió de hombros "porque me prometieron una fiesta, me dijeron que si entraba a la Iglesia y me dejaba mojar entonces harían una fiesta para mí y habría pastel, pero nada fue así"


Los dos se quedaron mirando, para el niño era su primer engaño para la anciana era el más reciente, ella quería tomarlo de los hombros y tener el poder de transmitirle con la piel todos sus conocimientos, la historia vista a través de sus ojos, siglos de herencia náhuatl, pero ella sabia que su nieto tenia un camino propio, una vida para aprender de ella y otros maestros de oriente y occidente.

"Nada vale esa agua que te echaron si no sabes lo que significa" le dijo abrazándolo con cariño, y el se quedó pensando en las velas y los cantos de la Iglesia y en el hombre extraño vestido con cruces y mucha tela.


La anciana tomó el rostro del niño y le miro profundamente a los ojos "Vos serás tlamatinime, heredero de la escuela del Norte, vivirás en una época difícil, preparando el camino del sexto sol y verás el tiempo del no tiempo"


El niño no entendía todas aquellas palabras, pero se daba cuenta que aquello era muy importante y sentía en su cuerpo un hormigueo igual al que experimentaba cuando su panga pasaba por una corriente rápida en el río.


"¿Que es un tlamatinime abuela?" preguntó con la expresión mas seria que conocía a sus 7 años, ella le sonrió despacio y se sentó al lado con el bastón entre sus piernas. "Hace muchas, muchas lunas atrás vinieron gentes del Norte, desde lejos, de la tierra del águila y el nopal, los hijos e hijas de Tula y Teotihuacán, tus abuelos y abuelas, antes que esto se llamara Nicaragua, antes que los españoles desembarcaran. Esa gente del Norte eran comerciantes y religiosos, iban y venían del Sur al Norte y del Norte al Sur, pero hubo algunos de ellos que se fueron quedando, esos no buscaban vender ni comprar nada, tampoco querían hacer templos, ellos lo que buscaban era ayudar a la gente a humanizar el corazón y tener un rostro propio, ellos eran los tlamatinimes"


El niño escuchaba aquello como un cuento pero poco a poco la imagen de gentes ataviadas como su abuela en los rituales de la ceiba, fue despertando en su mente "Ellos eran pensadores que ayudaban a pensar sobre la vida, estudiosos que ayudaban a entender el universo, artistas que ayudaban a amar a la naturaleza y a la humanidad misma" el nieto escuchaba y se le venían tantas preguntas que con dificultad logró articular una "¿Y quien les decía que hicieran eso?" y la abuela le remolineaba el cabello mojado mientras le respondía "Nadie nieto, el susurro del Universo, su propio corazón y las enseñanzas de Quetzalcóatl el primer maestro"


"¿Y porque yo abuela, si yo no conocí a Quetzalcóatl, ni se nada de esas cosas?" y al decir eso la anciana abrazo con fuerza al niño y se quedó un tiempo ahí, sintiendo que no le quedaban muchos años a su cuerpo para acompañarlo en esta existencia.


"Esta vida es para vivirla con propósito Chombo, mis abuelas y abuelos danzaban los ritmos de la luz y vos también aprenderás a hacerlo, vinimos a esta vida por corto tiempo, así que debemos hacer de ella la mejor de las vidas, debemos hacer crecer nuestra luz y saber controlar nuestra sombra, esto es ser tlamatinime, cultivarte a vos para ayudar a cultivar a los demás, ahora inicia tu camino donde termina el mío, y ya tendrás tiempo para entender, ahora recordá este momento, para que en tu tiempo venidero actúes siguiendo tu intuición y la voz de tu corazón... y ya vámonos a casa a que te prepare chocolate"


Y se fueron los dos tomados de la mano aquella mañana, caminando despacio en las calles pedregosas.


Cuando buscaron a Chombo una semana después, para llevarlo a la siguiente misa, ya no lo pudieron agarrar, el niño se movía rápido descalzo entre los bosques donde se juntaba con su abuela para aprender todos sus saberes en el idioma antiguo, pero eso solo lo sabían ellos, nadie más.


7 TOJ 16 JUNIO 09

7 AJMAQ

CRONICAS DEL TIEMPO DEL NO TIEMPO: El Nagual


Era ya mediodía cuando el caminante se detuvo debajo de una Ceiba gigante, paro agotado de horas de un tiempo que se había extendido como bambú, largo y elástico.


