lunes, 4 de agosto de 2014

TODAS LAS FORMAS DEL UNIVERSO



A  Borges -como siempre-

En el comedor mi madre me dice que pruebe el aguacate, que ningún bien haré si muero de hambre. Opto por no hacerle caso y miro por la ventana como las nubes escapan hacia el horizonte.

Han pasado cinco días desde la gira al salto de Santa Emilia. Miguel y Josué se fueron todo el camino de bajada saltando como monos en calzoncillos, por más que los callaba no hacían caso, se calmaron hasta que sus cuerpos pálidos sintieron lo helado de la pequeña laguna; casi al unísono pegaron unos chillidos que asustaron a los pájaros de las ceibas que custodian el lugar

Yo me fui por los senderos de una cueva, sintiendo en mis pies las diferentes texturas del barro, hasta que alcancé el costado de la caída de agua. Nunca me atreví a mirar directamente la cascada, mi abuelita chepita siempre decía que era cosa de duendes, que era mejor evitarla. Pero mi primo Miguel venía de Managua, él nunca había visto estas cosas. Desde arriba lo divisé cuando finalmente logró llegar al pie del salto, botó la mochila y se quedó quieto mirando aquello. 

Seguí un rato explorando aquella inmensa bóveda de piedra, hasta que me aburrí. Cuando bajé él seguía en el mismo lugar. Le hablé sin tener respuesta, le toqué el hombro y no se movió. Finalmente me coloqué frente a él y miré sus ojos. Al comienzo no vi nada, sólo el color café miel con reflejos del sol de las dos de la tarde, pero poco a poco me fui metiendo en su mirada hasta dar con un fulgor de luz, la cascada estaba ahí, cayendo para siempre en una danza de luz que formaba todos los animales e insectos que alguna vez conocí, y luego todos los objetos de mi casa, mi pueblo con sus parques e iglesias, todo naciendo y muriendo en segundos que nunca terminaban.

Al final mis amigos tiraron de mi mochila y me di cuenta que el sol ya se estaba poniendo. Tardé algunas horas en recuperar el movimiento, pero Miguel permaneció como una estatua, apenas con un leve rastro de respiración. Los doctores que lo han visto hablan de un coma y su familia está buscando como llevárselo a la Habana.

No creo que los doctores cubanos puedan hacer nada por él. Yo regresaré al salto para ver con mis propios ojos la cascada, cada día aflojo un poco mas las cuerdas que usó mi madre para atarme a la cama, ya pronto, pronto. 


Alberto Sánchez Argüello Managua Agosto 2014

Foto: Simone Montiel