lunes, 5 de abril de 2010

Mar de sirenas


Cleveland entró al agua con unos cuantos aparejos, y un snorkel usado por quien sabe cuantos buzos antes que él, armado con su fe en recoger mas “buitre marino”, esta era su décima inmersión en este día de cuaresma, ya había superado el número permitido pero ni a él ni a la empresa les importaba, a ellos porque el solo era otro miskito mas en medio de las filas interminables de desempleados de Bilwi, a él porque sus cinco hijos le esperaban con hambre desde las siete de la mañana.

El agua la sintió helada, ya casi no quedaban rayos de sol para calentar el gran manto verde que lo acogía en su seno. Con la piel agrietada de tanta sal, ya no sentía la diferencia entre estar dentro y fuera del Atlántico.

Mientras se sumergía, dejó su mente volver a su infancia en Puerto Lempira, en Honduras, ahí donde su familia había emigrado por tanta guerra entre los "españoles". Recordó ser chineado por su tío Andrés y sus primas corriendo alrededor de él, cuando apenas comenzaba su destete y ya le habían llevado al bautizo en el mar, las olas empujándolo y el aterrado, sujeto al torso de su tío. Todos debían moverse como peces en el agua desde pequeños y el no debía ser la excepción, aquella ocasión había tragado tanta agua salada que sus gritos se escucharon hasta Choluteca, pero el cariño e insistencia de su familia le había devuelto las ganas de volver a entrar y tanto había aprendido aquella lección que al volver a Nicaragua en el 92, se había convertido en uno de los buzos mas habilidosos de la región autónoma sur de Nicaragua, solo superado por su abuelo en sus años mozos cuando él suplía sin ayuda las necesidades de una de las primeras empresas pesqueras locales, antes que la pesca comercial se abriera en el territorio.

El buceo de langosta era uno de los pocos trabajos que había en aquella época para los miskitos que volvieron de Honduras. Para Cleveland aquello había sido una oportunidad para demostrar su capacidad y ganar dinero en medio de las mínimas condiciones de seguridad.

Pero aquellos años de gloria se habían ido desvaneciendo como las botellas luidas por la arena, era el efecto de la ron plata y el caballito que noche a noche y día a día habían masticado su cuerpo y su dignidad de miskito; el pequeño negocio de souvenirs que había edificado junto a su esposa se lo había llevado el huracán Félix y ahora estaba de nuevo donde había comenzado: empeñando su vida en el mar por un puñado de monedas de las empresas pesqueras.

Cleveland bajó al territorio del “Buitre”, a 130 pies de profundidad, pero era muy tarde, ya habían atrapado a todos los habitantes de aquel fondo. Alcanzó a usar las ultimas onzas del tanque de oxigeno en recolectar algunos corales y confiado como siempre en sus pulmones se lanzó a un ascenso desesperado con el tanque vacío.

Concentrado en la tenue luz de la superficie, no distinguió la sombra que se le fué acercando desde debajo de las profundidades. Su corazón latía con fuerza y sentía el palpitar en sus sienes con un ritmo que poco a poco lo iba induciendo en un trance suave, con un mareo que lo hacía van volearse en el ascenso, finalmente se percató de la figura larga y escuálida que se hacia cada vez mas familiar, sintió que el aire se atoraba en su pecho y sus brazos y piernas se agarrotaba con un terror como jamás había sentido. En medio del silencio eterno de las profundidades marinas se había encontrado con la sirena, la Liwa Mairin y ella solo tenias ojos para el; mujer bella de cabellos largos, mitad mujer, mitad pez; la mirada era gélida y a través de ella podía ver a incontables generaciones de hombres como él, congelados en encuentros similares a aquel; suavemente vio las sombras cubrirlo y sintió el abrazo mortal, sobre sus espaldas, sobre su cuello, sobre su rostro, todo su ser se estremeció, como si miles de espinas de metal atravesaran sus extremidades, luego no miró nada mas, perdió el conocimiento.
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- ¿Y este hombre? ¿Por qué está aquí Doctor? ¿Síndrome de descompresión?

- Si…El es Cleveland, el mejor buzo que hemos tenido.. Ya son más de cuatrocientos y las empresas no quieren pagarles nada...

- ¿Vamos a poder hacer algo por él?

- Ya lo metimos a la cámara hiperbárica, tiene el cuerpo destrozado, la última inmersión lo jodió, al menos logramos que mueva los brazos… el dice que fue la sirena, como todos…

- ¿Podrá caminar?

- No, sus piernas se las llevó el mar, el solo se quedó con los huesos y los músculos… nada más.


Alberto Sánchez Arguello
5 abril 2010

Imagen: Cuadro de pintor nicaraguense Augusto Silva

NOTA: En la Región Autónoma del Atlántico Norte existen más de 800 buzos lisiados, afectados por el síndrome de descompresión. De ellos, muy pocos han recibido alguna ayuda o indemnización por los daños sufridos durante sus labores, y los muertos superan los 200 desde 1990. Evenor Saballos, presidente del Sindicato de Buzos y Marinos de la Región Autónoma del Atlántico Norte, manifestó que la escasez de la langosta en el Caribe hace que los buzos tengan que ir a mayores profundidades, lo que significa que cada vez están más expuestos a sufrir un accidente por descompresión. Otro aspecto que ha contribuido con los accidentes, es que una gran parte de los trabajadores del mar desconocen de técnicas mínimas de buceo, debido a que todos han aprendido a hacerlo de forma empírica. Debido a esta debilidad, muchos de estos valientes hombres corren el riesgo de no poder medir la profundidad y la cantidad de oxígeno en sus tanques, por lo que muchas veces, cuando se encuentran pescando a más de 100 pies de profundidad se les termina el oxígeno, y salen demasiado rápido, sin tomar en consideración las normas básicas de buceo. Muchos buzos miskitos llaman a la descompresión la enfermedad de la “Liwa Mairin”, que traducido al español es sirena. Muchos creen que el buzo o marino que muere en el mar o se enferma y luego muere en tierra, la sirena se lo lleva. Evenor Saballos, en su calidad de presidente del Sindicato de Buzos, señaló que muchos de ellos han dicho haber visto a una mujer muy linda de pelo largo, y de la cintura para abajo en forma de pez, y luego cuando éstos salen del agua se han enfermado. Esta creencia muy enraizada en el pueblo miskito ha hecho que muchos familiares de los afectados, en vez de llevar a sus enfermos descompresionados al médico o a un hospital, los lleven a sus comunidades, donde comienzan a tratarlos con medicina tradicional y hierbas, que al final no sanan al enfermo. El Nuevo Diario Nicaragua 21 Marzo 2005