jueves, 26 de noviembre de 2015

LOS GARCÍA -26 DE NOVIEMBRE - FINAL



Mi hermana desapareció. Llevaba varias noches de paseos hasta la madrugada, pero esta vez no volvió. Le dije a mi madre que llamara a sus amigas de la escuela, pero a ella sólo le importa el hacha de papá. Se pasa todo el día sacando brillo al metal, mirándose a sí misma en el reflejo de su hoja. Creo que su mente está tan mal como la mía.

Yo tuve que ponerme guantes para olvidarme del payaso, aunque permanece la sensación pegajosa de sangre entre mis dedos. No he bajado al sótano. No quiero confirmar que su cabeza sigue ahí. Mi padre parece que también desapareció. Desde que se fue no volvió a llamar. 

Sólo me queda Lucía, mi mejor amiga de la escuela. Aunque se puso muy extraña desde la muerte de su hermano. Incluso me contó de una vaca que le enseñó a construir una pequeña máquina. Al comienzo no quería ayudarla a armarla, pero  me fue convenciendo un poco cada día. Así que fuimos reuniendo las piezas y decidimos guardarla bajo mi cama. Ahora Lucía está enferma en casa y sólo quedo yo para activarla. Cuando lo haga, la máquina producirá una onda expansiva que me borrará a mí, luego a mí madre, los vecinos, el resto de departamentos, a Lucía y su madre, la escuela, mis compañeros y profesores, el ministerio, los bomberos, los policías, los perros, los gatos, los árboles del parque, los niños sin casa, la heladería, todos los chocolates, el resto de ciudades, el agua, la tierra, mi padre…  

Sólo tengo que acercar mi mano, apretar el diminuto botón rojo y desear en el último segundo que el mundo vuelva a nacer, con otras ciudades, con otros departamentos y en uno de ellos mi familia, a como fuimos, a como pudimos ser.

Mi madre algún día lo entenderá…

Alberto Sánchez Argüello

Managua Noviembre 2015

#Wordvember DÍA 26

miércoles, 25 de noviembre de 2015

LOS GARCIA -25 DE NOVIEMBRE




Sentada en esta banca pienso en mi vida. Ya no queda nada de esa emoción inicial de flotar sobre los techos. Moverme por encima de los parques y esperar sentada en las copas de los árboles. Acechando a vagabundos y niños perdidos con sus tarritos de pegamento. El gusto de la cacería. La recompensa final.

En casa la carne cruda escasea. Mi madre ya no sale a hacer compras como antes, se la pasa todo el día sacándole brillo al hacha de papá. Mi hermano parece que tiene algo roto por dentro, lavándose siempre las manos hasta sacarse sangre de la piel, mirando las paredes como si quisiera hablar con nuestra abuela.   Ese sitio ya no es mi hogar.

En otras ciudades los vampiros adolescentes se mueven en manadas, bañando de sangre el asfalto nocturno de las ciudades. Yo amo mi soledad, pero a veces quisiera un acompañante, otro monstruo que mire la luna como yo la miro. Alguien con quien compartir la cacería. 

Por eso me acerqué a ese muchacho. Ese que tenía una mirada oscura, un brillo de demonio. Lo seguí por horas y me hice notar. Él me esperó en un callejón. Noté que tenía un bulto bajo su chaqueta. Me dije a mí misma que era una pistola, una navaja quizás. Me acerqué confiada de mis colmillos y cuerpo inexpugnable. Él me dejó acercarme y ofreció su cuello. Yo, consumida por la fantasía de un amante inmortal, me dejé llevar.

Tardé un tiempo en sentir la estaca rascando mi corazón. En un parpadeo desmembré al muchacho, pero el daño estaba hecho. En el fondo sabía lo que iba a pasar, siempre lo supe. Ahora la banca se alarga debajo de mí, como un mausoleo de granito. Allá arriba la luna se torna roja y yo siento frío, por última vez.

Alberto Sánchez Argüello

Managua Noviembre 2015

#Wordvember DÍA 25

martes, 24 de noviembre de 2015

LOS GARCÍA -24 DE NOVIEMBRE



El grifo del baño está goteando. Escucho la gota caer cada cierto tiempo, pesada, haciendo un eco que recorre el departamento, como una pequeña explosión. Me gusta que el espacio se llene de su sonido. Me hace compañía. Prefiero concentrarme en ese goteo, en vez de los ruidos de los coches que van y vienen por la calle, como si la noche les diera permiso para ir más rápido.

