sábado, 18 de octubre de 2014

LOS RIESGOS DE LLEVAR LO PRIVADO A LO PÚBLICO


Después de varios años de malestares digestivos decidí hacerme un chequeo médico completo. Mi esposa insistió en que fuéramos a una clínica privada, pero yo no estaba dispuesto a darle mis ahorros a esos chupasangre. Así que hice todas las filas necesarias y aguanté la mala atención de las enfermeras del seguro social, hasta obtener una cita.

Me tocó un internista joven que sin mayores preámbulos me dijo que mi caso era muy extraño, digno de un estudio médico. A manera de explicación me mostró las imágenes tomadas en los exámenes. En ellas se podía apreciar claramente una comunidad de hombrecitos y mujercitas labrando grandes campos de cereal en mi intestino delgado.

Yo me sorprendí mucho y mi mujer me regañó por toda la cochinada que como en el mercado durante la compra de fin de semana. El internista entusiasmado aseguró que había mapeado toda una ciudad que iba desde mi esófago hasta el duodeno. Luego trató de contarme sobre las maravillas de sus medios de transporte pero yo lo interrumpí, lo que me interesaba era saber cómo deshacerme de ellos. Él hizo todo lo posible por hacerme cambiar de parecer apelando a mi deber con la ciencia, la piedad cristiana y cosas así, pero al final logré sacarle una receta con fuertes antibióticos acompañados de laxantes y un subsidio.

Les ahorraré la descripción de mis terribles idas y venidas al baño, sólo diré que fueron días bastante duros. Lo cierto es que nuevos exámenes confirmaron que mi cuerpo estaba deshabitado.

Un par de meses después recibí la visita de un funcionario del ministerio de justicia. Desde el umbral de la puerta me pasó un citatorio para una audiencia. Cuando abrí el sobre me encontré con una acusación de genocidio premeditado en mi contra. Mi mujer aprovechó aquello para sacarme en cara que esto no habría pasado si hubiésemos ido con un privado…


Tiene razón.


Alberto Sánchez Argüello
Managua Octubre 2014

Imagen: estudio anatómico Leonardo da Vinci

viernes, 17 de octubre de 2014

LOS INCONVENIENTES DEL CAMBIO CLIMÁTICO



El barman me preparó un whisky apenas me senté en la barra. Yo le agradecí el buen servicio y pensé que el bar merecía otra oportunidad. Antes de ocuparme del trago apagué los celulares y dejé en el piso el maletín, a ver si lograba tener una hora sin preocupaciones.

Tomé el vaso y lo noté más pesado de lo normal. Al fijarme en su contenido me encontré con un oso blanco aferrado a uno de los cubos de hielo. El animal me quedó viendo y rugió lo más fuerte que pudo, mostrándome sus dientes afilados. Yo me quedé un tiempo mirándolo, decidiendo entre pedir un cambio de trago e irme sin pagar.  

Uno va a los bares a sacudirse el mundo exterior. Ya les había dejado pasar que me dieran tragos con pingüinos y hasta alguno lleno de inuit que intentaban construirse un igloo, pero esto de osos fue el colmo. 


Me fui sin despedirme.

Alberto Sánchez Argüello
Managua Octubre 2014

OTROS MUNDOS IMPOSIBLES



EL DESCUBRIMIENTO DE EUROPA

Los bárbaros iberos vieron llegar los barcos aztecas con asombro y maravilla.

ESTRATEGIA FALLIDA

Devorado el último cristiano en el coliseo, el oráculo le dijo al emperador que había salvado al mundo de papas y curas católicos.

SONÁMBULO

La última vez que Dios caminó dormido causó la extinción de los dinosaurios.

DESPUES DEL CATACLISMO ATÓMICO

Los domingos las cucarachas se reúnen para alabar y dar gracias a la ojiva nuclear.

EL OTRO LLAMADO

La bestia apocalíptica que salió del mar no fue Chulhu, sino un continente de plástico que cobró vida.

METEMPSICOSIS

El fin del mundo fue tan rápido que humanos, plantas y animales siguieron simulando que existían.

FEMICIDIO ORIGINAL

El Génesis omite las seis antecesoras de Eva que no cumplieron con las expectativas de Adán.

LA REPÚBLICA DE LOS PECES

Se cumplió el sueño de Morazán cuando un terremoto llevó a Centroamérica al fondo del mar: todas sus naciones formaron un sólo país.

RESTOS DE LAS DICTADURAS

Llovió durante tanto tiempo, que los cuerpos de los desaparecidos salieron de la tierra para regresar a sus casas.


Alberto Sánchez Argüello
Managua octubre 2014
Textos originalmente publicados en @7tojil


Imagen Mammon de Alex Gross

jueves, 16 de octubre de 2014

ELLOS HEREDARAN LA TIERRA



El joven K entró despacio al gran salón de los heterometábolos. Adentro fue recibido en silencio por el consejo de ciudadanos subterráneos y un ujier le indicó su lugar con un breve chasquido.

El sumo sacerdote se ubicó en el centro del salón. Alzó sus patas delanteras e inició la ceremonia de la mayoría de edad, recitando los linajes de invertebrados a lo largo de cuatrocientos millones de años de evolución.

Mientras el oficiante continuaba el recorrido a través del carbonífero, el cretácico y el extinto antropoceno, K estaba tan nervioso que tenía que contraer su musculatura para forzar la entrada del aire a través de sus espiráculos.