El caminante intentaba calmar la ansiedad de la búsqueda del hermanito nagual. Era su primera vez solo entre montaña, su corazón le latía en la boca y la opresión de no tener nadie a quien recurrir parecía agrandar el tamaño de todas las cosas. Las grandes rocas de la montaña se convertían en colosos de las civilizaciones antiguas, monstruos duros que le vigilaban en silencio; los árboles parecían cortarle el paso a cada momento y los sonidos de aves e insectos se habían vuelto ensordecedores con el tiempo, era hora de descansar.


Posó su cuerpo en la tierra, aún vigilante de las serpientes que podían ocultarse bajo la hojarasca de aquel verano seco y al mirar el suelo descubrió un sendero de hormigas rojas cargando provisiones para nidos ocultos en el inframundo.


Se fijó en una de las hormigas más pequeñas, que con gran esfuerzo cargaba una hoja que medía el doble que ella, y mientras la miraba, la hormiga creció en su espacio visual y el mundo estaba hecho de tallos, tierra y hormigas gigantes moviéndose en una danza sin final.


El caminante volvió su mirada hacia el bosque y su corazón volvió a cerrarse, la garganta dolía de sed, pero era más el dolor de la soledad, el sentimiento de ser el único ahí. El peso de su propio silencio era insoportable y entonces cuando la carga parecía hundirlo en el piso… soltó todo… se dejo ir.


Este era el momento previsto en la tradición de la casa de Quetzalcóatl, la prueba del caminante, en la búsqueda del nagual, reencuentro con la montaña y el bosque, romper la ilusión del individuo, romper la ilusión de la soledad.


Y así el caminante se volvió bosque, y se hizo hormiga, y se sintió tierra, piedra y montaña, su cuerpo en una sensación nueva se fue extendiendo hacia todos los costados, sus piernas se sentían largas y conectadas como raíces a la profundidad de la tierra al punto de no sentir sus pies, sus brazos se alejaron de él, hasta entrar en las madera y las rocas y su pecho se sentía aéreo, flotando hacia los lados sin peso, y de repente ya no había cuerpo ni mirada, ni respiración, solo una conciencia extendida, algo que mira sin mirarse a si mismo, un sentir que se funde con el espacio de los seres y las cosas, el fluir con el universo.


Y mientras peligraba en perderse entre las partículas universales un zumbido fuerte le ayudó a reintegrase en si mismo. Con dificultad movió sus brazos y miró sus propias manos asombrado y sintió de nuevo las piernas y los pies y el zumbido nuevamente se dejó escuchar.

Por un momento tuvo temor y a su mente venían imágenes de dantos y jaguares rodeándole dispuestos a rasgar su carne y destrozar sus huesos, pero recordó las palabras del Tlamatinime y se hizo claro que la búsqueda de su hermanito nagual había llegado a término y era momento de abrazar su camino.


El zumbido siguió acercándose y el caminante se sentó a la espera, sintiendo aún la conexión con la tierra, invitando, sintiendo…


Y entonces apareció ante él, un colibrí negro, grande como paloma, como nunca había visto y su zumbido era fuerte y alegre, el caminante le vio a los ojos y el colibrí se acercó y se posicionó estático en el aire, mirándolo también.


Y la conexión fluyó entre los dos, el caminante podía ver el mundo desde los ojos del colibrí y el colibrí podía ver el mundo desde los ojos del hombre, eran hermanos de energía, el caminante había encontrado a su nagual, la energía que le permitía conectarse con el universo, su traductor espiritual.

Así pasó un tiempo de sentir y fluir en el que el caminante percibió mas allá de su ombligo, mas allá de su carne, hueso y pensamiento, volviendo a la conexión original con las manifestaciones de la vida y del ser, hasta que el canto del tlamatinime, posado en un árbol en el centro del monte, cortó la conexión.


El caminante se despidió de su hermanito nagual y el colibrí voló zumbando cerca de él mientras volvía al camino, al centro del monte al reencuentro con los de su especie.


El colibrí también volvería con los suyos, pero ambos estarían siempre conectados, permitiendo a la madre tierra hilvanar nuevamente los hilos de la red de la vida y la conciencia, un poco más, cada día.

