martes, 6 de octubre de 2009

PRIMER CAPITULO CHICO LARGO Y CHARCO VERDE: El Tesoro de Nicarao


Cuentan que en tiempos del General Zelaya, Nicaragua era un país con pueblos llenos de aparecidos y espíritus nocturnos, las señoras metían a sus hijos temprano a la casa para que no se los llevara la carreta nagua y los hombres apuraban el paso en los caminos de tierra para que las micas brujas o las ceguas no los fueran a embrujar.

Fue en esos tiempos que Don José Castellón decidió tantear la suerte y se fue por los caminos dejando a su familia al cuido de sus hermanos en el pueblito que los había visto nacer. No vayan a creer que Don José era un desobligado, no señor, él sólo quería encontrar la fortuna que necesitaba para darle a su familia una vida mejor.

Podría contarles muchas historias de aquella gira que hizo Don José: su encuentro con Santa Casilda, su pleito con los duendes del bosque de pinos o la vez que atrapó un brujo convertido en hormigón, pero esas son para contarlas en otra ocasión. Lo que les quiero contar es que al final de su viaje llegó a una isla que tenía dos volcanes y ahí tuvo un sueño que le puso la carne de gallina: soñó que a la orilla de una laguna estaba enterrado el tesoro del Cacique Nicarao, un tesoro de joyas de todos los colores que lo dejaban ciego a uno de tanto brillo.

Al día siguiente de su llegada a aquella isla, se levantó del petate y se fue derechito a encontrar la laguna del sueño, pasó entre varios árboles y matorrales y luego apareció ante él una laguna verde, rodeada de un bosque tupido. Don José agradeció al cielo por haberlo llevado a aquel lugar y se puso a cavar a la orilla de la laguna.

Pasó todo el día cavando con una palita que le había comprado a un árabe que vendía todo tipo de chunches en el puerto del gran lago. Al caer la tarde ya estaba cansado pero sólo había encontrado gusanitos y muchas piedras con dibujos extraños.

Al anochecer Don José se acostó al lado de la laguna con su cutacha al lado, pero no se lograba dormir porque sentía un hormigueo en el estómago, tenía miedo y no sabía de que. Así pasaron algunas horas hasta que escuchó que alguien lo llamaba desde la laguna, “José” decía una voz ronca, “¡José!” volvía a decir cada vez más cerca; Una figura larga y oscura se empezó a formar de las sombras de la noche y a Don José se le erizaron hasta los pelos de la espalda, agarró su cutacha y se persignó con la mano temblorosa.

“¿Quién anda ahí?” preguntó con valor a la sombra que tenía enfrente “Aquí me dicen Chico Largo” le respondió el espanto, “Quiero hacer un trato con vos” agregó. Don José sintió que se le iba el alma a los pies. En la isla la gente le había contado que un demonio vivía en el charco verde y ahora lo tenía frente a frente. “¿Qué trato?” le preguntó con voz fuerte, “Tu alma por la fortuna que has estado buscando” le respondió quedito Chico Largo.

“¿Y si no quiero?” preguntó Don José, “Entonces no encontrarás el camino de regreso y jamás volverás a ver a tu familia” respondió Chico Largo amenazante y al acabar de hablar se hizo grande como la noche y su oscuridad se convirtió en una densa niebla que cubrió toda la laguna.

Don José dio dos pasos para atrás y espero a ver si Chico Largo volvía a hablar pero sólo se escuchaba el silencio, ni los grillos sonaban. Al final el cansancio lo venció y se acostó pensando que todo aquello se lo había imaginado.

Cuando se levantó estaba asustado de que la noche siguiese cerrada, Don José se dijo a sí mismo que debían ser los nervios por la pesadilla con el espanto y se volvió a acostar; así le pasó dos veces más hasta que el hambre en su estómago lo convenció que debían ser pasadas las nueve de la mañana, “Esto está mal” dijo en voz baja y empezó a caminar por donde había llegado.

Dicen que caminó varios días en la oscuridad y siempre regresaba al mismo lugar, a veces le parecía escuchar voces de gente pero nunca encontraba a nadie, sólo la noche oscura y el charco verde. Ya muerto de hambre cayó a la orilla de la laguna y se puso a llamar a Chico Largo. La sombra volvió a formarse de la oscuridad y apareció a la orilla de la laguna, “Haré el trato” le dijo Don José casi sin fuerzas.

Y así dicen que pasó: Chico Largo hizo aparecer del fondo de la tierra el tesoro oculto del Cacique Nicarao y las joyas alumbraron la noche como una docena de candiles. Don José le prometió al espanto que después de siete años, su alma volvería a aquel lugar.

Don José compró dos mulas en la isla con algunas de las joyas más sencillas y ahí comenzó la leyenda de su riqueza que hasta los cerros del Norte llegó. Cuentan que al regreso los ladrones no se atrevieron a asaltarlo porque ya se rumoraba que había hecho tratos con el Diablo.

Y así llegó a su pueblo Don José Castellón, con el tesoro de Nicarao al lomo de las mulas, con un peso en el corazón pero contento de poder darle una mejor vida a su familia.