La
cafetería estaba repleta de personas sin fineza ni cultura, todas hablando de
sus trabajos insípidos y estúpidas anécdotas cotidianas. Harto de su ruido pensé que era mejor seguir paseando la mascota de mi hija, así que puse
el diario en la mesa y pedí la cuenta.
Casualmente
me había encontrado en el periódico con un anuncio del lugar donde la compramos.
Es indignante que las ofrezcan como dinosaurios de bolsillo. Un año después de
que nos vendieron el huevo, no existe un bolsillo en el que esa bestia pueda
alcanzar.
En
la calle, el guarda me vio venir y zafó la correa de un poste para entregarme el
animal. No pude dejar de notar que al sujeto le faltaba el brazo izquierdo, así
que le pregunté que había pasado. Me dijo con tranquilidad que mi mascota se lo
había arrancado, pero que todo estaba bien, que siempre había usado más el
derecho.
Claro que le dejé una
buena propina, era lo mínimo que podía hacer después que tuvo la amabilidad de
limpiar su sangre de la piel del tiranosaurio.
Alberto
Sánchez Argüello
Managua
Octubre 2014
Imagen: internet


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