7 TOJ 11 Junio

3 E


CRONICAS DEL TIEMPO DEL NO TIEMPO: El Rostro


Era Noche de lluvia en el Ocote, el cerro de piedra, antiguo observatorio astronómico de un pueblo sin nombre. El último de los herederos estaba sentado viendo hacia afuera de la cueva, absorto en el baile de las sombras que emanaban del fuego que les calentaba a los dos, al maestro y al aprendiz.


Era la séptima noche de la prueba y el calendario sagrado marcaba ocho mono, la renovación de la cuenta, inicio y fin, noche para desenvolver el gran ovillo del tiempo.


El heredero miró hacia su maestro que meditaba quedito, apenas material ante el fuego de ceremonia.


"Enséñame tu verdadero rostro" le pidió en la voz mas baja que pudo espirar, con la esperanza de no ser escuchado, pero el maestro conectado con el susurrar de las plantas y el aleteo de las mariposas levantó la mirada y respondió sin tardar "Apenas han pasado siete noches y tu vibración no esta totalmente preparada para ver tanta luz y tanta oscuridad"


La respuesta no apagó la curiosidad del aprendiz, que insistió con voz más fuerte "El día es propicio y estamos viviendo el tiempo del no tiempo, hemos sido alcanzados por la noche del último sol y mi proceso debe ser apresurado"


El maestro cerró los ojos y habló como si hablase para si mismo "Los ríos no se deben empujar, los procesos tampoco, sin embargo, es día propicio y el sexto sol esta próximo… veras mi rostro entonces"


Con la última palabra aún en el viento ambos se levantaron y se colocaron al lado del fuego, frente a frente.


Recorriendo el hilo ancestral de los rituales de los tlamatinimes, el maestro se dispuso a mostrar su verdadero rostro, su conexión con el tiempo y el espacio, manifestación de los mil seres y las mil cosas.


Entraron pues en una danza de ritmos, respirando, sintiendo, acompasando latidos del corazón, deshilando el tiempo con el diafragma, mientras las estrellas se movían en el firmamento y la luna recorría las copas de los árboles del gran cerro sagrado.


Y entonces se hizo la oscuridad, silencio eterno de un vacío perfecto de nada, como si solo ellos dos hubieran existido por siempre sin más materia ni luz. Apenas perceptible el sonido del aire corriendo por el cuerpo, como si viniese desde muy lejos, ecos de un universo ya olvidado.


Hasta que súbitamente nació una explosión de luz tan intensa que hirió los ojos del aprendiz que se hizo blanco como algodón y el maestro se alargó hasta hacerse una nada blanca que inundó el mundo, que poco a poco volvió a perfilarse en un rostro duro, viejo, eterno, como una roca que mira desde siempre hacia el tiempo, y en medio de la roca situó un par de ojos, negros y profundos y el aprendiz fue cayendo en ellos hasta ser tragado totalmente en un laberinto de colores y formas monstruosas y bellas, y al volver en si, el rostro era una serpiente y un cocodrilo, y una tortuga y un hombre-animal, y cambiaba como una masa de múltiples formas y los ojos negros entraban en el como cuchillos de sílex y el aprendiz gritó y su grito salió sordo, como un estallido de aire.


Y el rostro se extendió hacia el como manos, brazos y tentáculos y lo envolvieron totalmente hasta quitar toda luz y ante el aparecieron los planetas, el sol y las infinitas estrellas en el mar del Universo, y ahí se volvió a escuchar la respiración lejana y en el horizonte, apenas perceptible, el par de ojos negros, un rostro echo de galaxias.


Volvió la oscuridad, silencio completo, solo acompañado por la vibración de dos corazones, los latidos se fueron volviendo más lentos y con ellos fue apareciendo el fuego y las sombras de la cueva, poco a poco…


Sentados los dos frente a frente, el aprendiz intentó levantarse y cayó pesadamente en la tierra "despacio, tu cuerpo y espíritu deben descansar" los dos guardaron silencio un tiempo, reponiendo, reposando.


"¿He visto tu verdadero rostro?" pregunto el aprendiz, el maestro lo vio un poco y respondió pacientemente "Has visto lo que has podido ver, cada ser es una manifestación del todo, cada ser es el centro del Universo, porque todo está conectado en la red infinita de la vida, y en una red infinita existen infinitos centros, has visto el rostro de nuestros hermanos y hermanas reptiles, mamíferos, insectos, soles y galaxias, ahora medita y vive tu proceso"


La cueva volvió al silencio, el fuego continuo su baile ceremonial en el ocho mono y el heredero se miro a sí mismo y mostró su verdadero rostro a Ixmucané, la de blanca faz.