Tengo hambre, pero no sé si vale la pena caminar hasta la refrigeradora, son cinco metros que mis huesos van a resentir. Toca decidir entre mi estómago y mis rodillas. Creo que van a ganar mis rodillas. A mí edad hay que saber cuáles son las batallas que vale la pena perder. De todos modos ya pronto amanecerá y me cocinaré un par de huevos revueltos con tomate. Es sólo otra jornada de insomnio para un viejo jubilado.

Mi nieto viene mañana. Otra vez intentará convencerme de mudarme a su casa en la ciudad vecina. Pero yo no quiero estorbar, su esposa es demasiado amistosa. Ellos no saben lo que es vivir con un viejo artrítico que empieza a olvidar ir al baño. Sé que insistirá con eso de que van a destruir la capital, y toda esa información confidencial que le pasaron en el ministerio. Algo sobre prevenir el apocalipsis y otras locuras que se inventa este gobierno.

No me importa si es verdad. Ya son demasiados años en estos departamentos, ¿qué harían estas paredes sin mis ronquidos ahogados? Además, yo sé que la señora García visita los departamentos cuando cree que nadie la mira. En las madrugadas entra con un hacha de metal y al día siguiente otro vecino desapareció. Es una buena forma de irse, sin molestar con velorios y funerales  caros y aburridos. Pienso en eso mientras escucho la gota caer. Puedo escuchar su recorrido en el aire, lento y preciso como una bomba de cristal y detrás, apenas perceptible, el sonido de la puerta abriéndose.

Alberto Sánchez Argüello

Managua Noviembre 2015

#Wordvember DÍA 24

domingo, 22 de noviembre de 2015

LOS GARCIA -22 DE NOVIEMBRE




Ayer renuncié a mi trabajo de laboratorista en el ministerio. No soportaba las miradas de odio de mis colegas y el dolor en el pecho me dificulta respirar. Maldita la hora en que hice el trato con esa estúpida vaca clonada. Tendría que habérsela entregado a la sección de interrogatorio alienígena en vez de traerla a mí casa.

Al comienzo me pareció una buena idea ayudarles a destruir la tierra y todo eso. Se me ocurrió que podría iniciar una pequeña comunidad terrícola en el planeta al que habían prometido llevarme. Tener mi propio harem y procrear una centena de niños. Traté de convencer a varias colegas. Pero ellas en vez de apreciar la oportunidad histórica que les ofrecía, me acusaron de cerdo machista y pusieron una denuncia por acoso laboral en recursos humanos. Me llamaron la atención y me hicieron pruebas psiquiátricas.

Ahora me vigilan. Hay cámaras en el inodoro, en el comedor y en mi cuarto. Abajo hay un auto de vidrios polarizados que nunca se va. Tuve que matar a la vaca y comérmela. Tardé varios días pero no podía dejar rastros. La niña de la vecina ha venido a preguntar por ella, pero me hago el sordo y la mando a su casa.

Desde que me comí la vaca, escucho sus comunicaciones telepáticas en un idioma que no comprendo. Varios tumores me crecen en el pecho irradiando una luz verdosa por las noches. Soy muy cobarde para matarme, pero sé que no me queda mucho tiempo. Así que no volveré a salir de la cama. Soñaré con ese planeta lejano en el que mi comunidad florece, en armonía entre mis esclavas sexuales y cienes de niños felices que me proclaman como su padre y su rey.

Alberto Sánchez Argüello
Managua Noviembre 2015


#Wordvember DÍA 22

sábado, 21 de noviembre de 2015

LOS GARCIA -21 DE NOVIEMBRE



Encontré una cabeza de payaso. Estaba en el sótano, envuelta en una sábana, dentro de una bolsa negra. Estoy segura que es alguna especie de mensaje. Alguien sabe lo que les hice a los del catorce y dieciséis.

