domingo, 17 de agosto de 2014

YO TAMBIÉN AMÉ A ÉDITH PIAF


Yo fui uno de los beneficiados por la epidemia del Alzheimer del tipo Chamaeleonidae. Para esa época estaba muy de moda el karaoke y yo llevaba a mi abuela los viernes a un barcito muy bonito que teníamos en el barrio.

Ella siempre se quedaba quieta como si fuese otro mueble del lugar. Yo estaba acostumbrado a esos episodios catatónicos, normalmente los aprovechaba para ponerla al sol y usarla de perchero para las camisetas mojadas. Un día -mientras me lanzaba una buena ranchera junto con mis amigos de la cuadra- ella se levantó como movida por un rayo y cantó “Non, je ne regrette rien” como si Édith Piaf hubiese reencarnado.

Obviamente la banda de incultos presentes la mandó a callar, pero yo supe que me encontraba ante una oportunidad de oro. En pocos días la tenía cantando en las principales radioemisoras de la ciudad y recibimos atención de medios nacionales y extranjeros. Con el tiempo nos invitaron a varios Talk show y programas de variedades. En el momento cumbre de aquel año, el señor embajador francés me dio una condecoración por mi aporte a la promoción de la cultura francófona y mi abuela cantó su “no me arrepiento de nada” ante miles de personas en la apertura del mundial de footbal en Madagascar.

Después todo fue cuesta abajo. La canción había saturado a la gente. En redes sociales se generó un movimiento “Anti Piaf” y tuvimos que mudarnos de casa para evitar las cartas anónimas amenazantes.

Finalmente me llevé a mi abuela a uno de esos “Canjeamos su vejestorio” y me conseguí una octogenaria que bailaba el tap como Ginger Rogers. Monté un acto sabatino que me duró un par de años, hasta que la vieja se murió de un infarto en pleno baile .

Mi abuela terminó viviendo con una familia de músicos que logró sacarle otras canciones del repertorio de la parisina y consiguieron volver a ponerla en la radio y la televisión.

Ahora todos aman a Édith Piaf, otra vez.

Yo me he dedicado a estudiar un poco de química, lo necesario para preparar una bomba que pueda llevar al próximo concierto de mi abuela.

Alberto Sánchez Argüello
Managua Agosto 2014


Foto: internet