Al terminar el recital de linajes K estaba más tranquilo. Llenó sus tráqueas de oxígeno y pasó al centro, reconocido por sus mayores como un ciudadano con plenos derechos. Ahí tomó entre sus extremidades superiores el libro sagrado y empezó la lectura…

Bendito sea el polímero de petróleo
Bendita sea la Dioxina
Bendito sea el nombre del ébola
Bendita sea la ojiva nuclear…
        
Y así continúo durante horas la letanía de bendiciones por la sobrevivencia de los blatodeos y la extinción de los humanos.

Alberto Sánchez Argüello
Managua Octubre 2014

Imagen: internet

martes, 14 de octubre de 2014

LOS PELIGROS DE USAR ACONDICIONADOR



Roberto Espinoza y yo trabajamos juntos en una agencia de publicidad. El tipo era un genio para el desarrollo de marcas e imágenes corporativas... antes de su cambio.

Una mañana se sentó en su cubículo durante horas sin hacer nada. Le pregunté si estaba bien, pero sólo me respondió incoherencias sobre estar indignado con la manera en que acosaban a las mujeres en la calle, o de lo arrepentido que estaba de haber proyectado su imaginario patriarcal sobre el cuerpo de todas sus parejas. En fin, puras locuras.

Ese día presenté la campaña de un desodorante masculino. Cuando pedí comentarios Roberto nos dijo que éramos una tropa de machistas que sólo servía para perpetuar la imagen de la mujer como un objeto sexual y se fue.

Meses después nos enteramos que su familia lo había mandado a una clínica en Berlín. Ahí descubrieron que sufría de una variable del síndrome de masculinidad feminista espontáneo. El estudio médico determinó que todo comenzó después de una semana de usar un nuevo tipo de acondicionador.

Lo sometieron a un tratamiento agresivo de pornografía heterosexual y altas dosis de testosterona inyectada. Lograban que Roberto chifleteara a las enfermeras, pero después lo encontraban leyendo a escondidas a Simone de Beauvoir y tenían que reiniciar el procedimiento.

Después de cinco años la familia decidió suspender el tratamiento y asistir junto a él a consejería familiar y varios talk show televisados.

Roberto intentó ser parte de varias colectivas feministas, pero no lo dejaron entrar -desconfiaban de la duración del efecto del acondicionador- Ahora marcha sólo por las calles cada ocho de marzo y trata de aleccionar a los hombres en los bares de la ciudad.

Un caso muy triste, de verdad que sí.

Alberto Sánchez Argüello
Managua Octubre 2014

lunes, 13 de octubre de 2014

BITÁCORA DEL CAPITAN


Muy de mañana preparé el desayuno con coco y ensalada de mango con banano de las islas cercanas. Limpié la parte de la cubierta que aún sobresale y me puse la escafandra para revisar las partes bajas del barco. Registré cinco centímetros más de hundimiento, pero el casco sigue intacto.

Después me aseguré que Agatha comiese toda su comida y le pasé un plato a la vieja tortuga galápagos. Cuando Agatha terminó de comer le ayudé a colocarse la escafandra más pequeña, revise nuestros niveles de oxígeno y me fui con ella a explorar el arrecife, en busca de peces y estrellas de mar.

Cuando regresamos la tortuga seguía dormida y el sol estaba justo sobre nuestras cabezas. Preparé pescado y lo serví con algunas algas verdes.  Agatha no quería comer, así que le recordé que yo era su hermano mayor y el capitán de este barco hundido. Ella -a regañadientes- me hizo caso y se lo comió todo.

Al final del día nos fuimos a dormir al único camarote seco. Con la luna asomando en el horizonte se escuchó el bramido sordo del calamar gigante y luego el resoplar del cachalote. No pasó mucho tiempo para que ambos hicieran crujir el barco con su lucha terrible. Abracé a mi hermana y le susurré que todo estaría bien.

Con Agatha dormida y todo en silencio, salí hacia la cubierta inclinada. Me quedé ahí un largo rato, adormilado por el titilar de las estrellas y los ronquidos de la tortuga.

De repente el cachalote apareció frente a mí, mirándome con uno de sus enormes ojos. Me dijo que se iba a divorciar del calamar y volvió a las profundidades sin más. Yo me quedé ahí sin entender nada: no conozco el lenguaje de los monstruos marinos.

Alberto Sánchez Argüello
Managua Octubre 2014


Imagen: internet

sábado, 11 de octubre de 2014

LA SIEGA



Frida cerró los ojos y contó hasta diez, despacio, dejando que los números se dibujaran en su mente en grandes caracteres blancos sobre un fondo negro. Luego miró cada uno de los rostros de las otras niñas que estaban esperando junto con ella. Todas lucían nerviosas, algunas dejaban escapar pequeñas lágrimas, pero ninguna hablaba, ni siquiera un leve susurro, nada.

Meses atrás Frida trató de convencer a su madre de que se la llevara lejos, que la escondiese en alguna cueva o en medio de las dunas de un desierto. Su mamá la abrazó y le explicó una vez más que todas las niñas debían pasar por la siega al llegar a los doce años de edad.

Frida no entendía porque las mujeres no estaban hechas para los cielos, no se sentía menos fuerte ni más vulnerable que los niños. Pero todas sus preguntas siempre eran descartadas por sus padres o castigadas con puntos menos en la escuela.

Cuando le tocó su turno las otras niñas le sonrieron nerviosas. Adentro el segador le indicó que se acostase boca abajo en una camilla de metal. Dos asistentes le sujetaron brazos y piernas con bandas de cuero mientras le inyectaban un líquido azul en los hombros.

Frida miró hacia el cielo por la ventana, ahí donde los hombres vuelan con sus enormes alas extendidas al sol, mientras a ella le cortaban las suyas con una sierra  esterilizada.

Alberto Sánchez Argüello

Managua Octubre 2014

Imagen: internet