martes, 4 de noviembre de 2014

EL JARDIN


Mildred llevaba meses insistiendo en pagar a alguien para cortar el monte del jardín. Yo le replicaba que esos tipos cobran por hacer nada, que yo podía hacerlo gratis. Claro que tenía que ser un día en que amanezca bien del reuma, no haga frío y la liga no esté jugando.

Hoy se juntaron esas condiciones, así que me fui machete en mano hacia la espesura densa de matas y flores. Tardé una hora en abrirme paso entre enredaderas y helechos híper desarrollados, hasta que llegué a un claro ocupado por un castillo de piedra.

Mientras me decidía entre darle la razón a mi esposa y tratar de podar semejante desastre, una horda de enanos salió del monte y empezaron a asediar la fortaleza con onagros y catapultas. Desde las almenas hombres en armaduras respondieron con ballestas. Uno de ellos me miró y empezó a gritar a todo pulmón algo sobre excalibur y el infierno se desencadenó.

A como pude salí corriendo del lugar, perseguido por arañas gigantes y dragones escupe fuego que salieron quien sabe de dónde y detrás de ellos, hombres y enanos entonando cánticos de guerra.

Cuando llegué al borde del jardín les lancé el machete y todos se abalanzaron sobre él, armando una masacre que me heló la sangre en las venas.

Ya en casa le dije a Mildred que mañana mismo contrataría un jardinero. Ella sonrió complacida y me dio una palmadita en el hombro.

Alberto Sánchez Argüello

Managua Noviembre 2014