miércoles, 5 de febrero de 2014

LA PÁGINA EN BLANCO


Normalmente no me encuentro con ese problema de la página en blanco; las ideas vienen de algún lugar que desconozco, algo así como hojas que caen encima de mi cabeza y me hablan de un personaje, una situación extraña o un lugar nuevo que me invita a visitarlo. De ahí al texto sólo es cosa que hallar la chispa de inicio y la explosión del final, lo demás es ladrillar el camino con las palabras adecuadas, ni muchas, ni pocas, lo justo.

Pero ayer me pasó esta cosa rara de tener ganas de escribir pero no saber de que y me di por horas de cabeza con una página en blanco que me recordaba esa peli del dos mil tres, “La nada” dirigida por Vincenzo Natali, una hilarante y surrealista comedia de dos amigos que descubren que tienen el poder de desaparecer cosas y acaban por hacer desaparecer al mundo entero, hasta dejar sólo una nada blanca infinita.

Me vi a mi mismo en esa nada de la hoja, traté de convertirla en una tormenta de nieve, de esas que podrían congelar a Jack Torrance en su intento de atrapar a Danny en el laberinto del Overlook, pero me falló totalmente la asociación porque viviendo en el trópico, la nieve es ficción para mí.

Finalmente vi un camino, un senderito tenue, hecho de arena negra que surcaba serpenteante entre las interminables lindes blancas de la hoja. Después de caminar por horas llegué a una casita minúscula con forma de cabaña rústica y sólo una ventana, Me agaché para ver a través de ella, pensando si Alicia estaría creciendo adentro, pero lo único que vi fue una personita idéntica a mí, sentada frente a un escritorio de roble, escribiendo frenéticamente en una laptop vieja. El pequeño gemelo alzó la mirada y me dijo que en aquel preciso instante estaba escribiendo sobre mí. Yo no le respondí y deshice mis pasos lo más rápido que pude, hasta que me salí de la hoja.

Sentado frente a mi laptop, me tomé un tiempo para divisar el caminito, pero ya no estaba ahí, pero sí experimenté una intensa sensación de que alguien me miraba desde la ventana trasera que da a la calle: podía sentir un ojo gigante que esperaba que yo me volteara. Yo apagué la máquina y me fui despacio sin voltear a ver, hasta que llegué a mi cuarto.

A salvo entre las sabanas me tomé tres pastillas y me prometí no volver a dejarme llevar por las ganas de escribir cuando no tengo una premisa, eso de estar ante la página en blanco es algo realmente peligroso.

Alberto Sánchez Argüello

Managua Febrero 2014

Imagen: fotograma película "Nothing" 2003 49th Parallel Productions

jueves, 30 de enero de 2014

FRIO


Como todas las noches siempre soy el último en entrar al cuarto. Me quedo en la sala dando vueltas como animal encerrado, enllavando la puerta, guardando juguetes, cepillándome los dientes, agotando los últimos minutos del día antes de irme a acostar.

Apagué las luces y me fuí caminando en la oscuridad, haciendo un esfuerzo por no imaginar que un ser largo de ojos como monedas de plata, con piel pálida, enferma de venas azules, me mira desde la mecedora que ha ocupado, ahora que lo hemos dejado de estorbar.

Atravesé el umbral de la puerta que da a la cocina y los cuartos, fingiendo para mí mismo que no quería correr a refugiarme en la cama, como hacía cuando era niño, pero un sonido me detuvo: un crujir de madera.

Deshice mis pasos, obligando a mis piernas a caminar hacia la silueta que estaba sentada en la oscuridad. Mientras mi mente se llenaba de gritos de terror, me di cuenta que no era ningún monstruo de mi niñez, era sólo mi madre que me miraba con ojos cansados.

Me dijo que dónde estaba tenía mucho frío, que prefería dormir aquí, si a mí no me molestaba. Yo no le dije nada y me quedé inmóvil, apenas conteniendo las lágrimas. Me despedí en silencio y cerré la puerta tras de mí, no tuve el valor de pedirle que regresara a su tumba, donde ya nadie la puede abrazar.

