A Solange Rodríguez Pappe y su hilo rojo...
Una mañana encontré el hilo que une al mundo. Estaba encima de una cama como si fuera cualquier otro hilo. Lo tomé y empecé a jalarlo despacio hacia mí.
Fui
viendo cómo se deshacían largas montañas cubiertas de bosques de abedules, lagos
cristalinos como espejos, aves que alzaban el vuelo y junto con ellas las nubes
y el sol. Luego seguí con las casas de madera y las personas que caminaban
junto a sus perros en una pradera de flores.
Cuando
el mundo se terminó de deshilar entró mi abuela al cuarto. Miró tranquila lo
que había hecho con su bordado y me alzó con dulzura para sentarme en la larga
mecedora del abuelo. Luego tomó su colcha y volvió lentamente a hilar.
Alberto
Sánchez Argüello
Managua
Septiembre 2014
Imagen: internet


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