miércoles, 4 de octubre de 2017

ZAMANTA



Lejos de las cuadrillas de paramédicos, las tropas especiales de la policía, los batallones diezmados de militares, los edificios destruidos, la refinería en llamas, los miles de cuerpos tirados en las calles y el gigantesco reptil que sigue destruyendo la ciudad mientras escribe en las paredes un nombre dentro de corazones, Samanta observa el pandemónium con un par de binoculares. Al poco tiempo se aburre, maldice su suerte y llama a un taxi que la lleve al aeropuerto. Mientras prepara sus maletas, se consuela pensando que al menos aquel monstruo analfabeta nunca pudo escribir bien su nombre.

Alberto Sánchez Argüello
Octubre 2017