Lejos de las cuadrillas de
paramédicos, las tropas especiales de la policía, los batallones diezmados de
militares, los edificios destruidos, la refinería en llamas, los miles de
cuerpos tirados en las calles y el gigantesco reptil que sigue destruyendo la
ciudad mientras escribe en las paredes un nombre dentro de corazones, Samanta observa el pandemónium con un par de binoculares. Al poco tiempo se aburre, maldice
su suerte y llama a un taxi que la lleve al aeropuerto. Mientras prepara sus maletas,
se consuela pensando que al menos aquel monstruo analfabeta nunca pudo escribir
bien su nombre.
Alberto Sánchez Argüello
Octubre 2017
Alberto Sánchez Argüello
Octubre 2017


No hay comentarios:
Publicar un comentario