miércoles, 5 de agosto de 2009

CRONICAS DEL TIEMPO DEL NO TIEMPO: LA LOCURA


Cuando la bruja blanca era joven sus viajes de sueño le mostraron los caminos de su largo proceso espiritual, ahí encontró a sus acompañantes, energías femeninas verdes y moradas que pueblan los mares y los ríos, guardianas de la luz que siguen a la muerte que renace, la que partea el alma de la gente.


Los sueños son puertas al mundo interior pero también pueden ser portales a los mundos que nos vemos en el día, la bruja accesaba ambos en su peregrinaje anterior al sexto sol.


Una noche, la bruja blanca se soñó en un laberinto, caminando en un espacio infinito de un cuarto sin paredes, rodeada de gente perdida en su mente, en batas blancas y miradas ausentes, ella se llenó de horror aún sabiendo que el único peligro real era ser tocada. Se movió entre ellos manteniendo distancia, con la certeza de una búsqueda y una intención.


La contemplación de aquellos dementes le trajo en retorno la mirada de ellos, una mirada que le decía que ella era la extraña en aquel mundo, su control y razón no tenían lugar entre los que habitaban las profundidades de la locura, y en ese ir y venir de miradas, descubrió el equilibrio eterno de los procesos espirituales: el descenso necesario a los infiernos interiores que permite el renacimiento del alma, una nueva integración del ser.


La bruja blanca caminó entonces en el laberinto de la locura, camino necesario de caos para encontrarse en su nuevo estado, flujo y reflujo de la estabilidad e inestabilidad propia de los momentos de cambio en la vida.


En aquella noche, en medio del tiempo del no tiempo, la bruja blanca construyó en su sueño la imagen de su proceso: el camino de la razón que busca su evolución en medio del caos y la locura, dejando el control atrás para fluir desde la intuición y el espíritu.


En la vigilia del nuevo sol otros y otras también caminaron en los sueños y encontraron respuestas a sus procesos espirituales, y al hacerlo abrieron las puertas a la especie.


La bruja blanca se encontró a si misma innumerables veces, compartiendo existencia con sentimientos y sensaciones en continuo cambio y transformación. Su energía, conectada con el kame, fue guía en diferentes tierras y tiempos, y cada sueño fue una semilla que le ayudó a germinar.


7 TOJ

6 KEJ

martes, 4 de agosto de 2009

Hijos de la luz y la oscuridad


Somos hijos de la luz y de la oscuridad

así que hemos de hacer brillar nuestra luz

y conocer nuestra oscuridad para controlarla...

Surgimos de los mares

y nuestros cuerpos están echos de agua

como el agua debemos entonces fluir

y ocupar los lugares más bajos

para llegar a todos y todas por igual

Somos energía

nuestras moléculas son hermanas de las estrellas

por eso sabemos que no estamos solos ni solas

que somos parte del todo

una manifestación física del gran ser

el corazón del cielo

corazón de la tierra.

Somos luz

somos oscuridad

somos agua

somos energía...

brillemos,

sintamos,

fluyamos

vibremos...

Mientras estemos aquí

hagamos que sea perfecto.

jueves, 30 de julio de 2009

CRONICAS DEL TIEMPO DE NO TIEMPO: La Oscuridad


Había llegado el día del venado, once muchachos se movían despacio hacia la cueva sagrada, el gran pasaje de las iniciaciones, lugar santo de los Ajquis, los guías de la comunidad.

Antes de recibir la vara de autoridad debían pasar la prueba del silencio, en medio de la oscuridad de los huesos de la tierra, en el camino hacia la luz desde las entrañas. Ellos estaban temblando, algunos ya lo habían intentado y sabían que no había vuelta atrás después de pasar entre las rocas grises de la entrada imponente.

