martes, 14 de julio de 2009

NEMAGON CITY

Time buried enveloping it's roots over their houses

Black plastic,wood and hammocs
Mute witnesses of an uncertain future
Dead upon birthAll of them already poisoned
None will survive facing The deadly chemicals
Their mother: the Transnational Corporations.

Take me to Nemagon City
There where everyday dignity lives
There where everyday hope dies 
Under the deputies' glassy eyes
Under the silent stare of Managuans.

That city is our City of the Future
Bitter face of Development
Collateral damage of Progress
A future for which no one is responsible
A promise turned treason
Only poisoned citizens
Only the dead sleeping with Nemagon.

Take me to Nemagon City
I want to make tourism out of misery
I want to know about the time Herty -the mayor-tried to hide them
Shall their unsightly presence spoil the mood of Carnaval.

I want to know of their now 
Like those praying in my "rotundas" 
I want to see where they shit, eat and sleep
I want to know what they dream of as they regretfully die.

Which schools will we have named?
What murals will we have painted?
On what day would we commemorate?
When Nemagon City is alone and her inhabitants are all close together
under the earth they once cultivated. 

Because of that 
Take me to Nemagon City
While it still exist
While it still has heart beats
while it still isn't the reminder of why Progress and Development
Are a big cesspool lie.

Autor: Alberto Sanchez A
Traduccion: Cristiane Cuadra


CIUDAD NEMAGON

El tiempo enterrado 

enrolla sus raíces en sus casas
Plástico negro, madera y hamacas
Testigos mudos de un futuro incierto
Que desde que nació ya estaba muerto
Pues todos ya están envenenados
Y ninguno sobrevivirá al fatal encuentro
Con los químicos mortales
Y sus madres las transnacionales.

Llévame a Ciudad Nemagon
Ahí donde cada día vive la dignidad
Ahí donde cada día muere la esperanza
Bajo los ojos vidriosos de los diputados
Bajo la mirada silente de los managuas

Esa ciudad es nuestra ciudad del futuro
rostro amargo del desarrollo
efectos colaterales del progreso
el futuro del que nadie es responsable
de una promesa convertida en traición
solo ciudadanos envenados
solo muertos que duermen con Nemagon.

Llévame a ciudad Nemagon
Quiero hacer turismo de miseria
Saber de cuando Herty quiso esconderlos
Porque afeaban el paso del carnaval
Quiero saber de su presente
Como rezadores de mis rotondas
Quiero ver donde cagan, comen y duermen
Quiero saber con que sueñan
Mientras lentamente, mueren.

Que escuela habremos nombrado?
Que murales habremos pintado?
Que día habremos conmemorado?
Cuando ciudad Nemagon este sola
Y sus habitantes estén juntitos
Bajo la tierra que cultivaron

Por eso, llévame a ciudad Nemagon
Mientras aun existe, mientras aun palpita
Mientras aun nos recuerda que progreso-desarrollo
Son una gran mierda-mentira.

7TOJ 15 FEBRERO 2008


Ellos tienen miedo


Ellos tienen miedo

A no ser nunca lo que el señor televisor 
les dijo que podrían ser
Porque en el mundo del consumo 
somos lo que consumimos
Y consumimos lo que somos
Con créditos de plástico como llaves 
para los candados del presupuesto

Aquí hay miedo pero no hay techos para el último célular
La última pantalla de plasma y el mini componente 
que llevaremos al mar
Agujerear el oído de la vecina
Inflar la envidia de los demás
Ser alguien pues
Como dijo el señor televisor
Y más
Mucho más...

Ellos tienen miedo
Porque los sueños necesitan de un jefe
Alguien que los pueda emplear
No importa que el precio sea dar el culo
O incluso perder las propias ideas
Bien lo vale una casa en cuotas
Un nombre, un puesto, ser alguien en sociedad

Aquí hay miedo pero siempre se puede agachar más
Dar todo el poder al nuevo jefe y así garantizar
La receta para nuevas dictaduras
Y que nos maten por miedo
Y que el miedo nos vuelva a matar
La voluntad
La dignidad
Y más
Mucho más...

Ellos tienen miedo
A no lograr sus deseos
A no ser alguien ante los demás
No saben que ya están muertos
Porque el miedo te mata vivo
y ya no sos
Mas... 

