Ayer mi padre se fue a otro
viaje de negocios. Se despidió de mi madre con mucho cariño. Ella se quedó viendo como se iba y se metió a su
cuarto para que no la viésemos llorar.
Por la tarde, se maquilló toda y nos llevó a comer helados a la tienda de la esquina. Nos fuimos con nuestros conos de vainilla
al parque del barrio, ese donde hay un payaso que me mira desde un arbusto, y
otra vez me quedé congelado sin poder gritar para que mi hermana lo viera.
Al caer la noche, mi madre
atrancó bien la puerta del sótano para que mi abuela no pudiese subir. Luego nos hizo una sopa para cenar y nos acostó temprano.
Antes de la medianoche, me levanté para orinar. En la sala, mi madre estaba clavando alfileres a un pequeño muñeco. Ahora entiendo por qué mi
padre siempre la pasa con dolor de cuerpo en sus viajes.
Alberto Sánchez Argüello
Managua Nicaragua Noviembre
2015
#Wordvember DÍA 10

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