Ellos en común tenían que eran jóvenes, apenas de barba y con la mirada plena, pero uno ya pasaba la edad de los aprendices, Manuel ya era hombre, serpiente que había caminado entre las comunidades sirviendo hierbas y calmando pesadillas, pero el consejo de ancianos había dejado que terminara su proceso, iniciado muchas lunas antes del tiempo del no tiempo, antes que los militares mataran a sus niñas, cuando su gente aun vivía.

Manuel dejó atrás su último recuerdo de muerte, para entrar limpio al pasaje, se dio el permiso de aligerar su corazón para volver a llenarlo con la oscuridad de la cueva, con el silencio del próximo renacer.

Entraron pues, y fueron dejando tras de si la música de la montaña, el trinar de los pájaros, sonidos distantes de ganado, viento y selva. En ellos se escuchaba la respiración y poco a poco, cada vez mas fuerte, el latir del corazón.

A llegar al umbral de absoluta oscuridad el Ajquij puso en el suelo húmedo de la cueva la vela blanca e indicó que el pasaje había iniciado y fue pasando de uno en uno a los once, hacia el silencio, hacia el insondable camino sin luz, solo y sin mas protección y guía que las manos, las piernas y la intuición.

Y así se fueron yendo, Manuel cerró los ojos y aprendió a distinguir los sonidos más tenues que le mostraban como algunos guardaban la calma y caminaban serenos hacia el final de la cueva, pero otros se llenaban de apuro y sus corazones hacían ecos entre las piedras confundiendo su camino y los golpes en las paredes no paraban de sonar.

Finalmente el Ajquij señaló a Manuel, el dejó sus últimas ropas en el piso y se adentró desnudo en la oscuridad, respiró la humedad y debajo de la humedad el olor del musgo, del murciélago y de las esporas del mundo subterráneo.

Dejó que el halito del Universo lo guiara y pidió al Iq' que se llevara los dolores de su vida anterior, pidió a los ancestros su compañía, y su corazón se fue iluminando sintiendo las presencias a sus costados, de los que fueron antes, de los que le miran desde antes del tiempo, Manuel caminó con ellos y ya no hubo más tiempo y espacio, y su camino fue una pequeña eternidad, la eternidad que separaba lo que había sido de lo que llegaría a ser, gran Kan de los Q'eqchi', los que no le temen a la oscuridad.

7 TOJ

12 Ajpu´

Kame


Troncales raudos de escuetas anchuras
alturas de rodillos en tu miez singular
echuras de rantas de tu manto odisea
cualquiera que sea tu nicromante faz.

Kame bella, flamigera llama de alma sin par
estrucia en la noche de neblinas andantes
tragantes simientes de tu dulce sudor
ondea en la savia de mi esguido arrojo
tanteando en tus luces de raudo fulgor.

Me uno a tu palmas, afloro mi ser
construyendo horizontes con tu miez singular
anchuras de crestas que viven y mueren
que sienten tus ojos gitanos sapientes
argucias de tantos llantos alegres
Kame bella y blanca, alma sin par.

 

ASA 2007


lunes, 20 de julio de 2009

Una poetisa y dos Generales


La noche se cierne sobre la ciudad, una noche sin tiempo que reverbera ecos en la historia. Me palpo las manos y las siento húmedas, mi cuerpo sabe que estoy maldito por mis actos y mi pecado se consuma en cada orden que recibo y dejo cumplir.


A mi lado, el General se acomoda el pantalón con las dos manos en un gesto propio de su especie: la de los hombres que se animan a ser eternos por la fuerza de los coyoles, animal mezquino que mira el universo a través de su ombligo y nada más.


- ¿No has oído descargas?


El General pregunta con rostro duro y preocupado, las palabras dulces y armoniosas de la poetisa no parecen afectarle, un soplo mortal le recorre el espinazo con la seguridad visceral de estar atentando contra una vida que vale cien veces la suya. Cualquier sonido se asemeja a un disparo, la carcajada de un teniente, el destapar de una botella, el General no tiene oídos para la vida, esta noche la muerte es más importante.


