martes, 19 de octubre de 2010

BORGES EN LA MEMORIA


El sopor de la noche sofocaba el masivo cuerpo de Germán, las sabanas impregnadas de su sudor se pegaban y despegaban a su espalda, marcando un ritmo cuyo único testigo era el silencio de la noche.

Como siempre un valiente abanico, procedente del mercado oriental, tenía la imposible tarea de airear aquel cuarto, que casi parecía de dos por dos por las montañas de libros que flanqueaban la mesa de noche y la cama que con dificultad contenía a su único habitante.

Ya asentada la Luna en su cenit, un súbito peso en el colchón viejo puso en alerta al durmiente, que se alzó con la piel erizada ante la sensación inequívoca de que alguien le observaba. Con la cabeza llena de mareos y una dolorosa pesadez, pensó en su primo, su ex y hasta en algún amigo bromista, pero no había olores característicos ni sonidos acusadores.

-Vos no sos Borges- dijo una voz quebrada que sonaba a pesadilla.

Germán, enfocando sus ojos miopes en la oscuridad, logró con dificultad determinar la figura barbada de un hombre sentado en el borde de la cama, totalmente desnudo, con manchas negras en todo su cuerpo. Un escalofrío involuntario le recorrió su ancha espalda y se irguió lo más que pudo en la cama, mientras se quitaba lentamente la sabana.

-No… soyborges, que no es lo mismo- respondió mientras ganaba tiempo para evaluar la situación, midiendo riesgos e intenciones de la visita inesperada.

-Eso no lo entiendo, pero sé que no sos él, mala vista tenés, pero ciego no sos y tu cara es demasiado grande, todo vos lo sos- insistió aquella figura, con un tono que confesaba pesadumbre y un cansancio de tono amargo.

Germán, aún sin comprender mucho lo que pasaba, acercó su mano al hombre y una bruma fría y húmeda fue lo único que logró sentir. Revolvió entonces en su mente nuevas explicaciones, entre las que se hallaban desde alucinaciones hasta la más absurda posibilidad de que aquello fuera un fantasma.

-A veces uso ese seudónimo en honor al maestro, pero vos quien sos y ¿porqué lo buscás?- le dijo Germán con tacto, buscando descubrir en la respuesta un indicador fidedigno de si estaba dialogando con un espejo de su mente o si aquella era realmente una presencia sobrenatural.

-Me llamaban Juan Alverico Romeo Junco, nací y viví en Palermo, Buenos aires, por la avenida Santa Fe, cerca de la 21315, la casa de Jorge Luís; ahí viví mi niñez y adolescencia alimentándome de toda lectura de Borges que caía en mis manos, viviendo y sintiendo los cuentos como si fuera otra vida, otro sentimiento que emanaba del viejo cabalista; él me inspiró, como a muchos otros a escribir, lo mío fue el periodismo político y logré entrar al Clarín, a pesar de la cobardía de sus editores. Desde esa tribuna todos los días reporte críticamente el segundo advenimiento del peronismo y el caos absoluto que le siguió. Yo era también un personaje en un mundo fantástico, hasta que los militares me arrojaron a la realidad, me sacaron de mi casa y me llevaron a la calle Blas Parera, a la mansión Seré, donde estuve hasta que mi cuerpo dejó de responder… estando ahí mi único solaz era soñar despierto con el libro de arena y el infinito del Aleph, hasta que un día me enteré que Borges, nuestro maestro querido, se abrazó con el General Videla y apoyó explícitamente el golpe…- En aquel punto el hombre se detuvo como si las palabras se le hubiesen atorado en la garganta y se levantó, mostrando ante los destellos de las luces externas que las manchas eran de sangre seca.

Para Germán aquella pausa era más que bienvenida, ya que él mismo era un revoltijo de emociones. Fluctuaba entre el asombro ante la ficción nocturna del ánima de un desaparecido extraviada en tres mil setecientas millas y más de tres décadas; y la casualidad más extraña de que él fuese confundido con Borges, que bajo aquellas circunstancias era una mezcla de orgullo y vergüenza.

Germán tuvo tiempo de recordar una de las citas más infames de la historia Argentina "Pero el gobierno no es tan malo, Videla es un militar bien intencionado. No será muy brillante, pero al menos es un caballero" Así habló Borges y Germán siempre le había excusado, en gran parte por el peso de sus obras.

Sin mayor aviso Juan volvió a hablar, esta vez con una voz más alta, moviendo sus manos con urgencia, como quien quiere convencerte de algo importante -Aquello me dolió más que las torturas, que los vejámenes, eso si quebró mi voluntad y mientras moría, el último pensamiento que llenó mi mente fue buscar a Borges, preguntarle porque lo hizo, que si no supo de nosotros, obligarlo a contemplar la muerte y el dolor que dejó ser, forzarle a no olvidar-

A Germán se le paró la respiración, por un momento dejó la defensa mental de Borges y sintió el peso de los desaparecidos en su corazón, aquel muerto le pareció menos extraño al traer desde su recuerdo a los que nunca conoció: sus padres asesinados por la Guardia Nacional, mientras luchaban en distintos momentos de la revolución en Nicaragua.

-Borges ya murió- alcanzó a decir con un hilo de voz y el hombre aquel se volvió por momentos tenue, como el humillo de una vela al apagarse, y su voz surgió apenas audible –Noooo, nooo, no sé ni donde estoy, ya nada puedo hacer, nunca sabrá de nosotros- dijo con una profunda tristeza.

Germán también afectado por la situación y totalmente despojado del raciocinio necesario parta intentar diferenciar realidad de sueño, trató de dar consuelo a Juan.
-Pero el maestro si supo, se arrepintió y fue el primero en firmar para que el régimen dimitiera- le dijo rápidamente moviéndose en pos del hombre.

Un pesado silencio llenó el espacio, Germán de pie, entrecerrando sus ojos para captar las tenues señales de la figura de Juan, y el fantasma en respuesta mostrando ligeros temblores en una silueta echa de bruma transparente.

-¿Qué propósito me queda ahora? Si he muerto mil veces en el olvido y trajiné los vacíos de la memoria, buscando llenar este hueco que daba sentido a la bruma que soy ahora, ¿qué hago con estos pasos recorridos entre palabras, susurros y distancias que sonaban a Borges ahora que ha muerto?

Germán, conocedor de la fuerza de una idea fija, pero sin mucha seguridad para abordar a un fantasma obseso trató de esbozar una solución –Escribamos tu historia, edifiquemos la memoria del olvido en tu nombre y de los que aún deambulan por el vacío- le dijo con los brazos abiertos.

Juan poco a poco se volvió más consistente y entre enfoque y desenfoque de los ojos de Germán, se fue formando lentamente una sonrisa entre la bruma.

Desde entonces, todas las noches a las doce, entre ciclos lunares y los sopores nocturnos de Managua, Germán escribe la memoria de Juan bajo el dictado paciente de una voz que solo él escucha, apenas unos párrafos, redimiendo a Borges; Dando vida al propósito, dando vida a todos los desaparecidos, a los propios, a los ajenos, a los que fueron y a los que serán.

Alberto Sánchez Arguello
Managua Nicaragua 15 Octubre 2010