7TOJ 10 JUNIO 09

2 Bat´z

CRONICAS DEL TIEMPO DE NO TIEMPO: La Vision


Y fue así que se juntaron los guardianes de los ritmos de la luz, vinieron del Norte y del Sur, los Tlamatinimes. Ya había pasado otro ciclo de 52 tunes y era el momento de hacer la gran reunión, en las orillas del portal de Xochipilli, ahí donde los venados azules vigilan, la llamada laguna de Apoyo en Masaya.


Saludaron al Este donde sale el sol, saludaron al Norte de donde viene el viento frío, saludaron al Oeste donde se teje el tiempo y saludaron al sur donde inicia el camino y nace la semilla.


De Matagalpa, de Jinotega, de Masaya y Rivas, los Tlamatinimes herederos de las casas de mecate, de la escuela de Quetzalcóatl venida de Teotihuacán, entraron al sueño de sus almas y se abrió ante ellos la dimensión profética, la visión de un futuro sin tiempo.


Ellos y ellas vieron un mundo de agua y fuego, el día de un sol negro, la noche de mil flamas, caminaron en un desierto helado durante mil años, sedientos y hambrientos, llegaron al fin del mundo en silencio, sin rastros de humanidad, solo el rastro de Ah Ektenel, el señor de los zopilotes. Y entonces se abrió la tierra y vieron debajo de sus pies los ojos hundidos y la locura de todos los hombres y todas las mujeres comiéndose a ellos mismos, y tuvieron que ver aquello porque la visión era esa y su misión era entenderla.


Vieron una humanidad en oscuridad, envuelta en inmundicia, derrumbada en medio de piedras y cal, cadáveres podridos envolviendo el mundo y la tierra sangrando de tanta muerte.


Y cuando los ojos de los tlamatinimes sangraban también, escucharon un sonido horrible que les heló el corazón y se mostró ante ellos, tan largo como el horizonte, el inmundo Gusano Sac Uacnal, el que come los corazones de los hombres, y el sonido era como un grito helado que asemejaba una carcajada grotesca y desde el interior del gusano surgieron palabras que agujerearon las mentes de los tlamatinimes: “ustedes han perdido”


Y los guardianes de los ritmos de la luz, cayeron a la tierra, cubriéndose los oídos para impedir la entrada de los sonidos del Gusano, pero sus corazones ya se habían infectado y salieron del umbral escapando de la Visión apenas con la respiración intacta y la mente aun brillante pero triste.


Y la tristeza cubría a los asistentes de la reunión, se les preguntó lo que vieron pero solo la gran madre de Rivas se atrevió a contarlo y los jóvenes lloraron ante el destino visionado, otros rechinaron los dientes con rabia, y los más ancianos sintieron que su alma marchitaba y que no había esperanza.


Solo Chombo tomó fuerza de su corazón y recordó la lección de su abuela, maestra de la escuela del Norte, que le había enseñado a volar, vivir sin aferrarse a nada, sin posarse nunca, y así decidió que la guerra florida había que hacerla mas allá de aquella visión, viviendo la vida con alegría y propósito.


Aquel fue el principio del fin de la clásica escuela de Quetzalcóatl venida de Teotihuacán. Los Tlamatinimes fueron muriendo dentro de si, carcomidos por la visión del gusano Sac Uacnal, por la desesperanza del oscuro destino de una humanidad que se destruiría así misma.


Solo Chombo y unos cuantos mantuvieron la esperanza en la guerra florida, que no necesita saberse vencedora, por que el destino cambia como cambia el vuelo de las gaviotas y el viento del Norte; el cambio que inicia en uno y que puede expandir su luz, hasta los lugares mas oscuros.


Y fue así como el linaje de la escuela Tlamatinime murió, pero Quetzalcóatl persistió.


7TOJ 9 JUNIO 09

TEXTO ORIGINAL DE LA OBRA DEL DIA DE LA TIERRA GRUPO VAGAMUNDOS PRESENTADA CARAMANCHEL 2 MAY 09


DANZA DE LA CREACION

En el principio no había tiempo
Ni luz, ni sombra
Solo energía danzante
Vacilante
Fluctuante
De la nada al vacío
Del vacío a la nada
Prestamos quánticos
De polos opuestos
En infinita atracción
Cayendo entre si
Lo lleno con lo vacío
Lo activo con lo pasivo
El todo con la nada
Y en medio de la danza
La potencia de la vida
Ya estaba.