ASA 3 ENERO 2008


EMULFARES TRAGALUCES DE KATUMENES DIAS SIN PARAR


A 12 Kame


Emulfares tragaluces 
de Katúmenes días sin parar
Pasa la voz escutemiente mientras el brioso liz apresta a juglar
Cada cien mil trescientos ciclos fulsurea el gris calamar
Como si fuera esterpento abierto
Como si fuera siemgruyeres despertar.

Me sublimas en tu placida forma de necroser
Con retrocardia manera de desnudar
tu piel blanca y argefesa
Con tu sutil y calciente manera de matar.

Te desgarro y me kulmenas al gemir
Energía tras energía, un asdente ritual
Retorciendo y deteniendo 
tiempos sin germinar
Con emulfares tragaluces
De Katúmenes 
de días sin parar.

ASA 2007


HOMBRES Y MUJERES DE MI BARRIO (primer lugar cuento CANTERA VII CONCURSO NACIONAL “OTRA RELACIÓN DE GÉNERO ES POSIBLE” 2007)

Todos los chavalos de la cuadra se juntan en la esquina de la pulpería. Puntualitos a las seis y media ya están llegando, unos bien bañados, con sus gorras y sus pantalones de reggeaton. Otros apenas vestidos y bien cachimbeados, por los trabajos que tienen en la zona o en alguna vulcanizadora. Pero hoy no están ahí. Esta madrugada, a dos bloques de ahí, mataron a Dany. Lo encontraron con el cuello tasajeado, los brazos y piernas macheteados. Nadie dijo quién lo mató, pero todo el barrio sabe que fue por causa del "traido" con Charchaleado y su pandilla, que viven más allá del puente.


Hoy la esquina está despoblada. Sólo está Ricardo, llorando sin lágrimas la muerte de su hermano mayor, su mejor amigo. Aprieta los puños. Le duele la quijada de la rabia. Su corazón está partido entre el amor y el odio, entre la resignación ante la muerte y el deseo de una venganza imposible. 

"!!!Charchaleado hijuelagranputa!!!", —grita al aire, y se clava las uñas en las piernas hasta sacarse sangre. Diecisiete años en el barrio le han enseñado que la vida no vale nada cuando el honor de ser macho está en juego. Dany había defendido a una chavala en una fiesta. Charchaleado andaba bolo y la quiso manosear a la fuerza. Dany le dio un empujón tan fuerte que el jefe de los puenteros se fue contra el piso. Todos se echaron a reír y se "bajaron" en él. Charchaleado estaba tan tomado que no podía sostenerse, y sus bróderes no estaban con él, pero alcanzó a gritarle a Danny su maldición: "¡A mí nadie me turquea, hijoputa! ¡El que te mata soy yo!" —y se fue dando tumbos. Así comenzó el "traido", así comenzó la muerte.


Por la calle de tierra aparece Jonathan, regresando apenas de llevar pacas de ropa a Jinotega. Se acaba de desayunar con la noticia de la muerte Dany, y se apresura a la esquina de la pulpería. De lejos mira a su carnal sentado en la cuneta. Lo mira bonito, con su camisa blanca y su peinado como el de don Omar. Jonathan se asusta de su propio pensamiento —"Si yo no soy maricón", —piensa. Y se pregunta si será que la cochonada del profesor de danza se pasa.

Finalmente los dos chavalos están frente a frente. Quieren abrazarse pero piensan que eso no es de hombres. Jonathan quiere llorar en el hombro de su amigo, pero lo detiene la idea de que lo vean y después digan en el barrio que se porta como mujer. Ricardo se decide a darle un apretón de manos y un medio abrazo palmotéandole la espalda, para dejar bien claro que ellos dos son machos, nada de mariposadas.


Jonathan se sienta en la cuneta —"¿Qué pasiones, prix?" —pregunta reprimiendo sus ganas de abrazar a su amigo y decirle cuánto lo quiere. —"Aquí, pensando en mi hermano", —responde Ricardo, —"aguantando como hombre el dolor y viendo cómo hago para matar a ese maricón". Jonathan se tranquiliza con esas palabras. Hablar de odio es más fácil que hablar de amor. —"Sí, prix, cuando los 'pescas' dejen de estar jodiendo, juntamos a la manada para desturcar a ese maje".


Dos años antes, Ricardo y Jonathan habían hecho juntos un viaje a Jinotega, y les había tocado dormir en la misma cama. Pasaron muy incómodos la noche, dándose la espalda para evitar todo contacto. Ya con lo helado de la madrugada se abrazaron, y con el canto del gallo que anuncia el sol, abrieron los ojos, se quedaron largo rato entrelazados, mirándose en silencio, y así, sin palabras, se habían dado un beso. Un cosquilleo les recorrió todo el cuerpo, y se abrazaron con más fuerza. Pero luego sus mentes se inundaron de voces —"¡¡¡Cochón, maricón, pato, mariposa, gay, gay, gay!!!"—. Con horror deshicieron el abrazo, sintiendo un sudor frío en el cuerpo, y volvieron a darse la espalda.


