martes, 24 de noviembre de 2015

LOS GARCÍA -24 DE NOVIEMBRE



El grifo del baño está goteando. Escucho la gota caer cada cierto tiempo, pesada, haciendo un eco que recorre el departamento, como una pequeña explosión. Me gusta que el espacio se llene de su sonido. Me hace compañía. Prefiero concentrarme en ese goteo, en vez de los ruidos de los coches que van y vienen por la calle, como si la noche les diera permiso para ir más rápido.

Tengo hambre, pero no sé si vale la pena caminar hasta la refrigeradora, son cinco metros que mis huesos van a resentir. Toca decidir entre mi estómago y mis rodillas. Creo que van a ganar mis rodillas. A mí edad hay que saber cuáles son las batallas que vale la pena perder. De todos modos ya pronto amanecerá y me cocinaré un par de huevos revueltos con tomate. Es sólo otra jornada de insomnio para un viejo jubilado.

Mi nieto viene mañana. Otra vez intentará convencerme de mudarme a su casa en la ciudad vecina. Pero yo no quiero estorbar, su esposa es demasiado amistosa. Ellos no saben lo que es vivir con un viejo artrítico que empieza a olvidar ir al baño. Sé que insistirá con eso de que van a destruir la capital, y toda esa información confidencial que le pasaron en el ministerio. Algo sobre prevenir el apocalipsis y otras locuras que se inventa este gobierno.

No me importa si es verdad. Ya son demasiados años en estos departamentos, ¿qué harían estas paredes sin mis ronquidos ahogados? Además, yo sé que la señora García visita los departamentos cuando cree que nadie la mira. En las madrugadas entra con un hacha de metal y al día siguiente otro vecino desapareció. Es una buena forma de irse, sin molestar con velorios y funerales  caros y aburridos. Pienso en eso mientras escucho la gota caer. Puedo escuchar su recorrido en el aire, lento y preciso como una bomba de cristal y detrás, apenas perceptible, el sonido de la puerta abriéndose.

Alberto Sánchez Argüello

Managua Noviembre 2015

#Wordvember DÍA 24