Alberto Sánchez Argüello
Managua Nicaragua Enero 2014
Twitter: @7tojil


Imagen: Detalle de ilustración de Laurie Lipton

viernes, 17 de enero de 2014

ERNESTO EN EL FIN DEL MUNDO


A mi hermoso hijo
Ernesto Sánchez Espinosa

I

Al fin del mundo se llega en bicicleta. Ernesto toma la suya y recorre selvas amazónicas y desiertos salados para llegar hasta allá.

II

Ernesto sólo lleva un sándwich de queso y un banano cuando viaja hasta el fin del mundo, prefiere viajar ligero y cazar su comida.

III

En el fin del mundo se camina siempre cuesta abajo, un descuido y uno se sale del mundo. Por eso Ernesto lleva puestas sus botas mas pesadas.

IV

Ernesto nunca ha encontrado otras personas en el fin del mundo, sólo ciudades de hormigas de cristal y grandes calamares azules.

V

Ernesto descubrió la máquina que fabrica el viento en el fin del mundo. No se acercó mucho: el pingüino que la maneja estaba de mal humor.

VI

En el fin del mundo Ernesto encontró tortugas gigantes que juegan a hacer torres. Cuando una se cae la gente del mundo lo llama terremoto.

VII

En el fin del mundo las nubes se sientan a descansar. A Ernesto le gusta escucharlas cuando charlan de sus largos viajes, mientras se toman un té.

VIII

En el fin del mundo se reúnen todas las horas que la gente pierde. Ernesto juega con ellas a congelados entre los árboles de ceniza.

IX

A Ernesto le gusta ver la caída de los océanos en el fin del mundo. A veces una ballena azul cae y flota más allá, a poblar otros universos.


X

Cuando Ernesto está en el fin del mundo, lanza piedritas a otros planetas, pero con cuidado, no vaya a ser y los quiebre.

XI

En el fin del mundo Ernesto puede saltar hasta la luna. Le gusta pasear por sus desiertos grises y tomar algunas rocas para su amiga Paula.

XII

En una playa de arena rosada del fin del mundo, Ernesto lee mensajes de las botellas de miles de náufragos. Algunos poemas lo hacen llorar.

XIII

Ernesto se regresa del fin del mundo en su bicicleta, antes de las seis. En casa lo espera una cena caliente y su madre, ansiosa por escucharlo narrar sus viajes.


Publicado originalmente en @7tojil
Alberto Sánchez Argüello
Managua Enero 2014

Imagen: Internet

Stefano Valente tuvo la generosidad de traducir esta serie al italiano en su maravilloso blog "Il sogno del minotauro": http://sognodelminotauro.blogspot.com/2014/01/ernesto-alla-fine-del-mondo-alberto.html

domingo, 29 de diciembre de 2013

MIS TUITS MAS COMPARTIDOS DEL 2013

My Top Tweets of 2013

Tweets

  1. De noche las cucarachas escriben ensayos literarios, evidentemente todos dedicados a Kafka.
  2. Cuando puso la caracola en su oreja escuchó el mar y muy al fondo el sonido de los violines del Titanic.
  3. El apocalipsis se ha pospuesto al menos cien veces. Todo gracias a un viejo borracho que desde una montaña cuenta chistes repetidos a Dios.
  4. Los árboles componen las más bellas sinfonías con el viento, pero sólo las hormigas y mariposas las disfrutan a plenitud.
  5. Los generales tienden a sufrir de insomnio, todo por su maldita maña de fusilar ovejas en vez de contarlas
  6. El maestro de danza contemporánea pasa observando con microscopio bacterias y protozoos, lo necesario hasta dar con una nueva coreografía.
  7. El mago dijo que en su sombrero había infinitos conejos, pero sólo vieron uno. Ahora imaginen sus posibilidades agregó...
  8. En el principio habían 300 millones de dioses, pero sólo uno verdadero que los miraba desde 300 millones de espejos, mientras sonreía burlón
  9. Los turistas del universo paralelo se asombran a al ver que de cada persona sólo hay una. Ellos no sabrían que hacer sin sus 600 iguales.
  10. De noche se baja del cuadro y hace gestos de odio, dolor, risa, todas las caras del mundo. Amanece y la Mona Lisa vuelve a su marco.