Ya de vuelta en Managua, Jonathan, que todavía era virgen, empezó a porfiar con su novia para que le diera una prueba de amor y de ese modo asegurarse de ser hombre. Hasta le había exigido que no usaran condón por varios días seguidos, para estar bien seguro de sentirlo todo. Ocho meses después nació Andrea. Jonathan tuvo que dejar de estudiar y dedicarse sólo a las pacas, pero no le pesaba: había demostrado que era hombre, y eso bastaba. Con Ricardo no hablaron nunca de aquella noche, le habían puesto una piedra al asunto. Alguna vez recordaba el abrazo, pero hasta ahí. Por lo demás, era como si nunca hubiera pasado.


En la esquina los dos amigos planean su venganza. Se les junta Heidi, una prima de Jonathan que había andado un tiempo con Ricardo, cuando los dos eran bien chateles y se daban piquitos en los recreos. —"Ay, corazón, ya me contaron lo que pasó" —le dice a Ricardo, y se abrazan con fuerza. Las lágrimas vuelven a aflorar en los ojos de Ricardo, pero se arrecha consigo mismo y la aparta —"¡No!" —le grita, —"Me vas a hacer llorar". Ella lo mira entre enojada y preocupada, y lo atrae a sus brazos. —"¡Pues llorá! ¿Qué tiene de malo?". Jonathan está por decir también que no hay falla en llorar por la muerte de un hermano, pero Ricardo habla antes que él —"¿No ves que soy hombre? Yo no lloro, me aguanto. En mi casa siempre han dicho que soy el más fuerte, y ahora que sólo yo quedo, tengo que ser más fuerte que antes". A Ricardo le tiembla la voz y se le atora la garganta. Heidi lo vuelve a abrazar en silencio. Ricardo ya no aguanta más, pone las manos en los hombros de su amigo y los tres se abrazan.


Ricardo llora, quedito al comienzo, sintiendo las primeras lágrimas quemándole el rostro y humedeciendo el hombro de Heidi. Intenta resistirse y forcejea, pero al final se abandona, y sólo llora. El odio se va enfriando y va dejando paso a más amor por su hermano, para dejarlo ir en paz y plantar en su corazón los buenos recuerdos.


Quedan un rato los tres abrazados en silencio. Ricardo se separa un poco y mira a los ojos de Heidi con un agradecimiento silencioso. Luego mira a Jonathan, y ambos sonríen. El abrazo se lo dan sin pensar, sin fijarse que sus mejillas se tocan y que sus manos recorren suavemente las espaldas, sin palmotearse, sólo sintiendo.


"¡Ay amorrrr!" —les grita un chavalo a la pasada. Heidi alza el puño con el dedo cordial levantado —"¡Tarado! —le grita, pero Ricardo y Jonathan ya se separan y ocultan la mirada. —"¿Por qué les da pena?" —pregunta Heidi. Ellos no hablan, incómodos. Ricardo aún tiene húmedo el rostro, es la primera vez que llora desde que tenía siete años. En aquella ocasión se le había derramado encima la sopa caliente, y cuando su mamá lo vio llorar le pegó dos cachetadas tan duras que le habían dejado marca. —"Dejá de llorar. Sos hombre y los hombres no lloran, ¡se aguantan, jodido!". Más tarde ese mismo día lo tomó en su regazo y le dijo: —"Tenés que ser fuerte para que nadie te joda, no quiero que te me hagás cochoncito, ¿oíste?". Desde entonces no había vuelto a llorar. Cuando sentía ganas se golpeaba el pecho o se pellizcaba las piernas. Pero ahora piensa que se puede llorar sin perder la fuerza, que se siente rico abrazar a su amigo, que tal vez su mama estaba equivocada.


—"Ya estoy mejor, me hicieron bien los abrazos... me sentí bien con tu abrazo, Jonathan". Los dos amigos se miran a los ojos y algo parece haber cambiado, ya no hay nervios ni ganas de jodedera, sólo el reconocimiento de la nueva experiencia, de algo que se rompe adentro sin saber muy bien qué es, y algo nuevo que germina, chiquito, pero fuerte.


