sábado, 22 de noviembre de 2014

LA VIDA EN LOS TIEMPOS DEL AGUINALDO


Saqué mi aguinaldo del cajero automático de la gasolinera. Con el dinero bien guardado, me tomé uno de esos líquidos negros industriales que te venden como café, mientras sacaba cuentas de todos los regalos que iba a repartir en casa. Ya listo para salir me fijé en un sujeto que no paraba de verme. 

Salí lo más rápido que pude, justo cuando comenzaba a caer un aguacero que convirtió las calles en grandes canales acuáticos. El tipo venía tras de mí, dando grandes brazadas, yo intenté hacer la rana lo más rápido que pude pero mi condición física siempre ha sido lamentable. Ya con el hombre tocándome los talones un submarino emergió en una bocacalle y desde la escotilla me hicieron señas de entrar. Yo me lancé de cabeza en el agujero de metal que se cerró detrás de mí.

Adentro no tardé mucho en reconocer que estaba en el Nautilus. Recorrí largos pasillos hasta llegar a una gran cámara de cristal donde Nemo me esperaba con un té caliente. En silencio recorrimos un submundo marino de largos tiburones blancos, anguilas inmensas y ballenas. Luego pasamos a través de un laberinto de tuberías y aparecimos en un lavamanos que me pareció familiar.

Quise abrazar al capitán y agradecerle por su generosidad, pero él me apartó con amabilidad, tomó mi billetera, sacó el dinero y me indicó la salida.

Ya se ve que con esta crisis no se puede confiar en nadie.

Alberto Sánchez Argüello

Managua Noviembre 2014
Imagen: internet