lunes, 3 de noviembre de 2014

BAJO LA CAMA


Al inicio era una sensación helada que me recorría la espalda por las madrugadas. Luego llegó un momento en que estaba seguro de que había algo bajo la cama, pero no me daba la garganta para gritar. Me quedaba quieto, agudizando mis sentidos, calculando los pasos desde mi cuarto hasta el de mis padres.

Con el tiempo aprendí a distinguir entre los murmullos de la noche, unas garras aruñando desde abajo y una especie de sonidos guturales que parecían palabras.

Un día decidí armarme con un foco y enfrentarlos. Ellos me estaban esperando con té caliente y rosquillas -era increíble la forma en que habían aprovechado el espacio ahí abajo- Reímos con sus historias de pies y calcetines y me dieron excelentes consejos para mejorar en matemáticas y español.

Con el pasar de los años nos hicimos amigos y hasta me ofrecí a ayudarles con sus planes de conquista planetaria. Pero ellos se toman todo con calma, por ahora sólo quieren avanzar una cama a la vez.

Alberto Sánchez Argüello

Managua Octubre 2014
Imagen: internet