viernes, 7 de junio de 2013

DESCASARSE


Recogió las lágrimas que había llorado por su muerte; lo sacó del féretro y le sacudió la naftalina. Lo tomó de la mano para regresarle los últimos treinta años de rutinas y aburrimiento. Le devolvió las frases hirientes y los actos humillantes a cambio de todos los cuidos y comidas que le había preparado con esmero. Tomó los vestidos y regalos de todos los aniversarios y se los dio junto con las rosas marchitas del jardín. A los tres hijos los empequeñeció hasta lograr meterlos otra vez en el fondo de su vientre, mientras quitaba de las paredes los arreglos primorosos de una vida dedicada al hogar. Se limpió las cicatrices de los golpes y vomitó las amarguras de incontables noches de esperarlo cuando salía de juerga con otras mujeres. Entonces, lo arrastró a la Iglesia, invitó de nuevo a todos los amigos y familiares y ante la pregunta del sacerdote respondió con voz bien alta: NO quiero.

Alberto Sánchez Argüello
Managua Nicaragua

Imagen; internet