—"A mí siempre me ha dado pena abrazar a otros hombres. Así, pues, con cariño, y no a vergazo, como hacemos siempre" —responde Jonathan en voz baja, no muy seguro de lo que dice. —"Pero bien que no te da pena decirles chochadas a las chavalas cuando estás con la manada" —le recrimina la prima con el ceño fruncido. —"Eso no es lo mismo" —responde Jonathan algo molesto. —"A las mujeres les gusta que uno las enamore, y se visten para provocar, mientras que a los hombres les parece cochonada que otro hombre les diga algo o los toque así, suave". Ricardo escucha la conversación, pero en su mente se está revisando él mismo. Piensa en las veces que ha reprimido sus emociones, o que ha tratado con violencia a las mujeres. Piensa en la de veces que se ha peleado con otros majes, todo por ser el hombre que su mamá le enseñó a ser, el hombre que no debe llorar, que debe ser fuerte y no débil, como le han dicho que es una mujer. Ser un hombre que tiene sexo, pero no amor, que aguanta la vida como si fuera una guerra.


—"No me jodás vos" —responde Heidi. —"Ni a mí ni a ninguna maje que yo conozca nos gustan las vulgaridades que ustedes nos dicen. Pasa que ustedes son los inseguros que tienen que estar demostrando que son hombres, y creen que ser hombre es que les gusten las mujeres". Jonathan se queda pensando y responde. —"Para ustedes es fácil, no tienen que demostrar que son mujeres, mientras que a nosotros siempre nos están diciendo que parecemos cochones, mujeres, maricas. Nuestra hombría siempre está en duda, y nadie quiere que se 'bajen' en él, que se burlen. Hasta nuestra mamá nos dice eso, ¿viste? ¡Las mujeres son las que nos joden!".


—"¡¡¡¡Ya!!!!" —grita Ricardo con las manos en la cabeza. —"A mi hermano lo mataron por eso, porque un cabrón estaba defendiendo sus huevos, su imagen de hombre en el barrio. Yo ya no quiero eso. Estaba pensando cómo matarlo, pero eso es más de lo mismo, ¿no ven? Hacemos cosas que ni entendemos. Yo me sentía mal por no poder llorar, pero no quería reconocerlo… He estado aguantándome, y me da miedo, porque los bróderes lo joden a uno, apenas uno se porta algo distinto ya se burlan, te golpean. Y por eso mismo trato mal a las mujeres, porque si soy cariñoso algunas hasta me reclaman, me piden fuerza, y así me he acostumbrado. Ya no, ya no quiero…". Luego queda en silencio y siente su rostro caliente, se da cuenta entonces de que ha vuelto a llorar, y se siente bien. Ya no le apena que Jonathan y Heidi lo miren, tal vez con otros no sería igual, pero con ellos se siente seguro, y da gracias por eso.


Los tres chavalos se miran, se sientan en la cuneta y poco a poco se van acercando hasta quedar pegaditos uno con otro, una con otro. Se pasan las manos por las espaldas y empiezan a canturrear una tonada. No saben bien por qué están de repente alegres, sueltos, ligeritos de corazón. Sólo saben que la vida parece un poco más fácil, y ellos más unidos que nunca.


En la esquina de la pulpería se juntan todos los chavalos de la cuadra, pero hoy sólo están tres, dos chavalos y una chavala que tejen en silencio una red, apoyándose entre sí, descubriendo otra manera de ser, de vivir, de sentir.


Alberto Sánchez Argüello
2007

EN AQUELLOS ESPEJOS...



Las pupilas dilatadas en medio de la noche, el rostro apenas tocado por el resplandor de una luna creciente que baila entre mis ojos reflejados en el espejo de la sala, absorbo el silencio de la noche junto al sonido palpitante del corazón que retumba los oídos.


Sé que él está ahí, lo siento en los cabellos erizados de mis brazos y en cada vértebra de la columna, como un observador silencioso que se nutre de mis actos, como una sombra que se alarga y proyecta desde la espalda hacia las múltiples paredes de la casa.


Me viro despacio sobre mi hombro y la casa misma parece mirarme desde sus rugosidades de madera, miles de ojos de níspero y pino, mirando con amor a su habitante más cercano, adornos, china, platillos y fotos, todos grises y opacos ante la escena lunar, pero a la vez llenos súbitamente de la vida impregnada por treinta años de recuerdos y varias almas insanas que han rondado incasablemente aquellos ladrillos rojos y terrazas de cemento.