jueves, 12 de diciembre de 2013

METAMORFOSIS


Manuel siempre volvía a casa a las seis menos cuarto. Dirigía un gruñido a sus hijos y un manotazo a las nalgas de su esposa, mas por costumbre que por deseo. Al final de la noche permanecía absorto ante el televisor hasta que sólo se mostraba estática, apenas consciente de la cena aceitosa que aún se licuaba en sus intestinos y las quejas constantes de su familia.

Posiblemente por eso no llegó a notar los silencios cada vez más continuos y las ausencias progresivas: su esposa atrapada por las telenovelas, su hija chateando infinitas conversaciones y su hijo devorando los víveres de la casa.

Un día, después de varias cenas en solitario, exploró la casa y se encontró con dos celulares en el cuarto de su hija, un refrigerador desconocido en el de su hijo y un televisor nuevo en la cama, del lado de su esposa.

Sin mayor interés en entender lo que había pasado, se apresuró a vender los aparatos, dejó el trabajo y gastó toda su liquidación en cerveza. Se dedicó entonces al sueño de su vida: beber y mirar televisión hasta morir.

Alberto Sánchez Argüello
Managua Diciembre 2013


Imagen: Laurie Lipton

jueves, 5 de diciembre de 2013

EL PISO INFERIOR



Después de trescientas aplicaciones y decenas de entrevistas, finalmente conseguí trabajo. El primer día llegué temprano para impresionar. Al pie del edificio me quedé un tiempo mirando hacia arriba, tratando de ver el último piso, pero se perdía más allá de las nubes y me dio tanto vértigo que casi doy contra el piso.

Café en mano entré. Le pasé al lado a una recepcionista que estaba leyendo los obituarios de la semana; no me pidió documentos, ni me dio orientaciones, así que entré directo al ascensor. Ya dentro, me quedé perplejo al encontrar que sólo había una pequeña pantalla y un teclado al lado de la puerta: no había botones de piso. Mientras trataba de descifrar aquello, se metió un joven con unas enormes alas saliendo desde atrás de su americana. El alado tecleó 7,777,777 y el ascensor empezó a subir a una velocidad vertiginosa.

A partir de ese momento no supe cuánto tiempo pasó: mi reloj se detuvo a las ocho aeme. El costado transparente del ascensor fue mostrando la ciudad cada vez más lejana, hasta que todo el mundo parecía sólo una maqueta llena de hormigas diligentes. Luego aparecieron las nubes pastando plácidas en un cielo azul infinito que se fue tornando más oscuro hasta quedar sólo un negro profundo, poblado de estrellas dispersas.

Después de una eternidad de silencio llegamos al piso superior. Se abrió la puerta y pude ver un espacio sin puertas ni ventanas, lleno de jóvenes alados, de saco y corbata, todos idénticos a mi acompañante, caminando en todas direcciones. –Pase buenos días- me dijo y salió.

De nuevo solo, recordé la única orientación del email que me habían mandado y puse “0” en el teclado. Esta vez vi la ciudad hundirse y las diferentes capas de tierra y piedra hasta llegar a una zona llena de lava volcánica y humo.

Cuando se abrió la puerta noté que el reloj se había puesto de nuevo en movimiento mostrando las ocho aeme y un minuto.

Apareció ante mí otro espacio ilimitado sin puertas ni ventanas, lleno de jóvenes idénticos a los del piso superior. Uno de ellos se me acercó –Bienvenido señor gerente - me dijo sonriendo y me entregó un tridente antes de conducirme a mi oficina.

Alberto Sánchez Argüello

Managua Diciembre 2013

Imagen: internet