Saqué la libreta y comencé una lista. Escribí el nombre del vendedor de seguros que nunca saluda, ese que tiene un tic en el ojo y parece que nunca se bañara. El del pastor que vive en la planta baja, el mismo que le grita todos los días a su mujer y mira de reojo a mi hija adolescente, la mira y se saliva como perro hambriento. El de la vieja gorda del treinta y tres, la que apesta a excremento de gato. Escribí sus nombres y calculé posibilidades. Luego dejé de escribir. Todos los que viven en este condominio son unos seres asquerosos. Pudo ser cualquiera.

Necesito tiempo para pensar. Menos mal que el inútil de mi marido volvió a irse. Otro supuesto congreso fuera de la ciudad. Un par de noches atrás quiso matarme de nuevo. Intentó abrir a hachazos la puerta del baño donde me escondí, pero se asustó a mi primera cuchillada. Es un cobarde.

Él se fue y dejó el hacha. Es un poco pesada, pero creo que la puedo manejar. Volví a sacar libreta y empecé un cronograma. Serán muchas noches, pero la cabeza del payaso necesita compañía.

Alberto Sánchez Argüello

Managua Noviembre 2015

#Wordvember DÍA 21

viernes, 20 de noviembre de 2015

LOS GARCIA -20 DE NOVIEMBRE



Me llegó un reporte urgente del departamento de Antiterrorismo y prevención apocalíptica. Es la advertencia número setecientos cincuenta y tres de un potencial fin del mundo.

Como siempre el reporte inicia con un recuento de nuestros éxitos recientes en política preventiva: la neutralización de veinte científicos locos, el desmantelamiento del clan de brujas malvadas del oeste, la cura del nuevo brote de zombies burocrátas y el hundimiento de una isla comunista. 

Agregaron unas cuantas advertencias sobre la epidemia de vampiros adolescentes, concluyendo que no hay nada de qué preocuparse, mientras sigan limpiando las calles de vagabundos y niños inhalantes.

La parte toral, sustentada en las visiones de treinta adivinos de feria, lectura de runas y varias tazas de café percolado, el I-ching, el calendario maya extendido y una corazonada de una sobrina de Edgard Cayce, concluye que el fin del mundo se está gestando en una tal familia García que vive en alguna parte de nuestra capital.  

Estas noticias son alarmantes y terriblemente inespecíficas, pero no puedo negar la efectividad de las predicciones del departamento. Me veré obligado a iniciar un largo y tedioso papeleo para solicitar a destrucción total de la capital y sus habitantes.

Alberto Sánchez Argüello
Managua Noviembre 2015


#Wordvember DÍA 20

jueves, 19 de noviembre de 2015

LOS GARCIA -19 DE NOVIEMBRE



Tuve un sueño muy extraño. Mi cama flotaba en un río subterráneo que avanzaba entre escaparates de vidrio. Cada escaparate mostraba a mi familia, estáticos como muñecos. En uno mi padre sostenía un hacha frente a mi hermana mientras mi madre sonreía, en otra mi hermana ahorcaba a mi madre mientras mi padre leía el periódico, en otra los tres desayunaban mi cuerpo en la mesa del comedor.

Al final del río la cama encalló en la base de una escalera vertical. Subí y me encontré en un cruce de túneles que parecían el sistema de alcantarillas de la ciudad. Mientras decidía cual tomar, escuché una risa y miré al payaso del parque correr. Lo perseguí sin querer hacerlo, como si mis piernas se mandaras solas. Corrí por horas, pasando por encima de crujientes colonias de cucarachas y pequeñas manadas de ratas que intentaban alcanzarme.

Finalmente llegué a una puerta al final del túnel. Al entrar me encontré en mi cuarto. El payaso en el centro, sosteniendo el hacha de mi padre. La tomé de sus manos y él se arrodilló frente a mí.

Cuando desperté sentí mojada mi cama. Levanté la sábana y la cabeza del payaso yacía a mi lado. Todo estaba empapado de sangre. Aún era temprano. Mi hermana flotaba dormida y mis padres seguían en su cuarto. Me apresuré a envolver todo en plástico negro y lo acomodé a como pude en el sótano, cuidando que mi abuela no estuviese cerca.

Ahora no sé si todo eso pasó. No quiero bajar para averiguar si la cabeza sigue ahí abajo. Me lavo las manos constantemente. Siento que la sangre no ha desaparecido. Necesito un mejor jabón o tendré que cortármelas.

Alberto Sánchez Argüello
Managua Noviembre 2015


#Wordvember DÍA 19