lunes, 17 de agosto de 2009

Senderos de montaña (fragmento de La Casa del Agua)


Cuentan que en los tiempos en que los indios empezaban a doblegarse bajo la espada de los conquistadores, una de las tribus miskitas, que aún habitaban en el norte de Nicaragua, decidió abandonar la lucha y pactar su rendición.

El líder de la tribu, un cacique de alta estirpe, se presentó en el campamento de los capitanes españoles para ofrecerles tierras a cambio de la paz, al lado del cacique estaban los dos sukias, hermanos gemelos que poseían el arte de la magia ancestral y que servían de guías espirituales para la comunidad indígena.

Los capitanes no se confiaron del ofrecimiento y el cacique y su comitiva fueron apresados y el pueblo entero puesto en esclavitud de los señores que luego talaron los bosques para construir sus villas. Cuentan que los sukias lograron escapar una noche y fueron vistos por última vez por unos niños de la tribu que les oyeron decir que se iban a vivir a Peñas Blancas, unas montañas en lo profundo de la selva, y que volverían cuando el mundo hubiese cambiado. Nadie supo más de ellos y sólo la leyenda sobrevivió.

Y era precisamente esa leyenda la que había movido a Eva ciento noventa y ocho kilómetros desde Managua hasta la inmensa cordillera que estaba ante sus ojos, aunque ahora que estaba cerca no parecía una cordillera, sino más bien un dragón acostado entre colinas y bosques verdes. Al comienzo no comprendía el origen del nombre hasta que se fijó en los farallones desnudos de roca blanca de la montaña, parchados por musgos propios del bosque de nubliselva.

Eva tenía doce años y nunca había viajado tan lejos de su casa, pero no crean que era una niña mimada, siempre que podía salía de excursión. Si uno la miraba de lejos parecía mayor, alta con los hombros estrechos y un cabello ensortijado que parecía hecho de alambre; era cuando la mirabas de cerca que podías ver la niña que brillaba en sus ojos café miel, unos ojos que miraban al universo como si todo estuviera recién hechito, piedras, árboles y montañas apenas salidos del horno como el pan del desayuno.

Cuando sus primas la invitaron a pasar una semana haciendo campamento en las faldas de Peñas Blancas, Eva hasta que saltó de contenta y de poco sirvieron las advertencias de su madre sobre las culebras y los saca bocados o que su padre no estuviese muy de acuerdo en pasar tanto tiempo sin su colochona, ella simplemente hizo su mochila y se fue al comenzar la semana santa con sus primas, por la carretera hacia Matagalpa, más allá de la Dalia.

Pasaron casi cinco horas antes que pudiera ver el dragón verde de farallones blancos, primero tuvieron que hacer varias compras: víveres en el mercado, plástico, hamacas y colchonetas y un bolsón de rosquillas que casi exterminan en la camioneta si no ha sido por la intervención oportuna de su tía.

El viaje acababa siendo bastante cansado, pero el panorama aminoraba la carga, era como hacer un recorrido en un almanaque de fotos de nicaragua: pasar por el puente de Tipitapa y mirar el barco que parece que está siempre a punto de salir a navegar con turistas, luego Maderas y Darío, blancas y grises, el paseo por el trópico seco de la carretera entre guiñocuajos y árboles sin hojas, con la tristeza de los cerros pelados que luego se van repoblando poco a poco después de pasar Matagalpa y se empieza a subir por las curvas interminables de la vía hacia El Tuma-La Dalia. Finalmente la carretera que termina y la tierra se extiende bajo las ruedas de la camioneta y mil cerros rodean los caminos hasta que se llega a uno, imponente, que cubre todo el espacio mientras se extiende en cordillera como una muralla que parece decirnos que no se puede pasar porque ya llegamos a casa.

