jueves, 20 de agosto de 2009

Estampas Familiares: Mi Tío Benjamín


La primera evidencia de su existencia en mi vida es una de las fotos de mi estancia en Costa Rica, un viaje de impulso de los Argüello a inicios de los ochenta, a alguien se le ocurrió visitar al menor de los Argüello, David, que por aquel entonces estaba intentando sacar un bachillerato por madurez en aquel país, aunque lo único que aprendió fue a fumar porros y bacanalear a lo grande, y así de pronto se subieron al Alfa Romeo de mi papá junto con sus niños y yo acabé posando encima de un caballo con Benjamín sosteniendo las riendas, un símbolo más que adecuado..

Mi tío siempre fue un personaje notorio para mí, las historias de mi mamá sobre su infancia siempre lo resaltaban como el rebelde sin causa o el más violento de los Argüello, él era el tipo que siempre acababa peleando al acabar una fiesta, enfrentándose a grupos enteros sin sensatez ni temor, el de las botellas quebradas en la cabeza y por supuesto, el más famoso por molestarse en un semáforo al ser visto por otro chofer, al punto de bajarse de su vehículo para ofrecer golpes al son de: “¿Qué te pasa?¿te pica el culo hijueputa?”

Yo pensaba en ese tipo de violencia de manera romántica y me consideraba incapacitado para ella hasta el día en que un taxista no me dejó salir de un aparcadero en un centro comercial y luego de varias miradas desde el retrovisor y pedirle que se moviera, acabé bajándome con una barra metálica en mano, en mi mente el frío pensamiento de romperle el vidrio delantero y la cabeza si se atravesaba, mi madre histérica que me acompañaba me detuvo, yo me sorprendí y pensé en Benjamín...

Cuando me pidieron escribir mi primera historia en la clase de español en secundaria, fue sobre él que escribí, honrando sus aventuras en el Servicio Militar durante los enfrentamientos de los ochenta. Mi tío había estado dos veces en servicio y en su primera vez le había tocado estar en zonas de combate donde de la nada le impactó una granada de doble espoleta en la espalda con la suerte de que sólo le habían quitado una espoleta...

Benjamín fue el primer hijo varón que sobrevivió su infancia de mi abuelo Francisco Benjamín Argüello Argüello, los otros tres anteriores de un primer matrimonio y el primero antes con mi abuela Maruca, todos llamados Francisco Benjamín, murieron al poco tiempo de nacer, aquel nombre bíblico se había convertido en una especie de maldición que mi abuela igual decidió plantar en mi tío a pesar de la oposición de mi abuelo. Mi tío antes de los veinte ya era papá de Giovanni, producto de un matrimonio entre dos adolescentes, un primo que también heredó la violencia de su papá, al punto de vivir muchos pleitos sangrientos hasta que pudo dar rienda suelta a su sed agresiva en el Distrito 2 como oficial de la Policía Nacional.

Mientras la mamá de Geovanni estudiaba Psicología, mi tío se volvió economista estudiando de noche en el RUCFA de la UNAN y trabajó un buen tiempo para la empresa estatal que controlaba en aquella época la producción de telas, vestidos y el calzado del país.

Finalmente las capacidades técnicas y buena estrella levantaron demasiados celos a lo interno de la institución y fue despedido, no se pudo reponer, dejó a la madre de su hijo, se puso una boina y empezó a jalar con una chavala diez años menor que él, escribía poemas y mantenía su afición por coleccionar armas, oscuro hábito que había adquirido después de su servicio militar.

Yo era un niño aún cuando nos avisaron que se había suicidado, estábamos en la playa del Tránsito, en nuestra tradicional gira al mar de semana santa, mi tío David llegó desde Managua con la noticia. Para mamá la tragedia fue la muerte de su hermano, para mí fue vivir por primera vez una crisis bipolar de mamá.

De la vela tengo el vivo recuerdo de mi primo volviendo de la estación policial donde estaba cumpliendo el servicio militar, todavía en uniforme, recibiendo ahí mismo, entre flores y café, la noticia de la muerte de su padre, y claro el dolor y llanto de mamá, y la historia terrible de cómo anduvieron a mi tío de hospital en hospital sin que nadie asumiera la traqueotomía que podría haberlo salvado de morir ahogado en la sangre que manaba del disparo que él mismo se había dado, aunque no faltaba en la familia quien pensase que en realidad la bala había venido de la propia mamá de Geovanni... lo que todos sabíamos a ciencia cierta es que había muerto a los treinta y tres años, exactamente.

Luego yo cumplí treinta, a los veinte y nueve voltee una camioneta de donde trabajaba en aquel momento por la carretera de Jinotega, poco después de los treinta di una vuelta de barril con la antigua camioneta de mamá, me divorcié y me enfrente dos veces con grupos de tres hombres armados que me querían asaltar, en la primera vez salí ileso a pesar de que les gritaba que me “cuetieran”, pero la segunda vez fue en un taxi y esa vez me golpearon mucho...

Ahora vuelvo a ver esa vieja foto de mi tío sosteniendo las riendas del caballo en que estoy montado..¿puede un alma vivir en otra?... a veces me río como Benjamín y me pongo la gorra de miliciano que usó en la montaña, pero no soy él, he decidido honrar su destino y vivir el mío... en paz.

Alberto Sánchez Argüello Noviembre 2006