Y yo ahí, inmóvil, como si estuviese de nuevo entre la selva virgen de mi montaña, aterrado entre jaguares alucinantes de agua y roca, apenas consciente del cuerpo, sintiendo el aire, las paredes, el suelo mismo, y su presencia, profunda, intensa...

Preguntas agolpadas en mi cabeza, sentimientos dispersos como llamaradas, pero la opresión pasa, puedo despegarme del espejo y mover mi cuerpo con renovada libertad, me pregunto entonces si así, al igual que él, yo volveré a la casa a verme en aquellos espejos... al morir.


Alberto Sánchez Argüello
Octubre 2006


LA TIERRA DE LOS CAVILADORES


A Borges

Desperté sorprendido con dos lágrimas en mis mejillas, había llorado dormido, no me era fácil desapegarme de la ilusión corporal, a pesar de mis mil quinientos años, seguía sufriendo la histeria propia de quien se cree encarnado, el llamado síndrome de los vivos, estudiado afanosamente por el concilio de los sabios de halicarnaso.

El ardor del gusano que carcomía mi mente me ayudó a centrarme, era la frustración que siempre me acompañaba al despertar, la de arrastrar mi espíritu abatido por todo lo perdido.

Los rugidos de las olas embravecidas acabaron por despejarme por completo, el combate celestial de rayos me quitó el aliento y me estremecí con la figura grande y adusta de Carón, que me contemplaba en silencio desde la popa de nuestra improvisada barca, "Al fin despiertas" me dijo, "Tus pesadillas nos han dado buenos vientos, pero ahora están a punto de hundirnos" yo intenté hacer un gesto de disculpas pero el dolor en mi espalda congeló mi rostro en un rictus de dolor, el combate en la feria de los Dioses había dejado huellas en mi alma.

Contemplando el huracán que mis pesadillas habían manifestado, me dí cuenta de lo poco que había logrado olvidar. Carón me había impedido beber del río, el barquero sólo había hecho amistad con dos almas en su vida: el primero, un viejo filósofo y el segundo, un guerrero de la luz que había perdido la batalla... a veces sentía que habría sido mejor que me dejase olvidar en vez de llevarme en estos viajes.

Carón parecía descifrar el vaivén de las olas con la mirada serena de un espíritu que ha visto el trasegar de infinitas almas ¿dónde estamos? pregunté, conociendo que la respuesta después de tantos viajes juntos, "en algún punto entre tu imaginación y mi memoria" me dijo con tono acre.

Y como siempre, como si sus palabras fueran un conjuro para mis pesadillas, el mar se volvió negro y la tierra apareció de repente ante nosotros, como la espalda de una ballena gris, apenas tuve tiempo de admirar las ramas secas de algunos árboles otoñales que parecían recibirnos desde la playa.

Nuestra barca encalló con tal fuerza que salí despedido hacia los farallones y seguramente habría muerto desnucado sino fuera porque mi cuerpo ya no tenía vida que perder.

Al poco tiempo Carón había aparecido para ayudarme a recuperar la postura, tenía que agradecer al viejo barquero por su paciencia, a pesar de que le complicaba sus viajes con mi necia imaginación, manifestando sifones y huracanes, él siempre lograba encontrar la ruta hacia sus recuerdos, antiguos como la primera de las humanidades.

"Estamos en la tierra de los caviladores" dijo en un tono apenas audible, como si lo dijese más para sí mismo. Fue hasta entonces que noté lo extraño de aquel lugar, a diferencia de las otras islas aquí todo parecía muerto, más allá de la neblina gris que producía la imprecisión de los recuerdos de Carón, la tierra parecía estar hecha de cal y los árboles secos eran la única señal de que alguna vez vida alguna hubiese poblado aquellas latitudes.

"¿Esto es mi manifestación?" pregunté y Carón miró hacia las tierras desnudas con melancolía, "No" respondió después de un tiempo "Aquí habitan los caviladores, los de la eterna reflexión, los verdaderos inmortales" yo quedé impresionado con la respuesta, ¿podía ser que la especie humana hubiese persistido después de todo?, ¿incluso después del tiempo del no tiempo? Carón, que podía escuchar mis pensamientos, me miró con severidad y una vez más me ubicó "Nada sobrevivió, esta es la confluencia entre mis recuerdos y tus pesadillas, recuérdalo o tendré que dejarte en el mar" aquello bastó para dejar mis ilusiones en paz, no quería perder la razón, Carón me había salvado demasiadas veces de la locura.