El recital se prolonga como si los minutos fuesen el preámbulo de una pequeña eternidad, allá afuera poco más de cincuenta hombres están cambiando la faz del futuro, no piensan entrar en la historia con apologías y panegíricos, sus armas llevan en sus recámaras nuestros argumentos.


- ¿No has oído descargas?


El General vuelve a preguntar imperioso como si intentase conjurar con sus palabras el fin de los eventos, su respuesta es el silencio y casi puedo adivinar en la opacidad de sus ojos el fúnebre pensamiento de saberse maldito.


Finalmente se escuchan las descargas, el sonido viaja con el viento y se convierte en una reguera de pólvora. Cada hombre se alza como un animal acechado, pero sólo el General y nosotros sabemos cual es el aposento final de aquellas balas.


La poetisa calla con gesto grave, nuestras miradas se cruzan como sombras sin aliento, a lo lejos se empieza a sentir la larga sombra de tres cuerpos calcinados por la ambición, entre ellos, abatido por su ilusión de ser el tercer poder de Nicaragua, el otro General: Augusto Cesar Sandino.


ASA

sábado, 18 de julio de 2009

Susurro en las sombras

Miguel se acostó en su cuarto, estaba solo y ya estaba atardeciendo. Por la ventana se miraba la caída del sol y las sombras de los objetos se alargaban hacia la pared, como si fueran las siluetas de personas que guardan silencio ante el fin del día.


Cuando quiso prender la lámpara de su mesa de noche, se dio cuenta que no había electricidad, así que se quedó ahí, absorto con el fin de la luz, sin ánimo de moverse demasiado, con la energía suficiente para no cerrar los ojos completamente y con la pereza necesaria para no querer ir por una vela, así poco a poco se fue durmiendo, sin darse cuenta del manto de sombra que le fue envolviendo.


Finalmente abrió los ojos y fue como si no los hubiese abierto, la noche era tan cerrada que ni siquiera podía verse a si mismo. Su cuerpo le dolía todo, sentía los pies helados, se preguntó si habría algún frente frío que no había sido anunciado y sus pensamientos habrían seguido divagando sobre el cambio climático y la temperatura pero un susurro le heló la piel del cuello y escuchó su nombre como si fuera aspirado por un instrumento de viento…


-Miguelll….


Su mente quedó en blanco por algunos segundos y lo único que ocupaba todos sus sentidos era un terror tan intenso que le dolían los músculos de sus brazos y piernas, sabía que era ella, la mujer que había visto en varias ocasiones al atardecer, apenas presente, transparente en el patio de la casa, mirada triste, cabellos desordenados cubriendo parcialmente el rostro, caminando con lentitud, desapareciendo por la esquinas, a veces vista, a veces sentida, apenas con el rabillo del ojo, ella…


Sintió unas manos frías en sus pies y por más que le dijo a sus piernas que se movieran su cuerpo parecía estar lejos, muy lejos de él, tanto que las órdenes de su mente se perdían en medio de aquel espacio oscuro en el que se encontraba junto con ella…


De repente no sintió nada más y cuando creyó que volvía a estar solo sintió la voz pegada a su mejilla


-Miguel, decime que me amas…


El se sintió mareado, apenas consciente, más lejos aún de su cuerpo, casi sin aire, ella seguía repitiendo lo mismo y cada vez que susurraba el sentía menos y menos energía, hasta que él también susurró que la amaba y su boca se movía sin que el se lo pidiese…


-Temo, teammmo, te te amooo…


Allá a lo lejos la luna empezó a asomar su rostro por la ventana y al iluminar el cuarto vio a Miguel en su cama, susurrando su mentira, sin alma, sin energía…

Alberto Sánchez Arguello

18 Julio 2009

Publicado en Revista Siamesa - Cine, Teatro y Literatura (http://www.revistasiamesa.com.ar/2009/07/susurro-en-las-sombras-seleccionado.html)