Y la energía generó movimiento
Y el movimiento generó materia
Y la materia se convirtió en energía
Y fue uno y fueron dos
Y otra vez uno
Hasta explotar en éxtasis
Naciendo tiempo, luz y espacio
En un firmamento de sonidos
Que separó energía de materia
Y ahí nacieron las estrellas
Explosiones de gas incandescente
Que nacieron y murieron tantas veces
Que solidificó su energía en el espacio
Hasta crear una roca sólida
La hija del todo
La madre de todos
la tierra.

DANZA DE LA VIDA

Terrible fue la infancia
De nuestra madre tierra
Lava baño su cuerpo
cometas impactaron su faz
Y cuando su ser se había enfriado
Poco a poco dio cobijo
A la energía inquieta anidada
Entre sus rocas, lechos y corazón
Ahí la energía encarnó en vida
Y La vida se hizo juego
El juego de las mil formas
Formas que se arrastran
Formas que vuelan y nadan
Formas que caminan
Que sienten, que bailan
Los ritmos de la luz
En armonía con el universo
Origen del latido inicial
Siempre en movimiento
Siempre en creación
Muerte y destrucción
Para nacer de nuevo
Y volver a crear
Nuevas formas
En el juego vital.

Así se habitó el mar
El cielo y las rocas
Lombrices de tierra
Murciélagos y mariposas
Insectos, babosas y cucarachas
Todas hijas de la luz
Habitantes de la gran tierra
Que respira
Que fluye
Que baila.

DANZA DE LA HUMANIDAD

Seres largos y bajos
Anchos, flacos y pequeños
Gigantes verdes de la montaña
La madre Ceiba y sus raíces
Ballenas azules del universo mar
Osos, buitres y venados
Todos antes que ellos
Los mal llamados primeros
Ella y el, bajando de los árboles
Aprendiendo poco a poco a caminar
Luego Pisando la tierra con espalda erguida
Fijando los ojos en el horizonte
Concientes de si mismos
Evolución de millones de años de luz
Que de tantas formas y colores
Dio con la forma humana.

Instinto, sentido y razón
Mente creada desde la luz
Inteligencia sintiente del universo
Con mil caminos para perderse
y pocos caminos de armonía
un ser con muy poca sabiduría
para saber escoger.

Y se lanzó a los caminos
Ciego de consecuencias
Su ego como visión
Reinventó las guerras de sus ancestros
Creo el hierro, la pólvora y el televisor
Construyó ciudades y derribó los bosques
Dejo de jugar a las formas
y cazó a todos los seres
y en vez de crear
mató.

El y ella despreciaron a su madre
Sus hermanos y hermanas
La humanidad era más
Que todos los seres y las cosas
Su luz se oscureció con la vergüenza
De haber creado una forma
que había olvidado su origen
su verdad
y su razón.

DANZA DEL FUTURO

Y ahora vengan
Miremos entre la bruma de los tiempos
Antes que mañana y después de ayer
El camino que han escogido
Humanos y humanas por igual
Consecuencias que no se hacen esperar
Ya estamos casi ahí
En un desierto de cemento y cal
Sin más agua que contaminar
Sedientos entre las grietas de la tierra
Que tardó tanto en nacer y crear
Y que ellos rápidamente
Empezaron a matar

Miremos hacia el futuro
Un abismo de negra profundidad
Ahí donde las ciudades yacen sin electricidad
Donde ya no existe biodiversidad
Listas y listas de especies extintas
Aire sucio, veneno para respirar
Fabricas silenciosas de gente
Gente que sobra en una tierra sin semilla
Hambre que alimenta desesperación
Porque no hay salvación
En una tierra sin vida.

EPILOGO

¿Será una historia que no puede cambiar?
¿Será un camino que no podemos desandar?
Escuchemos el susurro del universo
Que nuestra luz ya no se tenga que avergonzar
volvamos al juego de las formas
amemos a nuestra madre tierra
A nuestros hermanos y hermanas
Los primeros habitantes
bailemos con el tiempo,
La luz y el espacio
Para ser de verdad
La inteligencia sintiente del universo
Una verdadera humanidad.

GRUPO DE TEATRO VAGAMUNDOS
20 ABRIL 2009