Después de haber pasado Kansas City y el puente de la Gusanera llegaron al empalme de La Mora y ya desde ahí se podía admirar el Picacho, el cerro que te da la bienvenida y que a medida que te acercás parece que se te viene encima y es abajito de él que doblaron a la derecha por que si se iban por la izquierda llegarían al Cua, donde dicen que aún vive Nicho, el hombre que puede oler las cosas que aún no han pasado, pero esa es otra historia.

Acabaron por parquearse en medio camino al lado de un terrero alambrado. Lo primero que hizo Eva al bajarse de la camioneta fue cerrar fuertemente los ojos y respirar hasta sentir bien adentro la humedad de las plantas y el fresco sabor a montaña y menos mal que se había recostado a un árbol cercano por que si no se habría caído del susto cuando Abraham le habló quedito para saludarla.

“Hola, ¿anda paseando?” le dijo y la quedó viendo despacito por que no la quería asustar, pero Eva no quería parecer chavala de ciudad y se hizo como si la montaña no la impresionase, “No, es que me faltaba conocer estos cerros de por acá, ya estaba aburrida de otros a los que me he subido”, el chavalo se sonrío un poquito mientras le miraba los zapatos tenis de suela baja y las manos finas de quien no trabaja en el campo, “Ha de ser” le dijo y se despidió con la mano porque no le gustaba la gente que hablaba aparentando.

Eva se sintió un poco apenada con Abraham que ella ni el nombre le conocía, luego le dirían que era el hijo menor de don Chico, uno de los patriarcas más respetados de la zona y el mejor cuentista de la región, pero al final la pena le duró poco, la montaña estaba ahí, sus primas, el agua de los ríos... los sukias.

El tío levantó un poco una parte del alambrado que estaba recortado y entraron todos. Estaban en un terreno más largo que ancho, como un tocino, y al fondo de viaje estaba un hermoso árbol de liquidambar, una de esas maravillas que sólo se puede ver en el trópico húmedo en sitios elevados, las hojas se parecían al maple pero el olor era como un perfume de hierba que te abrazaba todito si te subías a él. Pues ahí mismo, bajo la sombra del árbol empezaron a armar el campamento

Eva estaba deseando que la noche pasara rapidito para poder salir a recorrer todos los senderos de la montaña, era casi como esperar navidad pero con un poquito de frío.

Este es el inicio de "La Casa del Agua", Cuento ganador del primer concurso de literatura juvenil de la fundacion libros para niños de Nicaragua, en el año 2003.

Es la historia de una adolescente que viaja a una montaña de nubliselva, en el norte de su pais, ahi vivira diversas aventuras magicas a la vez que aprende sobre la naturaleza y las fuerzas del mundo bajo sus pies.

Para leer la version completa: http://www.scribd.com/doc/16763143/LA-CASA-DEL-AGUA-Alberto-Sanchez-Arguello-2003

martes, 11 de agosto de 2009

SER o ESTAR


El hombre finalmente pudo levantarse y lo primero que vio fue su auto incrustado en un árbol a unos pocos pasos de donde él se encontraba, no le llamó la atención el hecho de haber sufrido un accidente y no recordar ningún detalle del mismo, sino que por más esfuerzo que hacía con sus fosas nasales, ni una brizna de aire pasaba a través de ellas; después intentó espirar y obtuvo idéntico resultado, en una acción casi inconsciente colocó su mano a la altura del corazón sólo para comprobar lo que ya había imaginado: estaba muerto...

El Estar muerto no asustó al hombre, acostumbrado a conducir su vida a través de patrones de lógica y razonamiento frío. Su primera preocupación real fue la de encontrar una manera para regresar a su casa, así que después de verificar si su cuerpo se desplazaba de manera correcta, sacó ciertas cosas del auto y empezó a caminar por la carretera en busca de la civilización.

Ya en casa convocó a su mujer y a sus dos hijos al comedor familiar, buscando la mejor manera de comunicar la mala noticia. La primera impresión que vio en sus rostros fue de estupor seguida al poco tiempo de risas medio estúpidas que le parecieron de muy mal gusto dada su nueva condición física. Por más esfuerzos que el hombre hizo su familia no le creyó, sin embargó si consideraron seriamente la posibilidad de que el accidente hubiese provocado un daño cerebral significativo.


