Para los normalistas de Iguala
Cuando
me desperté estaba oscuro y sentía un dolor fuerte que me recorría la cabeza. Miré alrededor y me topé con un ojo desnudo que me miraba trémulo bajo la luz
de la luna. Tardé un tiempo en darme cuenta que mis restos yacían entre los
cuerpos desmembrados de los compañeros de la marcha.
Le hice un gesto a los amigos que logré reconocer entre el mar de miembros, pero voltearon la mirada. Con dificultad me moví entre ellos y tomé lo que fui encontrando hasta hacerme un cuerpo de retazos.
Le hice un gesto a los amigos que logré reconocer entre el mar de miembros, pero voltearon la mirada. Con dificultad me moví entre ellos y tomé lo que fui encontrando hasta hacerme un cuerpo de retazos.
Después
de muchos intentos de superar la torpeza de mis nuevos pies, pude levantarme y
traté de convencer al resto de muchachos que me acompañaran. Les
dije que buscáramos la manera de llegar hasta nuestros
hogares, pero sólo escuché algún llanto bajito y nada más.
Así
que me fui renqueando de vuelta a casa, para abrazar a mi madre y decirle que
todo está bien, que no volveré a protestar, que lo mejor es callar.
Alberto Sánchez Argüello
Managua Octubre 2014
Imagen: internet


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