Una virgen debe ser solidaria, temerosa de Dios. Ahí tiene a Chimalma la abnegada madre de Quetzalcóatl, o a Semíramis que vengó el asesinato de Nimrod engendrando sola a Tammuz, al igual que Isis vengó a Osiris engendrando a Horus. Y por supuesto, María y su complaciente esposo José.
Pero
ya ve a esta Mariela, chavala de barrio, trabajadora de maquila, negándole la
entrada al ángel de la segunda anunciación, denunciando a Dios ante los juzgados
por acoso sexual. Un escándalo televisado y una vergüenza nacional para
nosotras las creyentes.
Ahora
el cristo nacerá en quien sabe qué país de pacotilla y perderemos la gloria
merecida de ser la nueva casa del señor. Todo por una virgen egoísta, atea y
feminista.
Alberto
Sánchez Argüello
Managua
Noviembre 2014


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