Poco tiempo después el médico llegó a examinar al hombre. No podía estar menos que intrigado con las afirmaciones de éste y empezó de inmediato a auscultarle; como era de esperarse encontró que los signos vitales habían desaparecido y que la temperatura corporal descendía rápidamente. El médico optó por brindar un diagnóstico a aquel "estado". Después de hablar varias horas de los Yoguis hindúes y algunos monjes tibetanos, el médico describió ciertos estados catalépticos y hasta comparó al hombre con los osos durante su estado invernal; habló de lo fascinante del caso y mientras salía por la puerta, comentó sobre escribir un artículo referente a aquel "estado".

La familia aceptó aquel diagnóstico bizantino y continuó con sus actividades diarias, el hombre se limitó a decir que no llamaran más al médico. Sin embargo al poco tiempo apareció un psiquiatra, aparentemente a pedido de los suegros que habían hablado con la esposa del hombre mientras el médico estaba de visita. El psiquiatra condujo al hombre a uno de los cuartos e hizo que se acostara mientras él tomaba notas desde una silla mecedora. El sujeto preguntó por su niñez y sus fantasías sexuales con su madre, el hombre respondió de mala gana las preguntas y emitió uno que otro improperio cuando el psiquiatra intentaba convencerle de su homosexualidad latente y del enorme resentimiento que le guardaba al perro de su vecino.

Finalmente el psiquiatra se fue, no sin antes mencionar que el hombre sufría de una crisis de "muerte histérica", provocada por sus instintos sexuales reprimidos que le hacían sentirse culpable, creando un mecanismo de defensa que desembocaba en el cese de las funciones vitales como castigo a sus pecados imaginarios. La familia abrió mucho los ojos y sin entender muchos sus palabras le dieron las gracias y hasta un pago extra por todas las molestias.

El hombre cansado de tanta estulticia decidió seguir con sus labores y percatándose de que ya era la hora de ir a trabajar, salió sin despedirse y sin probar bocado. En el trabajo sus compañeros se burlaron por horas, ya sabían lo que había ocurrido y aquello les había parecido sumamente gracioso, aunque muchos dejaron de reír al notar el extraño olor a podredumbre que empezaba a emanar del hombre.

Tiempo después cuando la familia se sentaba a comer y los hijos hacían expresiones de horror y repulsión al ver caer sus pedazos de piel podrida, el hombre sólo se limitaba a voltear la página del periódico en busca de los deportes.


Alberto Sánchez Argüello 28/3/99

domingo, 9 de agosto de 2009

EL UZUNFANIO QUE NO SABÍA REÍR


En el reino de Uzunfania
Vivía una vez un Uzunfanio
que no sabía reír
por más que lo intentaba
no podía ni siquiera sonreír.

Y es que en Uzunfania
Reírse era cosa muy seria
Porque por decreto y por ley
Todos los uzunfanios
Deben reír todos los días
Y más de una vez.

Por eso habían muchos payazos
Bufones y cuenta cuentos
eran las profesiones más nobles
Y existían de todas edades
Tamaños y dimensiones.

El Uzunfanio que te cuento
Pasaba todo el día triste
Ya que no podía reír
Estaba en primaria todavía
Porque había repetido tres veces
Por no pasar la clase de risa.

Sus padres habían hecho todo
Trajeron al gran bufón de la corte
El que hace que todos lloren al reír
Le dedicó tres días con sus noches
Y al final fue el bufón el que lloró
Por no hacer reír al Uzunfanio.

Poca risa y mucho dolor
Fue lo que sintieron sus padres
Cuando de la corte vinieron tres grandes soldados
Para llevar al Uzunfanio ante la presencia del Rey
Este lo recibió vestido con zapatones grandes
Y una peluca multicolor, le dijo que debía reírse
Si quería vivir conforme a la ley.

