martes, 22 de abril de 2014

LA OTRA CIUDAD


Detrás de los espejos de esta ciudad,  existe su gemela, donde la tierra no cesa de moverse. Ahí las casas están hechas de tela, el vidrio no existe y los bebes se arrullan solos en sus cunas. Sus habitantes usan energía sísmica -limpia y permanente- para alimentar sus artefactos voladores, las calderas de sus casas y las radios que ponen el fondo musical de los temblores de la ciudad.

La única sombra que opaca tanta felicidad es la idea de que un día regrese el horror; un episodio de silencio mortal en el que los abuelos y las abuelas se sintieron huérfanos en el mundo, como peces ahogados en un estanque roto.

Existe el temor de que la ciudad se vuelva a detener, que paren los vaivenes, que el suelo deje de mecerse, todos temen a la gran quietud.


Alberto Sánchez Argüello
Managua 22 Abril 2014