martes, 21 de octubre de 2014

EL SILENCIO DE LOS CUERPOS





Para los normalistas de Iguala

Cuando me desperté estaba oscuro y sentía un dolor fuerte que me recorría la cabeza. Miré alrededor y me topé con un ojo desnudo que me miraba trémulo bajo la luz de la luna. Tardé un tiempo en darme cuenta que mis restos yacían entre los cuerpos desmembrados de los compañeros de la marcha. 

Le hice un gesto a los amigos que logré reconocer entre el mar de miembros, pero voltearon la mirada. Con dificultad me moví entre ellos y tomé lo que fui encontrando hasta hacerme un cuerpo de retazos.

Después de muchos intentos de superar la torpeza de mis nuevos pies, pude levantarme y traté de convencer al resto de muchachos que me acompañaran. Les dije que buscáramos la manera de llegar hasta nuestros hogares, pero sólo escuché algún llanto bajito y nada más.

Así que me fui renqueando de vuelta a casa, para abrazar a mi madre y decirle que todo está bien, que no volveré a protestar, que lo mejor es callar.


Alberto Sánchez Argüello
Managua Octubre 2014

Imagen: internet