domingo, 26 de octubre de 2014

EMESIS



La farmacia estaba llena cuando entré. Algún tipo de promoción había convocado a todos los vejestorios del barrio. Una fila de ancianas pelo teñido y calvos barbados con sus sonrisas destentadas me miraban curiosos mientras yo trataba de evitar que las náuseas me botaran.

-Usted tiene que vomitar, sacarlo todo- me dijo un setentón medio bizco. Yo lo quedé viendo con odio y sentí que estaba a punto de cubrirlo con mi bilis. Empecé a respirar más despacio. Nada más repugnante que vomitar, desde niña lo había evitado.

-Él tiene razón, se nota que anda un montón de mierda jodiéndola por dentro. Vaya, saque todo en el baño del fondo- agregó una vieja pelo rojizo que se abanicaba con la revista cinematográfica. Yo empecé a ver doble. No tenía ninguna esperanza de conseguir un anti emético.

Mi cuerpo se dirigió hacia el fondo de la farmacia, traté de evitarlo sujetándome de las paredes, pero mis piernas siguieron su camino. De repente todo se puso rojo, cerré los ojos y dejé salir todo en el inodoro. Cuando los abrí la tasa estaba llena de mis padres, mis hermanas, mi novio, mis ex, mis vecinas chismosas, mis profesores de la universidad, mi jefe, varios sujetos que me dicen cosas morbosas en el trayecto al trabajo y la mayoría de mis amigos.

Todos estaban muy serios y me hacían gestos para que los sacara, pero yo sólo me limpie la boca y dejé ir de la cadena con una sonrisa.

Alberto Sánchez Argüello
Managua Octubre 2014

Imagen: internet

DIÁLOGOS



EL HISTORIADOR

-Usted escribe sobre vencedores o vencidos?
-Sobre vencedores. Los antropólogos forenses escriben sobre los otros.

EL ANTIDISTURBIOS

-Y esa macana para qué le sirve?
-Para matar la memoria

EL INMIGRANTE

-Y usted, ¿por qué se va al norte?
-Para morir mejor.

Sr. MINISTRO

-Queremos la verdad!
-¿Cuál? la del pueblo, del presidente, de la oposición, la mía? aquí vivimos en democracia de verdades.

El GENOCIDA

-Usted terminará dejando sin gente este país.
-No se preocupe, este pueblo  es católico y fecundo.

TORTURA SELF SERVICE

-Se va usted?
-Le dejo las tenazas y el martillo. Proceda usted mismo y llámeme cuando esté listo para confesar.

CARONTE

-Usted ya no trabaja de barquero?
-No. Con tanto genocidio y fosa común se secó el leteo y las almas cruzan en masa.

IGUALA

-Busca el aula de su hijo?
-No, su fosa.

DIOS

-¿Usted creo el universo?
-Para nada, yo sólo hice un préstamo cuántico con intereses infinitos.

LA VERSIÓN DEL LEÑADOR

-¿Admite que lo mató?
-Sí. Pero la idea de negociar con pieles de lobo fue de la abuela.


Alberto Sánchez Argüello @7tojil
Managua Octubre 2014


Imagen: Alex Gross

jueves, 23 de octubre de 2014

EL CUERPO


En el séptimo día de nuestro viaje al centro de la tierra, un cuerpo enorme nos bloqueó la pasada. El excavador tuvo que picar granito durante dos semanas alrededor de él hasta que logramos franquearlo.

Una revisión exhaustiva de los restos del gigante condujo al hallazgo de una carta escrita en braille. En ella dejaba constancia de heredar los derechos de regalía por la biblia a sus hijos y las fábricas de crucifijos a la virgen. En una postdata denunciaba a Nietzche como su asesino.

Decidimos como grupo no hablar del asunto y borramos el incidente de la bitácora. Era mejor así: las iglesias que apoyan nuestra expedición pueden quitarnos los fondos sí anunciamos que encontramos el cadáver de Dios.  

Alberto Sánchez Argüello

Managua  Octubre 2014

Imagen: Alex Gross


martes, 21 de octubre de 2014

EL SILENCIO DE LOS CUERPOS





Para los normalistas de Iguala

Cuando me desperté estaba oscuro y sentía un dolor fuerte que me recorría la cabeza. Miré alrededor y me topé con un ojo desnudo que me miraba trémulo bajo la luz de la luna. Tardé un tiempo en darme cuenta que mis restos yacían entre los cuerpos desmembrados de los compañeros de la marcha. 

Le hice un gesto a los amigos que logré reconocer entre el mar de miembros, pero voltearon la mirada. Con dificultad me moví entre ellos y tomé lo que fui encontrando hasta hacerme un cuerpo de retazos.

Después de muchos intentos de superar la torpeza de mis nuevos pies, pude levantarme y traté de convencer al resto de muchachos que me acompañaran. Les dije que buscáramos la manera de llegar hasta nuestros hogares, pero sólo escuché algún llanto bajito y nada más.

