martes, 18 de agosto de 2009

Retrato del Consumidor


El consumidor no nace consumidor, se hace consumidor…

El primer maestro del consumidor es el televisor, un aparato cúbico, cada día más plano, invento del siglo XXI, el mejor comunicador del planeta.

El niño consumidor consume comerciales y programación local y de cable. Las imágenes de la pantalla que impactan su cerebro son más veloces que su capacidad de criterio y análisis, el mensaje que queda tallado en sus sinapsis es claro: compra, compra, compra.

El niño consumidor mira televisión para pasar el tiempo, para disfrutar el tiempo, para matar el tiempo.

Mira televisión mientras está solo o acompañado, construye su identidad a través de los “Power Rangers” y las “Power Puff Girls”. El televisor le dice al niño consumidor como ser hombre, el televisor le dice a la niña consumidora como ser mujer.

Los niños consumidores juegan lo que la televisión les enseña a jugar, reconstruyen la programación en sus juegos, hablan como sus héroes animados extranjeros.

El niño consumidor calma su ansiedad con la televisión, la ansiedad del zoológico urbano, su ansiedad por la ausencia paternal, de pobreza de caricias, de exceso de violencia, de abuso, de falta de entendimiento.

El niño consumidor un día se vuelve el adolescente consumidor. Pasa de consumir imágenes y juguetes a consumir ropa, maquillaje, marcas e iconos de la moda y de la música.

El televisor sigue acompañandolo, crece con él. Le ofrece nuevos programas adecuados para su edad… Ahora consume novelas para proyectar sus relaciones y soñar a través de personajes ficticios e historias de supermercado; consume videos musicales y noticias de sus héroes y heroínas juveniles, del mundo de las imágenes.

El mundo visto desde el consumo no es más que una serie de imágenes que se pueden vender y comprar, la pantalla del televisor las hace ver tan cerca que parece que cualquiera las pudiera tomar, sin mucha dificultad, sin mayores consecuencias…

El niño-adolescente consumidor compra (o le compran) sin darse cuenta de la larga cadena de abusos y explotación que produce lo comprado. Sus compras no tienen historia, no tienen pasado, solo el futuro de uso, que cada día es más corto, por la calidad y vida útil que baja y la moda que exigue tener siempre lo último y nunca lo primero, garantía de que el eterno cíclo de la compra siga sin parar..

El consumidor alcanza la mayoría de edad, no por madurez y cronología, sino por sus capacidad de compra y viablidad económica. Es joven cuando logra su primer salario y se vuelve adulto con su primera deuda por crédito.

El consumidor, si es hombre, compra rápido y sin pensar mucho, busca lo barato, proriza sus placeres.

El consumidor, si es mujer, compra lento, escogiendo, seleccionando, busca la calidad y muchas veces prioriza a los demás…

El consumidor adolescente, hijo de padres ricos, busca el exceso, lo exclusivo, lo que le reafirma a él y al resto de que es especial, la última moda, lo más caro, lo que lo diferencia…

El consumidor adolescente, hijo de padres pobres, busca la marca de imitación, lo pirateado, mientras ahorra para comprar la marca original. Desde pequeño el televisor le dijo que tener éxito es poder comprar, mientras más compra más éxito, mientras más éxito mas compra; esta idea lo lleva al uso del crédito, de ahí rápidamente a la deuda impagable, que lo llevan a buscar más crédito para no dejar de comprar, y así continua la paradoja mortal de la búsqueda del éxito a través de la compra que mantiene la riqueza en los bancos y la pobreza en las masas obreras que sueña con salir de la deuda y ganar más para comprar más, y más, y más…

El consumidor siempre está comprando, la cantidad de cosas que compre le garantizan incrementar su valor e importancia como persona en el mundo de las imágenes, la ecuación es simple: más compra más valor como persona, menos compra menos valor como persona.

El consumidor compra servicios, de cocina, de limpieza, de lavandería, de transporte, compra bienes materiales e inmateriales, comprar honor y status, hasta puede comprar sexo e indulgencias por igual, porque en e mundo de las imágenes los prostíbulos y las Iglesias aceptan Visa y Master Card.

El sueño del consumidor es poder comprarlo todo, todo el tiempo y en cualquier lugar; como los príncipes herederos, los ídolos del rock o los presidentes nacionales retirados. En el mundo de las imágenes, hacer las cosas uno mismo es de miserables, tener dinero para que otro lo haga es de gente exitosa, ese es el lema del consumidor.

El consumidor se relaja ante las vitrinas de los centros comerciales…

El consumidor rico se reúne en el centro comercial con la gente de su clan, ahí celebran su superioridad, lejos de los consumidores inferiores.

El consumidor pobre también va a los centros comerciales, a veces va de paseo con su familia, consumen lo mínimo y se alegran un rato al sentirse alguien en el mundo de las imágenes..

El niño pobre, que no tiene nada, entra al mismo centro comercial, para pedir, para robar, para ver y sentirse alguien al ser visto también.. lo sacan rápido de ahí los hombres que guardan las puertas del templo del consumo, por no ser un consumidor real, porque es un desecho que no es estéticamente compatible con el resto de imágenes que se venden y compran…

El consumidor ve al niño que sacan a la fuerza a la hora del almuerzo y se queja de los hombres que lo sacaron por su crueldad, se queja de los padres del niño que lo dejan y hasta lo fuerzan a pedir, se queja de la sociedad que hace que ese niño sea pobre… y luego sigue consumiendo y las sobras de la comida del centro comercial las tira a la basura… basura que luego comerán los que no tienen para consumir…

El consumidor se hace consumidor, no nace consumidor…

Alberto Sánchez Arguello
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Para ver como presentacion power point ilustrada:http://www.scribd.com/doc/18789948/Retrato-del-Consumidor-Alberto-Sanchez-Arguello