"Un viejo pordiosero de Antioquía me habló de este lugar" dijo Carón "Antes de caer en desgracia aquel pordiosero fue esclavo en una escuela de filósofos, ahí escuchó a sus amos cuando preparaban su viaje a una lejana isla en los mares del sur "

El pordiosero había contado a Carón que sus amos habían marchado y nunca más nadie había sabido de ellos, pero el barquero siempre encontraba la manera de saberlo todo y fue el espíritu de un cangrejo de piedra el que le trajo noticias de aquella isla, un lugar donde los filósofos habían fundado su propia utopía, una sociedad de pensadores que con los años había logrado alcanzar el máximo ideal de los intelectuales: el nacimiento del hombre puro sapiens. Un hombre sin ataduras instintivas, sin pensamiento de especie ni carácter social. Aquel hombre usaba totalmente su razón, no había acción, por más nimia que fuera, que no fuera objeto de su reflexión y razonamiento: los latidos de su corazón, la secreción hormonal, la temperatura de su cuerpo, el movimiento de sus intestinos, cada uno de los cabellos de su cabeza, cada poro de su piel, el movimiento de los astros en el cielo, las aves que se posaban en los árboles de la isla, el gesto de cada rostro, las emociones propias y ajenas, desde su formación bioquímica hasta su expresión corporal.

Se llamaron a sí mismos los caviladores y por un tiempo sintieron la gloria de ser los primeros inmortales, por que al controlar totalmente su cuerpo, sus emociones y su entorno, habían superado la enfermedad y la vejez, su pensamiento bastaba para controlar todo.

Luego mientras mayor fue el control más saturada de información quedaba la mente, eso obligó a los cerebros a expandir sus coeficientes y así lo hicieron. Pronto fueron tan inteligentes que podían hablarse entre sí sin mover los labios, luego no necesitaron moverse al desarrollar la capacidad de mover las cosas a distancia, el control de sus emociones les dio la posibilidad de dedicar toda su energía a la contemplación intelectual y el control total de su cuerpo de alimentarse del aire como algunas bacterias, sus cuerpos se volvieron vegetativos y cada uno de ellos alcanzó la iluminación.

A llegar aquel momento los caviladores no pudieron moverse nunca más, su ser, al volverse totalmente intelectual, era incapaz de actuar ya que cada acción era pensada en sus infinitas posibilidades y cada acción en sus reacciones posibles era a su vez infinita como el reflejo de miles de espejos cara a cara, y así, como jugadores de ajedrez ante su primera jugada, los caviladores colapsaron hacia un congelamiento eterno del pensamiento de las infinitas posibilidades de sus acciones, de ahí su inmortalidad, ya que la muerte era también una de las posibilidades y no lograban decidirse sobre ella tanto como no lograban decidirse sobre mover las manos o levantarse.

Así había llegado el tiempo del no tiempo y los eones de extinción no les habían tocado, "Por eso nunca utilizaron mis servicios" dijo Carón con una sonrisa, aquella pequeña isla había quedado rezagada entre el fin de los días, como un recuerdo que se extiende como un eco hacia el horizonte..

Finalmente encontramos a los habitantes de aquella isla muerta, entre la neblina se fueron dibujando como sombras blancas cubiertas de velos de seda, algunos yacían acostados en la arena, otros de pie en extrañas posiciones, parecían estatuas mortuorias, estaban cubiertos del polvo del tiempo, algunos nidos de pájaros extintos y ramas secas enredadas entre sus miembros evidenciaban su eviterna inmovilidad.

Antes de poder acercarme a uno de ellos Carón me tomó de la mano, "No" me dijo "Aunque solo sea una sombra de mi recuerdo no le hagas sufrir" yo quedé intrigado por su prohibición y él me explicó sus motivos "Si te viera tendría que sumar a sus infinitas decisiones la de hablarte o no, darte la mano izquierda o la derecha, asustarse o alegrarse, y así hasta que el mundo volviese a nacer de la nada en el océano de la posibilidades universales".

Yo quedé mudo ante aquello y empecé a moverme en silencio al lado de Carón mientras volvíamos a dirigirnos a nuestra maltratada barca, y antes de volver a emprender nuestro viaje imaginario me volteé para contemplar por última vez aquella raza de inmortales, congelados en el tiempo, incapaces de conocer que el universo había desaparecido y ellos existían apenas como sombras, entre mis pesadillas y los recuerdos del barquero de los infiernos.


ASA 24 Octubre 2005