Así que me fui renqueando de vuelta a casa, para abrazar a mi madre y decirle que todo está bien, que no volveré a protestar, que lo mejor es callar.


Alberto Sánchez Argüello
Managua Octubre 2014

Imagen: internet


ALGUIEN CIVILIZADO



La cafetería estaba repleta de personas sin fineza ni cultura, todas hablando de sus trabajos insípidos y estúpidas anécdotas cotidianas. Harto de su ruido pensé que era mejor seguir paseando la mascota de mi hija, así que puse el diario en la mesa y pedí la cuenta.

Casualmente me había encontrado en el periódico con un anuncio del lugar donde la compramos. Es indignante que las ofrezcan como dinosaurios de bolsillo. Un año después de que nos vendieron el huevo, no existe un bolsillo en el que esa bestia pueda alcanzar.

En la calle, el guarda me vio venir y zafó la correa de un poste para entregarme el animal. No pude dejar de notar que al sujeto le faltaba el brazo izquierdo, así que le pregunté que había pasado. Me dijo con tranquilidad que mi mascota se lo había arrancado, pero que todo estaba bien, que siempre había usado más el derecho.

Claro que le dejé una buena propina, era lo mínimo que podía hacer después que tuvo la amabilidad de limpiar su sangre de la piel del tiranosaurio.

Alberto Sánchez Argüello

Managua Octubre 2014

Imagen: internet

domingo, 19 de octubre de 2014

CUANDO SE CAEN LOS MUROS QUE NOS SEPARAN



Yo estaba leyendo el diario cuando escuchamos un fuerte estruendo. Salimos al patio y vimos que todos los vecinos también estaban alarmados. No tardamos en descubrir que uno de los muros del residencial había cedido después de varias semanas de intensas lluvias.

Al acercarnos al derrumbe nos dimos cuenta que unas casitas humildes habían sido aplastadas. Alguien llamó a emergencias y tratamos entre varios de mover los grandes trozos de cemento.

"Temblor" gritó alguien y los vecinos salieron corriendo en todas direcciones. Sólo yo me quedé para ver salir a varias familias desde debajo de los escombros. Sus cuerpos cubiertos de lodo, caminando con dificultad por sus piernas rotas y espaldas resquebrajadas.

Recogieron despacio sus pocas pertenencias y recuperaron los restos de plástico negro y zinc que pudieron para irse a reconstruir sus hogares en otro lugar

Yo traté de ofrecerles nuestra casa al menos por esa noche, pero  mi mujer me dijo que ya estaban muertos y que no podíamos hacer nada por ellos.

Ahora tienen sus casitas cerca de otro de nuestros muros. Cuando hay viento se cuela un hedor a descomposición por las ventanas, pero nosotros usamos más ambientador y  no pasa nada.

Alberto Sánchez Argüello
Managua Octubre 2014

Imagen: Foto El Nuevo Diario

sábado, 18 de octubre de 2014

LOS RIESGOS DE LLEVAR LO PRIVADO A LO PÚBLICO


Después de varios años de malestares digestivos decidí hacerme un chequeo médico completo. Mi esposa insistió en que fuéramos a una clínica privada, pero yo no estaba dispuesto a darle mis ahorros a esos chupasangre. Así que hice todas las filas necesarias y aguanté la mala atención de las enfermeras del seguro social, hasta obtener una cita.

Me tocó un internista joven que sin mayores preámbulos me dijo que mi caso era muy extraño, digno de un estudio médico. A manera de explicación me mostró las imágenes tomadas en los exámenes. En ellas se podía apreciar claramente una comunidad de hombrecitos y mujercitas labrando grandes campos de cereal en mi intestino delgado.

Yo me sorprendí mucho y mi mujer me regañó por toda la cochinada que como en el mercado durante la compra de fin de semana. El internista entusiasmado aseguró que había mapeado toda una ciudad que iba desde mi esófago hasta el duodeno. Luego trató de contarme sobre las maravillas de sus medios de transporte pero yo lo interrumpí, lo que me interesaba era saber cómo deshacerme de ellos. Él hizo todo lo posible por hacerme cambiar de parecer apelando a mi deber con la ciencia, la piedad cristiana y cosas así, pero al final logré sacarle una receta con fuertes antibióticos acompañados de laxantes y un subsidio.

Les ahorraré la descripción de mis terribles idas y venidas al baño, sólo diré que fueron días bastante duros. Lo cierto es que nuevos exámenes confirmaron que mi cuerpo estaba deshabitado.

Un par de meses después recibí la visita de un funcionario del ministerio de justicia. Desde el umbral de la puerta me pasó un citatorio para una audiencia. Cuando abrí el sobre me encontré con una acusación de genocidio premeditado en mi contra. Mi mujer aprovechó aquello para sacarme en cara que esto no habría pasado si hubiésemos ido con un privado…


Tiene razón.


Alberto Sánchez Argüello
Managua Octubre 2014

Imagen: estudio anatómico Leonardo da Vinci