Pero el Uzunfanio solo encogió los hombros
Así que lo metieron al calabozo
Con otros infractores de la ley.


Ahí estaba también un enano
Con cara alegre y muy descansado
“¿Qué haces aquí?” le preguntó
“Porque no he cumplido con la ley”
Le respondió sonriente
“No entiendo, ¿no te ríes?”
Le preguntó al enano
Y este le respondió
“me río cuando quiero
No cuando lo manda el rey
Reírse es ser libre
Y ser libre es gozar”
El Uzunfanio se quedó asombrado
Y se le ocurrió preguntar
“Y como hago yo para reírme
Nunca he podido, ni por ley
Ni por nada más”

“Si queres reírte
Tienes que dejar
Que pase nada más
No te sintás obligado
Mírate en el espejo
comienza por vos mismo
Ríete de tu cara y ya veras”

Y así hizo el Uzunfanio
Se puso ante el espejo del calabozo
Y se fijó en su nariz grande como zanahoria
En los pelitos que salían de ella
En sus cachetes de chanchito
Y en sus cejas espesas como arbustos
Y poco a poco, sin saber como ni porqué
Sintió cosquillas en la boca
Y se puso a carcajear.

El Uzunfanio había aprendido
A reírse en libertad
Dicen que poco después
Aquel reino ya no tuvo rey
Que todos y todas se unieron
Y se rieron por doquier
Ya no necesitaron leyes
Para reír o para ser.

Alberto Sánchez Arguello
Obra participante Cuarto concurso Nacional de Literatura Infantil
“Libros para niños y niñas 2008”
Categoría POESÍA
Fundación Libros para Niños
29 de Mayo 2008

EL MONSTRUO DEL ARMARIO


Eran dos hermanos, niño y niña eran
Todo el tiempo peleando
Dame que te pego
te pego que te doy.

Chepe y Chepita se llamaban
Estos niños que te cuento
Pero lo que te quiero contar
No son sus eternos pleitos.

Quiero contarte la maravilla
Que les ocurrió una noche
antes de ponerse a dormir
acostados en el mismo cuarto
Lado a lado sus camas.

A Chepe se le ocurrió
Que quería a Chepita asustar
Y empezó a contarle la historia
Del monstruo que vive en el armario
Un viejo mueble del cuarto
Que cierran antes de cenar.

Chepita escuchó a su hermano
Que le contó de sus garras
Y largos y terribles colmillos
Con ojos rojos y espeluznantes
Que brillan en la oscuridad.

Pero ella en vez de asustarse
Ella agregó más detalles al monstruo
Dijo que se comía a los niños
Que no dejan dormir a las niñas en paz
Y que en ese preciso momento
Estaba a punto de llegar.

Entonces escucharon un ruido del armario
Sonidos de movimiento, arañazos y más
Y ambos salieron corriendo
Gritando: papá, mamá!!

Y cuando volvieron al cuarto
Con focos, garrotes y papá
Abrieron el gran armario
Y todos pegaron un brinco
Cuando un ratoncito
Escapó a toda velocidad.

Alberto Sánchez Arguello
Obra participante Cuarto concurso Nacional de Literatura Infantil
“Libros para niños y niñas 2008”
Categoría POESÍA
Fundación Libros para Niños
29 de Mayo 2008

EL SR PLÁSTICO


Yo vivo en Managua
Hay mucho ruido y mucho calor
Juego con los chavalos de mi barrio
Gaby juega que es policía
Yo juego a que soy Doctor.

Corremos por el Luis Alfonso
El parque más grande de mi ciudad
Lástima que no es como antes
El resbaladero se oxida con la lluvia
Y la resbalada se hace más dura
Saltamos y jugamos
Pero cada vez hay más basura.

Yo digo que el Sr. Plástico
Vino de visita a la ciudad
Descansa en las aceras
En los parques
En las casas y los mercados
Pero luego no se va.

