viernes, 31 de octubre de 2014

EL ESPANTAPÁJAROS



Recuerdo el camión lleno de rostros preocupados  y el intenso olor a calor humano que se metía en la nariz y llegaba al cerebro, dejándonos mareados, apenas con equilibrio para resistir el vaivén incesante del viaje por el desierto

Unas cuantas rendijas de luz entraban por las grietas de madera del tráiler. Muchos querían gritar que nos dieran agua pero el miedo era más fuerte que la sed. Luego un frenazo fuerte nos botó y unas ráfagas de balazos rompieron la tarde.

Escuchamos un griterío y nosotros guardamos silencio, sintiendo como se mezclaba el palpitar de nuestros corazones. Cuando quitaron el candado yo miraba turbio y desde muy lejos me llegó el llanto de los niños y las suplicas de las mujeres.

Se me vienen imágenes de camillas, hombres operando, la sensación de que me dejaban vacío y una mesa llena de órganos. Después estar otra vez en un camión, con mi cuerpo desinflado.

Me despertaron los cuervos que graznaban espantados al verme. Yo los ví volar en el cielo limpio que cubría el maizal en el que me encontraba. Traté de moverme pero estaba atado a una estaca.


Al inicio me desesperé, pero después de varios meses me resigné: estar relleno de paja cuidando estos cultivos es mejor que morir olvidado en la frontera.
Alberto Sánchez Argüello

Managua Octubre 2014

Imagen: internet