El Sr. Plástico viene con agua
Trae juguitos y hasta comida
Es un señor con muchas formas
Tiene forma de bolsa y de botella
Todo lo ensucia
Y en todo lugar se queda.

En el parque siempre lo encontramos
Y cuesta mucho que se vaya
Porque si hoy limpiamos entre todos
Mañana vuelve a llegar
que no nos quite nuestro espacio
Queremos que nos deje jugar.

Yo quiero que el Sr. Plástico
Mejor vuelva de donde vino
Nosotros no necesitamos
Tanta bolsa y botella
Seguro que vos y yo podemos
Hacer que nuestra ciudad
Vuelva a ser bella.

Alberto Sánchez Arguello
Obra participante Cuarto concurso Nacional de Literatura Infantil
“Libros para niños y niñas 2008”
Categoría POESÍA
Fundación Libros para Niños
29 mayo 2008

miércoles, 5 de agosto de 2009

CRONICAS DEL TIEMPO DEL NO TIEMPO: LA LOCURA


Cuando la bruja blanca era joven sus viajes de sueño le mostraron los caminos de su largo proceso espiritual, ahí encontró a sus acompañantes, energías femeninas verdes y moradas que pueblan los mares y los ríos, guardianas de la luz que siguen a la muerte que renace, la que partea el alma de la gente.


Los sueños son puertas al mundo interior pero también pueden ser portales a los mundos que nos vemos en el día, la bruja accesaba ambos en su peregrinaje anterior al sexto sol.


Una noche, la bruja blanca se soñó en un laberinto, caminando en un espacio infinito de un cuarto sin paredes, rodeada de gente perdida en su mente, en batas blancas y miradas ausentes, ella se llenó de horror aún sabiendo que el único peligro real era ser tocada. Se movió entre ellos manteniendo distancia, con la certeza de una búsqueda y una intención.


La contemplación de aquellos dementes le trajo en retorno la mirada de ellos, una mirada que le decía que ella era la extraña en aquel mundo, su control y razón no tenían lugar entre los que habitaban las profundidades de la locura, y en ese ir y venir de miradas, descubrió el equilibrio eterno de los procesos espirituales: el descenso necesario a los infiernos interiores que permite el renacimiento del alma, una nueva integración del ser.


La bruja blanca caminó entonces en el laberinto de la locura, camino necesario de caos para encontrarse en su nuevo estado, flujo y reflujo de la estabilidad e inestabilidad propia de los momentos de cambio en la vida.


En aquella noche, en medio del tiempo del no tiempo, la bruja blanca construyó en su sueño la imagen de su proceso: el camino de la razón que busca su evolución en medio del caos y la locura, dejando el control atrás para fluir desde la intuición y el espíritu.


En la vigilia del nuevo sol otros y otras también caminaron en los sueños y encontraron respuestas a sus procesos espirituales, y al hacerlo abrieron las puertas a la especie.


La bruja blanca se encontró a si misma innumerables veces, compartiendo existencia con sentimientos y sensaciones en continuo cambio y transformación. Su energía, conectada con el kame, fue guía en diferentes tierras y tiempos, y cada sueño fue una semilla que le ayudó a germinar.


7 TOJ

6 KEJ

martes, 4 de agosto de 2009

Hijos de la luz y la oscuridad


Somos hijos de la luz y de la oscuridad

así que hemos de hacer brillar nuestra luz

y conocer nuestra oscuridad para controlarla...

Surgimos de los mares

y nuestros cuerpos están echos de agua

como el agua debemos entonces fluir

y ocupar los lugares más bajos

para llegar a todos y todas por igual

Somos energía

nuestras moléculas son hermanas de las estrellas

por eso sabemos que no estamos solos ni solas

que somos parte del todo

una manifestación física del gran ser

el corazón del cielo

corazón de la tierra.

Somos luz

somos oscuridad

somos agua

somos energía...

brillemos,

sintamos,

fluyamos

vibremos...

Mientras estemos aquí

hagamos que sea perfecto.